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Terapia combinada para el tratamiento de mastitis causadas por Streptococcus uberis

Elanco

Toma de muestra de leche de cuarterón infectado.
Toma de muestra de leche de cuarterón infectado.

Las infecciones intramamarias causadas por este patógeno ambiental se han incrementado, sobre todo en ganados con un correcto manejo y con recuentos bajos de células somáticas en tanque, debido a su difícil control.

Francisco Javier Diéguez Casalta[1,2], Gonzalo Fuentes González[3] y Eduardo Yus Respaldiza[1]
[1] Unidad de Epidemiología y Sanidad Animal (Facultad de Veterinaria), Instituto de Investigación y Análisis alimentarios, USC
[2] Departamento de Anatomía y Producción Animal, Facultad de Veterinaria, USC
[3] Veterinario. Técnico Calidad de Leche. Lactalis Compras y Suministros
Imagen cedida por los autores

En los últimos 40 años, la implementación de prácticas de control, como la desinfección de pezones, la terapia antibiótica y la eliminación de vacas infectadas crónicamente, han reducido significativamente la incidencia de mastitis causadas por patógenos contagiosos como Staphylococcus aureus y Streptococcus agalactiae. Sin embargo, estas prácticas de control son menos eficaces en el control de patógenos ambientales como Streptococcus uberis y Escherichia coli. Como consecuencia, las infecciones mamarias causadas por estos últimos microorganismos se han incrementado, sobre todo en rebaños lecheros con un manejo adecuado y que presentan recuentos de células somáticas bajos en leche de tanque.

S. uberis es un importante patógeno que actualmente causa mastitis clínicas y subclínicas en vacas en lactación y secas, así como en novillas en explotaciones de ganado vacuno lechero de todo el mundo. Es la principal causa de mastitis en vacas en periodo seco y es el microorganismo más frecuentemente aislado en casos de mastitis crónicas. Esta bacteria se considera un patógeno ambiental oportunista, aunque puede incrementarse la transmisión vaca-vaca en determinados rebaños lecheros, posiblemente debido a ciertas características genéticas que le confieren a la bacteria una mayor supervivencia, facilitando la transmisión durante una rutina deficiente.

La paja y otros materiales orgánicos usados como cama en explotaciones bovinas lecheras pueden presentar altos recuentos de S. uberis; en cambio, en camas inorgánicas como la arena la población bacteriana es más baja. Otras fuentes ambientales son el suelo, el agua y los pastos. A su vez, el microorganismo se ha aislado de diferentes localizaciones en las vacas: piel de la glándula mamaria y de los pezones, pezuñas, morro, tonsilas, rumen, recto y pelo; no obstante, la presencia de cepas infectivas en diversas partes del cuerpo de la vaca indica probablemente más contaminación a través de la leche infectada que una fuente potencial de una cepa infectiva.

Mediante la aplicación de diferentes técnicas moleculares se han tipificado una gran variedad de cepas de S. uberis. Estas cepas difieren en sus propiedades patogénicas (perfiles de virulencia), fenotípicas (identificación y resistencias a diferentes antimicrobianos) y genotípicas, lo que requiere diversas estrategias de prevención y tratamiento de estas infecciones mamarias. En estudios recientes se ha comprobado que determinadas cepas de S. uberis pueden existir como agentes patógenos asociados a vacas, permitiéndoles persistir dentro del rebaño durante años.

Así, aunque clásicamente se ha clasificado a S. uberis como causante de mastitis “ambiental”, a menudo su epidemiología se parece más a lo observado en los casos de las mastitis contagiosas: infección de presentación subclínica o clínica subaguda, que aparece en un alto porcentaje de las vacas en ordeño y que conduce a recuentos de células somáticas (RCS) en leche de tanque elevados, con la consiguiente penalización económica por parte de la industria.

Ante esta situación, con frecuencia se plantea la posibilidad de aplicar tratamiento antibiótico en fase de lactación, ya que además es frecuente que puedan originarse mastitis crónicas. La opción terapéutica más empleada se basa en la administración combinada de beta-lactámicos por vía intracisternal (i.c.) y parenteral. Con este tratamiento se han obtenido tasas de curación muy variables, de entre el 33,5% y el 82,6%, en función del tipo de explotación y de la duración del tratamiento (entre 3 y 8 días).

Factores que afectan a la rentabilidad de un tratamiento
La rentabilidad de aplicar un tratamiento antibiótico en fase de lactación dependerá de varios factores:
  • De la tasa de curación que puede obtenerse en lactación y que se optimizará aplicando de forma combinada antimicrobianos vía intracisternal (i.c.) y parenteral.
  • De que se logren evitar las penalizaciones por elevados RCS en leche de tanque.
  • De la prevención de la aparición de nuevas infecciones, lo que a su vez estará relacionado con la tasa de transmisión de la cepa bacteriana implicada.
  • De evitar la aparición de mastitis crónicas.
  • De la posibilidad de que aparezcan infecciones por otras bacterias tras la eliminación de S. uberis de un cuarterón.
  • Del coste del tratamiento.

Diseño del estudio de campo

Basándose en todas estas observaciones, se desarrolló un ensayo clínico en 13 explotaciones de ganado vacuno lechero de Galicia con presencia de mastitis causadas por S. uberis.

