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PV ALBEITAR 51/2014    
El pietín ovino

El pietín ovino

El pietín o necrosis de la pezuña es una enfermedad infecto-contagiosa de los ovinos, de curso crónico, que produce destrucción de la piel interdigital y la matriz de las pezuñas.

Jorge A. Manazza
Coordinador de proyecto. Investigador del Grupo de Sanidad Animal.
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), Argentina
Imágenes cedidas por el autor

El pietín ovino se manifiesta con mayor frecuencia en los sistemas intensivos de crianza lanar, engorde de corderos y de producción de leche. En las explotaciones en las que se presenta las pérdidas económicas son importantes debido a su capacidad de contagio y poder de diseminación; de no controlarse rápidamente puede afectar hasta al 70% del rebaño.

El perjuicio se debe a menor producción de carne, leche y lana, además de la posible muerte de animales. Entre los problemas concretos que acarrea podemos mencionar una menor condición corporal, dificultades reproductivas por incapacidad de monta, reducción del índice de preñez y vida útil del animal, necesidad de mayor reposición por rechazo de hembras y machos.

Las cojeras prolongadas afectan a los resultados productivos del ovino, especialmente en razas lecheras, y producen estrés por dolor, disminuyendo la producción láctea hasta un 25% o más, según los casos.

En la producción de carne la incidencia es menor en explotaciones extensivas de cría, pero en sistemas de engorde de corderos a corral o estabulados, la prevalencia es superior al 25%. La infección se presenta también en cabras y ciervos, y es menos frecuente en vacunos.

Oveja con signos de pietín.

¿Cuál es su origen y su manifestación?

Esta afección está producida por dos bacterias denominadas Fusobacterium necrophorum y Dichelobacter nodosus, que actúan sinérgicamente. Del segundo microorganismo se han aislado cepas con diferente patogenicidad, lo que hace pensar que la intensidad de la infección, entre otros factores, depende de la virulencia de la cepa involucrada. Estos agentes proliferan bajo ciertas condiciones ambientales y son capaces de colonizar y lesionar las pezuñas.

Una vez establecida la infección permanecen allí durante años, actuando como potenciales diseminadores de bacterias para el resto del rebaño. Sin embargo, fuera de la pezuña no sobreviven más de 15 días, es importante tenerlo en cuenta para el control de la enfermedad.

La enfermedad está directamente relacionada con factores ambientales. La alta humedad a nivel del suelo y una temperatura ambiente mayor a 18 ºC favorecen su transmisión, y ocurre más frecuentemente en terrenos mal drenados, encharcados o inundables. Las condiciones climáticas de algunas regiones determinan que se presente en otoño y primavera, aunque también puede aparecer en veranos lluviosos. Explotaciones libres pueden contraer la enfermedad por la introducción de animales enfermos o portadores aparentemente sanos. Los ovinos criados en establos suelen afectarse con mayor frecuencia cuando los suelos permanecen húmedos y el ambiente no está bien ventilado. Es común en países tradicionalmente ovejeros y menos frecuente en zonas áridas y semiáridas.

Los factores de riesgo dependen del manejo, la higiene (limpieza, desinfección y ventilación de instalaciones), la alimentación, la carga animal, el tipo de suelo y los factores climáticos. En general, podemos decir que responde a variadas causas, muy conectadas entre sí y relacionadas, además, con el sistema de producción y manejo que se aplique. Los ovinos que pastorean rastrojos de trigo o cebada están más expuestos a posibles lesiones (dermatitis podal), ya que tallos duros lastiman las patas.

Es fundamental conocer los factores de riesgo en el momento de diseñar los programas de control, pero recordemos: siempre es más aconsejable y económico prevenir que curar.

La lesión comienza con inflamación de la piel interdigital (enrojecimiento entre las pezuñas) y claudicación leve (cojera). De no evidenciarse ni tratarse, evoluciona hasta la separación de la pezuña, comenzando por los talones, lo que puede generar desprendimiento total de la misma, y que el animal camine de “rodillas” o permanezca inmóvil y muera por imposibilidad de alimentarse. Si sólo está afectado un miembro, al no apoyarlo, la pezuña no se desgasta, y adquiere la forma característica de “zapato chino”. La lesión puede avanzar en profundidad, aparecer olor nauseabundo, agravarse la claudicación por dolor y sufrir complicaciones por invasión de moscas. La pérdida de peso se evidencia midiendo la condición corporal.

¿Qué hacer con el ganado afectado?

Lo primero será decidir si sólo se controla la enfermedad o si además se quiere erradicar. En este caso se aconseja hacerlo en condiciones ambientales favorables y con una prevalencia no superior al 15%. De no ser así, se sugiere el control temporal para bajar la prevalencia, evitar la diseminación de bacterias y mayor contaminación de animales, esperando mejor momento para intentar la erradicación, que sí que es posible.

