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Manejo de la cerda en lactación en épocas de calor

Existen dos formas complementarias de hacer frente al calor

Miércoles 22 de junio de 2016

Al tratar de paliar los efectos del calor en la cerda lactante lo que se busca es el mantenimiento de la ingestión de pienso y con ello el de la condición corporal.



Vicente Rodríguez-Estévez, Cipriano Díaz-Gaona, Cristina Arce y Manuel Sánchez-Rodríguez
Departamento de Producción Animal
Facultad de Veterinaria
Universidad de Córdoba
Imágenes cedidas por los autores

El confort térmico de las cerdas reproductoras se sitúa entre los 15 y los 20 ºC. En el caso de las cerdas lactantes se recomienda que las salas de parto estén a 22 ºC (21-23 °C); incluso se afina recomendando que esto sea alrededor del parto (durante los tres primeros días) y que posteriormente sea por debajo de los 19 °C. De todas maneras, con independencia de donde se ponga el límite, las cerdas lactantes son muy sensibles al calor, entre otras razones por el incremento de producción calórica propio de la lactogénesis.

El principal efecto de las altas temperaturas en la cerda lactante es una disminución del consumo de pienso, que le ocasiona una pérdida de peso y una reducción de la producción láctea. La cerda come menos para evitar un exceso de calor por la digestión. Así, se considera que por cada grado centígrado por encima de 22 ºC hay una disminución de la ingestión diaria que puede superar los 100-200 g/día. Este efecto es especialmente grave en primerizas. En cualquier caso, si las cerdas no comen bien y pierden excesivo peso durante la lactación, se ve afectada la eficiencia del siguiente ciclo, con un incremento de los intervalos destete-celo (problema de anestro) o destete-cubrición fértil (llegando a un problema de infertilidad estacional) y una disminución de la prolificidad; lo que supone una reducción de eficiencia técnico-económica.

Por tanto, al tratar de paliar los efectos del calor en la cerda lactante lo que se busca es el mantenimiento de la ingestión de pienso y con ello el de la condición corporal.

Existen dos formas complementarias de hacer frente al calor:

Intentar mantener baja la temperatura de las salas de parto o refrescar a las cerdas. Estimular el consumo de pienso de las cerdas.

Sin embargo, hay muchas granjas donde existe un problema ambiental todo el año (porque los sistemas de temperatura y ventilación están mal diseñados o regulados), y donde nunca se llega a alimentar bien a la cerda lactante. A esto se suma que la llegada del calor no se prevé con tiempo (marzo o abril), y no se reacciona hasta la llegada del verano más duro (de junio en adelante). Lo habitual es pasar de temperaturas moderadas a temperaturas altas, incluso olas de calor, en cuestión de días.

Prever cuándo llega el calor es tan sencillo como revisar a partir de cuándo se produjeron incrementos puntuales del intervalo destete-celo en las primaveras de los años precedentes.

Control ambiental

Las siguientes medidas mejoran las condiciones ambientales de las salas de parto:

Comprobar con suficiente antelación que los ventiladores, reguladores, entradas de aire y paneles humidificadores (coolings) son adecuados a las necesidades de renovación de aire, funcionan bien y siguen un mantenimiento periódico. Esto debería hacerse el mes anterior al que haya probabilidad de días de alta temperatura. En cualquier caso, debe tenerse en cuenta que ventilar no es refrigerar. Evitar los sistemas de control ambiental manuales. Revisar las entradas de aire, que deben estar repartidas lo más homogéneamente posible, y asegurar que todo el aire que entra en las salas de parto ha pasado por los paneles humidificadores y que barre las salas (extracción de aire lo más opuesta posible a la entrada). Comprobar y mejorar el aislamiento de las maternidades, especialmente de las cubiertas, revisando que no haya puentes térmicos, además de asegurar que no hay puertas metálicas o ventanas sobre las que incida directamente la radiación solar. Pintar las cubiertas y las paredes exteriores de blanco y evaluar la posibilidad de regar las cubiertas. Evitar que el calor de las lámparas de los nidos llegue a las cerdas y, cuando la temperatura supere los 26 ºC y los lechones tengan más de tres días, plantear su apagado durante el día. Colocar goteros para las cerdas de forma que el agua caiga sobre el cuello y evitando que se pueda mojar el área firme de los lechones. Humedecer los pasillos, utilizar aspersores o nebulizadores, pero vigilando que no haya un exceso de humedad ambiental. Estimulación del consumo de pienso

Que la cerda consuma la mayor cantidad posible de pienso en lactación es una de las normas de manejo. Las siguientes medidas ayudan a estimular el consumo, pero no sustituyen unas buenas condiciones ambientales:

Asegurarse de que la cerda bebe agua fresca y de que el bebedero tiene un caudal de 3 litros/minuto. Con las comidas, y por muy buenos bebederos de que se disponga, proporcionar agua adicional con una manguera. El consumo de agua es clave y se debe tener en cuenta que las cerdas pueden requerir más de 40 litros/día. Suplementación de agua fresca con manguera. Revisar la calidad del agua, procurar que sea lo más fresca posible ( Incrementar la apetencia del agua con acidificantes y electrolitos. Revisar los programas de alimentación en gestación y la condición corporal a la llegada a las salas de parto (no deben sobrealimentarse ni entrar engrasadas). Considerar proporcionar dosis extras de algunos aditivos que aumenten la palatabilidad, la digestibilidad o el balance de electrolitos (algunos pueden ir administrarse directamente en el agua): vitamina C, bicarbonato sódico, biotina, betaina, enzimas (carbohidrasas y proteasas), antioxidantes, β-caroteno, etc. Instalar sistemas de alimentación ad libitum o, en su defecto, alimentar a las cerdas tres veces al día, procurando que dos de estas coincidan con las horas más frescas (por la mañana temprano y a última hora de la tarde) y que, si es posible, otra vez sea durante la noche. Sistema de alimentación ad libitum (pero las tolvas tienen que tener siempre pienso para que funcione). Mantener el comedero limpio. Procurar incrementar la concentración de nutrientes, en la medida que se reduce la ingesta (10-20 %); emplear materias primas lo más digestivas posibles; aumentar la energía con grasas y aceites en un 3-4 %; aportar azúcares simples (5-7 %). Otra opción es complementar las raciones con concentrados energéticos o suplementos nutricionales. Reducir los niveles de fibra, pero vigilando que no se produzca estreñimiento. Reducir los niveles de proteína bruta en un 1-2 %, ya que por encima de 24 ºC
el consumo de pienso se reduce con niveles de proteína del 20 %, debido a la producción de calor de la digestión; pero vigilar que se mantenga el balance de los aminoácidos (se puede incorporar lisina sintética hasta un nivel de 0.15 %). Alimentar con pienso húmedo, mediante alimentación líquida o agregando agua a los comederos, retirando el sobrante de los comederos, que deben permanecer limpios entre comidas. En cualquier caso, cuando se aporta comida esta debe estar en buen estado. Dar pienso granulado si la alimentación es ad libitum o no se va a dar alimentación líquida.

De todas formas, la reformulación del pienso incrementa su precio y no puede solucionar ni los problemas ambientales ni los defectos de manejo y diseño de las instalaciones. Hay que valorar económicamente el coste de la inversión en la mejora ambiental y el coste de los cambios en el pienso; pero, como todas las medidas para paliar los efectos del calor, esta valoración deberá hacerse con suficiente de antelación, mucho antes del verano.

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