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El alperujo en la alimentación de cabras lecheras

(Foto: Valentyn Volkov/shutterstock.com)

El alperujo está constituido por restos de pieles, huesos y pulpa de las aceitunas

Jueves 19 de marzo de 2015
El principal subproducto de la obtención del aceite de oliva, el alperujo, puede mejorar el perfil de ácidos grasos de la leche de cabra y reducir el coste de la ración. Los bloques multinutrientes podrían representar una vía para la inclusión del alperujo y otros subproductos locales en la dieta de rumiantes y, paralelamente, contribuir a reducir la cantidad de concentrado y, por tanto, de cereales.

Eduarda Molina Alcaide
Departamento de Fisiología y Bioquímica de la Nutrición Animal
Estación Experimental del Zaidín (CSIC)
Imágenes cedidas por la autora

La producción ganadera en las zonas áridas y semiáridas es limitada debido a la escasez de pastos y a los altos precios de los piensos, elaborados con grandes cantidades de cereales, cuyos precios han aumentado notablemente en la última década debido a la competencia con la alimentación humana, a su empleo para la producción de combustibles y a la especulación. El sector caprino de leche es de una gran relevancia económica, ambiental y sociológica en los países mediterráneos (Rancourt et al., 2006), en los que se incrementa la demanda de leche de cabra así como de quesos y yogures con características especiales (Haenlein, 2001). En este contexto, se requiere el desarrollo de estrategias alimentarias para el ganado que supongan una reducción de costes y estén basadas en materias primas locales, que adquieren una especial relevancia (Molina Alcaide et al., 2010). El alperujo es el principal subproducto de la extracción del aceite de oliva mediante el proceso denominado de “dos fases”. Su producción alcanza el 80 % del total de aceitunas procesadas y está constituido por restos de pieles, huesos y pulpa de las aceitunas, así como por una elevada cantidad de agua (Hermoso et al., 1995), lo que limita extraordinariamente su empleo directo en dietas para rumiantes. Los bloques multinutrientes (BM; Ben Salem y Nefzaoui, 2003) podrían representar una vía para la inclusión del alperujo y otros subproductos locales en la dieta de rumiantes y, paralelamente, contribuir a reducir la cantidad de concentrado y, por tanto, de cereales.




Dado que la composición de la dieta del rumiante afecta a la fermentación ruminal y, en consecuencia, a la composición de la leche (Morand-Fehr et al., 1991) y que la composición lipídica determina la calidad tecnológica, nutricional y saludable de la leche (Chilliard et al., 2003) se ha probado el efecto de la sustitución en la dieta de cabras lecheras de raza granadina de un 50 % de un concentrado, que incluía cereales y soja (800 y 160 g/kg, respectivamente), por dos tipos de bloques (I y II) con una menor proporción de cereales (320 y 200 g/kg) y harina de torta de girasol (180 g/kg) o habas (400 g/kg) como fuentes de nitrógeno, respectivamente, sobre la producción y composición de la leche.

Dietas
Se estudiaron tres dietas experimentales que contenían heno de alfalfa y concentrado en la proporción 1:1 (dieta testigo, DT) y heno, concentrado y bloques I o II en la proporción 1:0,5:0,5 (dietas BMI y BMII, respectivamente). La composición en ingredientes del concentrado de los BM se muestra en la tabla 1.



Animales
Se utilizaron 18 cabras de raza granadina (39,6 ± 1.89 kg de peso vivo) en el medio de la tercera lactación. Los animales se dividieron en tres grupos de seis animales cada uno, con pesos y producción de leche homogéneos y se llevó a cabo un experimento con tres periodos consecutivos según diseño en cuadrado latino 3 x 3 con repetición. En cada periodo seis animales recibían cada una de las tres dietas (Molina Alcaide et al., 2010). Los animales se adaptaron a la correspondiente dieta durante 25 días durante los cuales se ordeñaron manualmente dos veces al día y se registró la producción individual de leche. Tras la adaptación de los animales a la dieta correspondiente se tomaron muestras de la leche producida durante diez días para proceder al análisis de distintos parámetros: sólidos totales, N total, no proteico y no caseínico, lactosa, energía, grasa total y perfil de ácidos grasos.