Inicialmente, se realizó un antibiograma a cepas de S. uberis aisladas a partir de cuarterones afectados de mastitis para comprobar su sensibilidad a los macrólidos (empleando la eritromicina como representante del grupo). Aproximadamente el 82% de las cepas aisladas mostraron sensibilidad a la eritromicina, lo que es superior a otros datos observados en cepas procedentes de la misma zona. Posteriormente, a cada animal afectado se le administró 40 ml por vía intramuscular (i.m.) de tilosina base (Trelacon 200) el primer día, y 30 ml en los días sucesivos a intervalos de 24 horas durante cuatro días; la duración final del tratamiento fue de cinco 5 días. En combinación se aplicó un tratamiento antibiótico por vía i.c. diferente en función de cada explotación incluida en el estudio, pero que incluía siempre un beta-lactámico.

Se realizó un seguimiento en los animales tratados, evaluando la tasa de curación bacteriológica y el recuento de células somáticas (RCS).

Se efectuó un análisis bacteriológico entre los 14-21 días postratamiento, así como una determinación del RCS de cada cuarterón analizado (tabla 1).

Resistencia de S. uberis a macrólidos

La tilosina, como todo el grupo de macrólidos, actúa inhibiendo la síntesis proteica de los microorganismos sensibles, al unirse a la subunidad 50S del ribosoma bacteriano. El principal mecanismo de resistencia consiste en la metilación de esta subunidad ribosomal por parte de enzimas producidas por las bacterias (metilasas), impidiendo la acción del antibiótico y, por lo tanto, confiriéndole resistencia. Estas metilasas son codificadas por genes “erm” (de eritromicina) y, como se mencionó, el representante que se utiliza en los antibiogramas para valorar la sensibilidad al conjunto de macrólidos es la eritromicina.

Cuando una cepa bacteriana produce metilasas de forma constitutiva, la resistencia a la eritromicina indica resistencia cruzada a casi la totalidad de los antibióticos del grupo; sin embargo, cuando la producción de metilasas por una cepa bacteriana es inducida (aparece en presencia de alguna sustancia inductora) esta cepa puede ser resistente a macrólidos de 14 o 15 carbonos (como la eritromicina), pero sensible a macrólidos de 16 carbonos como la tilosina. De esta forma, si descartamos todos los macrólidos por su resistencia a la eritromicina perderíamos opciones terapéuticas que pueden ser validas. Se estima que aproximadamente un 43,8% de las cepas resistentes a la eritromicina presentan resistencia inducida a los macrólidos de 16 carbonos como la tilosina, mientras que las restantes serían sensibles.

Por otro lado, los ácidos débiles como muchos de los beta-lactámicos están presentes en forma ionizada en la sangre y su habilidad de pasar hacia el tejido mamario y a la leche cuando se administran por vía parenteral es reducida. Por otro lado, antibióticos como los macrólidos, a pesar de las limitaciones impuestas en su uso por su estatus con respecto a la resistencia, son ideales para uso parenteral en cuanto a su biodisponibilidad. Al ser bases orgánicas débiles deben alcanzar altos niveles en leche siempre que el pH de la misma no se haya modificado en exceso como consecuencia de la infección.

Resultados y discusión

De esta forma, con respecto a los principales datos preliminares obtenidos en el estudio mencionado, se observa que aplicando tilosina por vía i.m. en combinación con cánulas por vía i.c. de penicilina/estreptomicina se obtiene curación bacteriológica en al menos el 78,6% de los casos de mastitis por S. uberis, incluyendo una cepa resistente a eritromicina (tabla 1). Además, el 71,4% de los casos mostraron una reducción importante del RCS por debajo del límite de 200.000 células/ml (tabla 2).

Para otras combinaciones de antibióticos, aunque el número de muestras es aún inferior, se observan resultados aceptables. Así, la combinación de tilosina i.m. y cefalexina i.c. conduce a tasas de curación bacteriológica aún más elevadas que la descrita anteriormente, incluyendo también cepas resistentes a la eritromicina.

Otro aspecto destacable son las nuevas infecciones observadas en algunos animales tras la eliminación de S. uberis de un cuarterón con mastitis. En caso del protocolo convencional, las bacterias que aparecen con más frecuencia tras el tratamiento con beta-lactámicos son del género Staphylococcus, presentes comúnmente en explotaciones bovinas y resistentes frecuentemente a este grupo de antimicrobianos. Su tratamiento suele resultar complejo. En el caso de emplear tilosina i.m., la bacteria más habitual en nuevas infecciones es Corynebacterium bovis, cuyo abordaje suele resultar mucho más sencillo desde el punto de vista terapéutico en comparación con Staphylococcus spp. La sensibilidad del género Staphylococcus a los macrólidos es elevada.

Otro de los factores que condicionaba la rentabilidad del tratamiento en lactación era el coste del mismo. A este respecto, la combinación con tilosina suele ser una opción terapéutica de coste más reducido que la aplicación de beta-lactamicos por ambas vías.

Los resultados obtenidos en el presente estudio son altamente satisfactorios debido al buen nivel de curaciones bacteriológicas obtenidas frente a S. uberis, la importante reducción de RCS de leche en tanque y la reducción de la transmisión de infecciones mamarias, tan frecuente tras la utilización de otras alternativas terapéuticas.

La paja y otros materiales orgánicos usados como cama en explotaciones bovinas lecheras
pueden presentar altos recuentos de S. uberis.
La paja y otros materiales orgánicos usados como cama en explotaciones bovinas lecheras pueden presentar altos recuentos de S. uberis.
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