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Prevención de Mycoplasma en cebo

La neumonía enzoótica es una de las enfermedades más prevalentes en los colectivos porcinos

Jueves 16 de noviembre de 2017

Aunque la prevención de la neumonía enzoótica debería instaurarse mucho antes del periodo de cebo, su expresión clínica y consecuencias se observan casi exclusivamente en este periodo.



Ramis [1], FJ. Pallarés [2], J. Gómez-Laguna [3], L. Carrasco [3] y A. Muñoz[1]
[1] Dpto de Producción Animal, Facultad de Veterinaria, Universidad de Murcia
[2] Dpto de Anatomía y Anatomía Patológicas Comparadas, Facultad de Veterinaria, Universidad de Murcia
[3] Dpto de Anatomía y Anatomía Patológicas Comparadas, Facultad de Veterinaria, Universidad de Córdoba
[4] Dpto de Producción Animal, Facultad de Veterinaria, Universidad de Murcia

La neumonía enzoótica (NE) es una de las enfermedades más prevalentes en los colectivos porcinos y una de las que más pérdidas produce cuando no se controla adecuadamente. Hablar de control en cebo significa que ya se ha perdido un tiempo muy valioso, puesto que la prevención —por ejemplo, mediante vacunas— debe instaurarse mucho antes del periodo de cebo. Sin embargo, la expresión clínica y sus consecuencias se observan casi exclusivamente en este periodo. En la mayoría de los casos la enfermedad está en una situación enzoótica, lo que requiere tiempo para que se produzcan las consecuencias derivadas de la acción del patógeno, por lo que su efecto se retrasará hasta el cebo. Por eso, tiene lógica que en el cebo se hable del control de esta enfermedad, sea cual sea la fase donde se apliquen las medidas de control. Se pueden establecer estrategias a distintos niveles en la prevención de la NE que ayuden a controlar el patógeno. Sin duda el primer paso es el conocimiento de la propia realidad.

¿Cuál es el estado de la población con respecto a M. hyopneumoniae?

Lo primero es conocer la situación de los animales con respecto a la enfermedad y al patógeno que la causa. Para ello se dispone de distintos puntos de control que ayudarán en esta tarea, y podemos utilizar distintos elementos para conocer el estado con respecto a M. hyopneumoniae (presencia o ausencia de sintomatología compatible con la enfermedad), aunque en la fase enzoótica, en ocasiones la sintomatología puede pasar inadvertida. Entre los síntomas estudiaremos siempre los parámetros productivos, ya que con frecuencia es la principal alteración que presentan los animales: disminución de la ganancia media diaria e incremento del índice de conversión.

En segundo lugar, puede emplearse la serología, pero en el caso de la NE no es demasiado útil por diversos motivos: la aparición de anticuerpos está muy retrasada con respecto a la infección, y existen evidencias de que ciertas cepas producen anticuerpos que no son detectados por las pruebas serológicas.

Otra de las herramientas utilizadas es la PCR (tanto la clásica como en tiempo real). De hecho, una de las pruebas más populares en los últimos años es la determinación de la prevalencia de la bacteria mediante PCR en fluidos broncoalveolares (BALF) de lechones. Se han realizado muchas pruebas, pero aún no se tiene certeza de cuál es la consecuencia clínica de una prevalencia alta de la bacteria al destete.

Finalmente, una de las técnicas más útiles, baratas y sencillas de realizar es la evaluación de lesiones compatibles con NE en matadero. Esta herramienta ofrece una fuente de información muy valiosa que además, es la más barata y fácil, técnicamente, de todas las citadas hasta ahora. Ir al matadero y evaluar distintos lotes de pulmones ofrece una información de cuántos animales tienen lesiones compatibles con NE y permite evaluar la extensión de las lesiones para obtener una idea de cómo está el colectivo. Las ventajas de este método son la facilidad y el bajo coste económico, pero en cambio requiere cierto adiestramiento del observador para diferenciar claramente las lesiones propias de NE de las producidas por otros patógenos u otros artefactos producidos durante el sacrificio (figura 1). Las lesiones de la NE son consolidaciones craneoventrales, aumentadas de color y de consistencia con un patrón lobular. A partir de estas lesiones existen diversas formas de evaluar el estado de un colectivo frente a la NE, pero todas ellas se basan en la presencia de lesiones y en la superficie afectada por la consolidación característica de esta enfermedad, concediéndole una valoración numérica a cada lóbulo pulmonar afectado.

Figura 1. Lesiones pulmonares macroscópicas compatibles con A) neumonía enzoótica; B) enfermedad pulmonar por PCV2; y C) pasterelosis.
Elección de la estrategia

Las estrategias para el control de la NE pasan por tres puntos de acción principales: manejo y control ambiental, prevención con inmunológicos y prevención con antibióticos. Comenzaremos con lo más obvio, que es el manejo y el control ambiental.

Manejo y control ambiental (no solo en el cebo)

Mycoplasma es un patógeno claramente sensible al manejo y que requiere un manejo ambiental adecuado para estar bajo control. La mayoría de las medidas de manejo que ayudan a controlar la expresión clínica de la NE son de sentido común, y permitirán mantener la salud global de los colectivos:

Densidad adecuada. Este punto se revela clave, puesto que se maneja el concepto de “animales respirando el mismo aire”, ya que en muchas ocasiones la aparición o no de clínica depende en gran medida del número de animales infectados y de la carga bacteriana en cada animal.

