La firma invitada

Piedras sobre el tejado

Jueves 09 de noviembre de 2017
En este artículo, Teresa García, responsable de Albéitar, habla de los acuerdos comerciales que se están fraguando entre la Unión Europea y países terceros, que implicarían disminuir los estándares actuales de calidad en materia agroalimentaria y de seguridad alimentaria.

La Asociación de Procesadores Avícolas y Comercio de Aves de Corral de la Unión Europea (AVEC) ha afirmado en su informe anual que los planes de un acuerdo de libre comercio que está preparando con terceros países la Comisión Europea pueden tener consecuencias desastrosas en el sector europeo, que en estos momentos emplea a más de 300.000 personas.

La verdad es que no es para menos, ya que las empresas avícolas del territorio comunitario tienen que cumplir unos estándares muy altos de bienestar animal, seguridad alimentaria y de gestión medioambiental que suponen unos costes de producción adicionales muy importantes, si se comparan con los de los productos procedentes de países terceros. Según AVEC, las negociaciones que está llevando a cabo la CE para liberalizar el comercio consistirían en reducir o abolir los aranceles, lo que supondría una pérdida de competitividad de los productos propios, ya que no podrían hacer frente a los precios de la carne de ave importada. Además, añaden que al menos un tercio de las importaciones de terceros países procede directamente del Reino Unido y hacen hincapié junto con el British Poultry Council (miembro británico de la asociación) en el mantenimiento del statu quo y de los flujos comerciales existentes después de que el Reino Unido abandone la UE.

Desde que se publicó este artículo en la edición impresa de Albéitar, el panorama no ha mejorado sino todo lo contrario. El pasado 27 de octubre se ratificó en el senado el acuerdo comercial entre Europa y Canadá (CETA) que en materia agroalimentaria y de seguridad alimentaria deja mucho que desear, ya que los estándares canadienses están muy por debajo de los europeos.

O algo se me está escapando o aquí hay gato encerrado. No sé ustedes pero yo, por más vueltas que le doy, no soy capaz de entender la contrariedad de dedicarse a echar piedras sobre el propio tejado.