El plan de trabajo comenzará en el periodo más seco del año, pasando todos los animales por la manga, revisando y recortando individualmente las pezuñas y apartando los afectados de los sanos. En esta primera etapa es fundamental examinar y evaluar minuciosamente cada animal, estableciendo una clasificación de acuerdo a si presentan o no lesión y al grado de evolución de la misma (lesión superficial o profunda). Esta clasificación se hará utilizando una escala de 6 grados (imagen), en la que el grado 0 corresponde a animales sanos y los grados 1, 2, 3, 4 y 5 a los enfermos, que en el caso de los dos últimos grados serán crónicos (de difícil recuperación). Durante el examen se procederá a recortar las pezuñas para facilitar el diagnóstico y posterior tratamiento. Se recomienda utilizar tijera de podar de calidad, cepillo, un instrumento para raspar y hay que identificar con marcadores a los enfermos, diferenciando por color aquellos con lesión superficial o profunda.

Clasificado todo el rebaño, los animales aparentemente sanos se hacen pasar por el pediluvio o por la pileta para lavado de patas. Algunos establecimientos en Argentina, Australia o Nueva Zelanda cuentan con infraestructura apropiada para este trabajo. Tiene dos compartimentos, el primero únicamente con agua, donde permanecen algunos minutos para ablandar y desprender el material adherido (tierra, materia fecal, etc.); es un “prelavado de patas”, luego el sector donde se realiza recorte y se completa la limpieza de pezuñas (cepillado con detergente), seguidamente pasan al pediluvio con una solución de sulfato de zinc al 10%. Este baño tendrá una duración de 30 minutos y se realizará agregando detergente no iónico que aumentará hasta 10 veces el poder de penetración.

Pediluvio para baño de patas.

Luego pasarán a un corral con suelo de cemento donde se escurrirán durante una hora. Posteriormente, se llevará a un cuadro de pastoreo, teniendo la precaución de hacerlo por un camino diferente al usado inicialmente para evitar la reinfección. Se destinarán sectores altos y secos del campo, en los que no haya habido ovinos u otros rumiantes en los últimos 15 días, ya que estos microorganismos no sobreviven más de ese tiempo en el suelo y al aire libre.

El grupo de animales enfermos (grados 1, 2 y 3) se someterá al mismo tratamiento que los sanos, respetando el tiempo del pediluvio y posterior secado de las patas. Estos ovinos se destinarán a potreros sanitarios evitando el contacto con los sanos. Se repetirán 2 o 3 tratamientos separados en el tiempo 7 días, previa revisión minuciosa de las pezuñas. Aquellos que han curado sus lesiones, pasarán a integrar el lote sano. Después del segundo tratamiento en el pediluvio y en animales en los que persista la lesión, siempre que su valor económico lo justifique, podrán administrarse antibióticos de larga acción.

Es fundamental eliminar del campo aquellos ovinos que no responden a los tratamientos y a los que presentan grados 4 y 5 de la infección (lesiones graves y crónicas, según clasificación), ya que generarán pérdidas económicas, de tiempo y actuarán como fuente de infección y contagio para el resto del rebaño. Después del trabajo realizado es fundamental examinarlos periódicamente para la detección precoz de lesiones. Los nuevos casos responderán al tratamiento por no presentar lesiones crónicas o graves; los reincidentes no se tratan, se retiran inmediatamente y se deben sacrificar.

Se deben apartar los animales afectados de los sanos.

¿Cómo prevenir la enfermedad?

En la prevención de esta enfermedad se tendrán en cuenta las buenas prácticas de manejo e higiene sanitaria (que mantienen el bienestar animal) selección genética, aplicación de vacunas y en casos necesarios pediluvios preventivos. Cuando se introducen animales en el campo es importante conocer los antecedentes sanitarios del establecimiento de origen. No obstante, se recomienda realizar un examen clínico individual, mantener a los animales en cuarentena durante 30-40 días y revisarlos después para asegurar su buen estado sanitario. Los vehículos de transporte o instalaciones ocupadas por ovejas con pietín deben desinfectarse bien antes de introducir ovinos sanos.

Respecto a la mejora genética, en todo rebaño existen animales naturalmente resistentes a esta enfermedad, una posibilidad es identificar y seleccionar esos animales para utilizarlos como futuros reproductores (carneros). Esto brindará mayores posibilidades de obtener crías resistentes, pues la “heredabilidad” de esta característica es buena. También existen criadores que prefieren seleccionar animales de pezuña negra, ya que consideran que presentan mayor resistencia frente a enfermedades podales. Es deseable encontrar una expresión fenotípica para determinados genes y una vez comprobado científicamente, aplicar la selección con riguroso método. Eso es posible y existen cabañas ovinas que ya lo practican.

Las vacunas frente a D. nodosus ayudan a proteger ovinos sanos con riesgo de contraer la enfermedad y aceleran la recuperación de los infectados. Su verdadera eficacia depende de la cepa que causa la infección y las que incluya la vacuna aplicada. Como única medida no permite controlar ni erradicar el pietín, sino que se considera efectiva si se toman otras medidas de control y prevención.

Todos los animales deben pasar por la manga para recortarles las pezuñas.
Todos los animales deben pasar por la manga para recortarles las pezuñas.
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