Resultados
La producción de leche fue mayor (p=0,016) en las cabras alimentadas con la dieta DT (tabla 2) en comparación con las que recibían las dietas BMI y BMII, aunque la composición en proteína, caseína, proteína del suero, grasa, lactosa, energía y solidos totales no se vio afectada (p≥0,144) por el tipo de dieta que recibían los animales. Las proporciones de ácidos grasos C4:0, C6:0, C8:0, C10:0 de cadena media y saturados en la leche eran más elevadas (p≤0,046) en la leche procedente de animales que recibían las dietas DT y BMI en comparación con la de los que recibían la dieta BMII, que presentaba una mayor (p=0,050) proporción de ácido vacenico (C18:1 trans-11) en comparación con las otras dos dietas. La proporción de ácidos rumenico (C18:2 cis-9, trans-11) y linolenico asi como de CLA totales eran superiores (p≤ 0,033) en la leche de cabras alimentadas con las dietas que contenían bloques (BMI y BMII) que en la de los animales que recibían la dieta testigo. La relación vacenico/CLA era menor (p=0,045) y el índice de aterogenicidad mayor (p=0,022) en la leche procedente de animales alimentados con la dieta DT en comparación con las dietas BMI y BMII.



Implicaciones prácticas
El bloque de tipo II, que incluye alperujo y habas como fuente de proteína, puede reemplazar el 50% del concentrado en dietas para caprino en lactación sin efecto negativo sobre la mayor parte de los componentes de la leche, e incluso mejorar la calidad del perfil de ácidos grasos de la leche en relación a la salud del consumidor. La disminución de la producción de leche que se produce con la ingestión de una dieta que incluye este tipo de bloque multinutriente se compensa con una mejor calidad de la misma y la reducción del coste de la ración en un 36 % en relación a la ración que se utiliza en la práctica en sistemas de producción de cabras lecheras.

Bibliografía
Rancourt, M., N. Fois, M. P. Lavín, E. Tchakériand, and F. Vallerand. 2006. Mediterranean sheep and goat production: An uncertain future. Small Rumin. Res. 62:167–179.
Haenlein, G. F. W. 2001. Past, present, and future perspectives of small ruminant dairy research. J. Dairy Sci. 84:2097–2115.
Molina-Alcaide E., E. Y. Morales-García, A. I. Martín-García, H. Ben Salem, A. Nefzaoui, and M. R. Sanz-Sampelayo. 2010. Effects of partial replacement of concentrate with feed blocks on nutrient utilization, microbial N flow, and milk yield and composition in goats. J. Dairy Sci. 93 : 2076–2087.
Hermoso, M., J. González, M. Uceda, A. García-Ortiz, J. Morales, L. Frías, and A. Fernández. 1995. Elaboración de Aceites de Oliva de Calidad. Obtención por el Sistema de dos Fases, ed. Junta de Andalucía, Spain.
Ben Salem, H., and A. Nefzaoui. 2003. Feed blocks as alternative supplements for sheep and goats. Small Rumin. Res. 49:275–288.
Morand-Fehr, P., P. Bas, G. Blanchart, R. Daccord, S. Giger-Reverdin, E. A. Gihad, M. Hadjipanayiotou, A. Mowlem, F. Remeuf, and D. Sauvant. 1991. Influence of feeding on goat milk composition and technological characteristics. Pages 209–224 in Goat Nutrition.
P. Morand-Fehr, ed. Pudoc Wageningen, Wageningen, the Netherlands. Chilliard, Y., A. Ferlay, J. Rouel, and G. Lamberet. 2003. A review of nutritional and physiological factors affecting goat milk lipid synthesis and lipolysis. J. Dairy Sci. 86:1751–1770 .