Existe la necesidad de crear una cultura de evaluación en los actores sociales ligados a los programas de Salud Pública Veterinaria, de tal manera que la evaluación sea una constante en los procesos técnico-administrativos de las instituciones que atienden las áreas de la salud y agricultura. Esto es así porque, en la mayoría de los casos, al final de la ejecución de la programación solo se realiza una revisión y presentación de volúmenes de actividades.
La evaluación es considerada una investigación aplicada, orientada a proporcionar datos e información que permitan establecer el mérito y el valor de los diferentes componentes de un programa, comprobando la extensión y el grado en que sus logros se han dado, y conociendo los factores que influyeron en esos resultados.
La evaluación se ve como una etapa o como un componente dentro del proceso del programa, que se debe ir cumpliendo al desarrollarse cada una de sus fases, para establecer la comparación entre lo planeado y el fruto obtenido gradualmente y al final del programa.
Cabe destacar la necesidad de disponer de sistemas de información institucionales que proporcionen datos válidos, precisos, fidedignos y confiables para nutrir el mecanismo de análisis y discusión que conlleva una evaluación, asunto a contemplar en la misma concepción del programa.
¿Cómo se deberían evaluar los programas de Salud Pública Veterinaria?
Hay que dejar a un lado la instrumentación de actividades continuas y/o periódicas, definidas bajo un marco programático, sin realizar ninguna revisión que señale de sus alcances ante los propósitos inicialmente definidos al emprender esas acciones y sin que se establezcan los niveles de eficiencia en la utilización de los recursos invertidos para tal fin.
En general, en la evaluación de programas ha predominado lo referente a la rentabilidad financiera, basada en análisis del costo del producto en relación a los resultados (costo-beneficio, tasa de retorno, valor presente neto). Ahora bien, vista la condición de los referidos a la Salud Pública Veterinaria, hay que tener en cuenta la rentabilidad social, rentabilidad política y el impacto sobre un determinado colectivo. Así como también su incidencia e inserción en el desarrollo y en los indicadores de crecimiento económico.
El primer momento de intervención en el programa para su evaluación se refiere a su diseño y conceptualización. Es vital establecer su inserción en las políticas públicas y conocer de los pasos cumplidos de negociación para su aprobación, así como constatar la incidencia del problema a atender y su distribución espacial y en el tiempo, y su ubicación en el registro de necesidades existentes en el sector salud o agrícola.
Hay que determinar la sustentabilidad y viabilidad de generar el impacto social deseado en términos políticos, sectoriales, institucionales y económico-sociales, y esto pasa por:
- Valorar los objetivos propuestos y sus alcances en función de las estrategias, tiempo de ejecución, técnicas-metodológicas contempladas, actividades y recursos financieros propuestos.
- Establecer la capacidad de la institución a cargo del programa en lo referente a su infraestructura, cobertura geográfica, experiencias previas, recursos humanos y su formación y la relación institucional con el colectivo social que será atendido.
- Identificar la fuente de financiamiento, la consecución de los recursos financieros y la proyección de la asignación durante la duración del programa.
A posteriori hay una segunda intervención referida a la instrumentación y seguimiento del programa sobre el grado en que las actividades realizadas y los resultados obtenidos responden a lo planificado, para la fase o tiempo cumplidos. Los aspectos a ser evaluados comprenden la operación y sus resultados o servicios producidos, básicamente relacionados a la cobertura y la instrumentación de los componentes programáticos.
La cobertura generalmente está planteada y se evalúa en lo geográfico y poblacional, acorde con las metas trazadas, teniendo como insumo las actividades realizadas o servicios prestados y valorizando su tipo, cantidad y calidad.
En la instrumentación, la observación va dirigida a la administración de las acciones y de los recursos. En cómo responde la organización institucional, el ritmo del flujo en la dotación de los recursos contemplados inicialmente y al rendimiento del personal.
El seguimiento sistemático y periódico permite detectar oportunamente eventuales obstáculos o deficiencias y aplicar lo correctivos necesarios en la operación o llevar a cabo ajustes en la planificación.
La utilización de la evaluación de procesos es de utilidad para mejorar la eficiencia y/o corregir deficiencias detectadas. Evaluar los sistemas y procesos, a las personas involucradas y los resultados cualitativos y cuantitativos que se están observando son pertinentes en esta fase del seguimiento.
La evaluación de los resultados
Al término del programa la vertiente se encamina hacia los resultados finales y el impacto socio-económico, es decir a una evaluación de eficacia. Se evalúa el grado de cumplimiento de los objetivos trazados inicialmente en la planificación, en términos de su efectividad. Se establece sí modificó las condiciones del colectivo o población beneficiaria en relación al problema que originó la programación en cuestión.
Así mismo, se realiza una evaluación de eficiencia considerada de rentabilidad económica-financiera, que debe añadir un análisis de la rentabilidad política y social obtenida.
El impacto social se expresa en los cambios o variaciones deseadas en los destinatarios de las políticas y programas que estas originan. Se coloca a manera de ejemplo, entre otros, temas como:
- Satisfacer necesidades identificadas con prioridad en el seno de esa población o sector productor.
- Promover el mejoramiento de los índices de Salud Pública.
- Generar o fortalecer instancias organizativas de asociación o participación de los actores sociales,
- Promover o procurar condiciones para el mejoramiento del perfil de sanidad animal (bajar índices de incidencia o prevalencia de una enfermedad o erradicar una enfermedad) o alzas en los índices de productividad en las unidades de producción pecuaria.
- Mejorar el perfil de salud del personal ligado a la cadena productiva de la industria cárnica o láctea.
- Crear una cultura sanitaria en determinado colectivo dedicado a trabajar en mataderos o frigoríficos o en criar aves o cerdos.
La promoción de la Salud Pública Veterinaria debe llevar a un incremento de la cultura sanitaria y la participación social en los programas sanitarios, instaurando condiciones que permitan a los beneficiarios participar en el diseño de estrategias y tácticas para instrumentarlos e incorporar su conocimiento instrumental en la ejecución de tareas. En fin, se crean espacios de participación donde la sociedad pone en práctica su iniciativa y capacidad de gestión. No obstante, no debe quedar ahí, sino que en determinada fase participen estos en las evaluaciones, para conocer su visión de los impactos y de la metodología técnico-administrativa utilizada para llevar a cabo los planes.
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