Mantener una ventilación y temperaturas adecuadas en todo momento, y sobre todo controlar las variaciones bruscas de temperatura. En esta tarea nos ayudan los equipos de control ambiental que regulan, como mínimo, la apertura y cierre de ventanas. Disponer de calefacción y refrigeración sería lo óptimo, pero es bastante infrecuente en los cebaderos.

Evitar el manejo en continuo y hacer lotes en la medida de lo posible, evitar la mezcla de edades y orígenes y tener flujos unidireccionales.

Todo dentro-todo fuera, vacíos sanitarios con limpieza y desinfección entre lotes, incluyendo techos.

Manejo en múltiples fases. De hecho, el destete precoz medicado se diseñó principalmente para controlar la NE.

Es evidente que estas medidas no están destinadas exclusivamente a esta enfermedad, y deberían cumplirse siempre y en todo momento. Aunque en muchas estructuras de producción algunas de estas medidas son difíciles de cumplir en según qué circunstancias, se debe tratar de implementar el mayor número posible.

Figura 2. Sistemas de control del aire y filtros HEPA.

La bioseguridad se convierte en otro elemento clave, sobre todo en las granjas de reproductoras, aunque sin olvidarse de los cebos. Se tiene que controlar lo máximo posible el tránsito de personas (ya que pueden llevar en algunas condiciones la bacteria hasta 48 horas en la mucosa nasal) y vehículos, sería recomendable tener silos exteriores y muelle de carga que evite la entrada de camiones en la explotación. Pero una de las circunstancias incontrolables es la transmisión aerógena, que ha sido demostrada en diversos estudios. En casos extremos, como cebos donde se recrían animales de reposición o en multiplicadores, se llega a poner filtros HEPA en las entradas de aire, pero este esfuerzo económico es inasumible en la mayoría de los cebaderos. Solo lo justificaría un altísimo valor económico de los animales. De hecho, el filtrado de aire es popular en zonas de alta densidad porcina en los Estados Unidos, pero casi exclusivo para las granjas de madres.

Aparentemente, otra de las medidas de control, aunque muy alejada de los cebos, es mantener la reposición en un porcentaje lo más bajo posible, manteniendo el menor número posible de nulíparas en las granjas. Aunque una vez más, en las circunstancias actuales, con las líneas hiperprolíficas que se utilizan, esto no siempre es posible. Y ya no solo el porcentaje es importante, como ya se ha dicho, sino también el origen de los animales de reposición. Pueden ocurrir dos circunstancias. La primera es que se estén reponiendo animales libres de la bacteria procedentes de los multiplicadores genéticos, en una granja positiva. Estos animales, se tienen que aclimatar lo mejor posible, incluyendo profilaxis de algún tipo. La segunda circunstancia es que estemos introduciendo animales positivos, con el riesgo de importar nuevas cepas, con una virulencia distinta a la que tenemos, y que produzcan la reaparición de problemas clínicos relacionados con Mycoplasma.

Vacunación

La mayoría de las vacunaciones frente a esta enfermedad habrán de realizarse con mucha antelación a la introducción de los animales en los cebaderos, por lo que realmente es un debate lejano de los técnicos de esta fase, excepto si dicha vacunación no está funcionando bien y hay expresión clínica durante esta fase.

A lo largo de la historia reciente se han ensayado con más o menos éxito distintos tipos de vacunas: de subunidades usando membrana plasmática (Kobisch et al., 1987) o proteínas de membrana (Djordjevic et al., 1997), vacunas microencapsuladas de administración oral (Weng et al., 1992), vacunas de cultivos celulares con cultivos vivos de cepa LKR (Lloyd et al., 1989) y vacunas inactivadas (bacterinas) que contienen la bacteria con un adyuvante de administración intramuscular. De todas ellas, se ha impuesto de forma comercial este último tipo, las bacterinas. En el mercado existen distintas vacunas comerciales frente a M. hyopneumoniae. Además, existen dos variantes según la pauta de administración: las vacunas monodosis y las bidosis. ¿Cuál usar? Clásicamente se ha propuesto que la vacunación monodosis es insuficiente cuando la presión de infección es muy alta y, por tanto, hay que usar una bidosis. Las vacunas frente a M. hyopneumoniae se han instaurado como necesarias en la mayor parte de las estructuras de producción desde hace muchos años. Sin embargo, siguen saliendo nuevas vacunas comerciales incluyendo nuevas cepas, con la intención de reforzar la protección frente a cepas cambiantes. Las cepas de M. hyopneumoniae pueden tener distintas virulencias y como consecuencia, algunas pueden no responder lo suficientemente bien a las vacunaciones. ¿Qué vacuna y pauta elegir? Dependerá de cuál sea la situación frente a la NE y de los resultados que se vayan obteniendo de esta vacunación.

Otras de las innovaciones que se ha producido con respecto a las vacunas convencionales es la aparición de vacunas combinadas, con antígenos frente a otros patógenos como el virus del PRRS o PCV2. Esta estrategia simplifica notablemente el manejo, ya que los programas vacunales son de por sí muy densos y en ocasiones no se pueden mezclar vacunas. Siempre que decidamos hacer una vacunación combinando antígenos, deben ser especialidades comerciales diseñadas para tal uso. En ningún caso se deben mezclar vacunas que no se hayan creado específicamente con este sentido.

En cuanto a las pautas de vacunación, hasta ahora la más utilizada en las bidosis ha sido primovacuación en primera semana y revacunación en la tercera. Entre las monodosis la más utilizada es entre las tres y las cinco semanas. Se ha propuesto, cuando los problemas de la NE aparecen hacia final de cebo, retrasar la aplicación de la vacuna hasta la séptima u octava semana, para prolongar el efecto.

La prevención con antibióticos será pronto imposible