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En memoria de Santiago Fuentes Ibáñez, doctor en Veterinaria, especialista en transferencia de embriones bovinos

Santiago Fuentes Ibáñez.
Santiago Fuentes Ibáñez.

El pasado 17 de diciembre, querido Santi, por fin, descansaste y terminaste la lucha contra esa terrible enfermedad que te acució durante estos últimos cuatro años.

Fuiste un ejemplo extraordinario de dedicación y trabajo. El gran pionero de la técnica de trasplante de embriones en España aplicada a programas de mejora genética. Contigo la genética de la Frisona española llegó al nivel de la de muchos de los países punteros en genética Holstein… ¡Gracias, Santi!

Hiciste escuela. A cualquiera que te pidiera ayuda, precisara aprender de ti o necesitara algo le ofrecías todo lo que estaba en tu mano: llevarle en tu coche (¡¡aunque era difícil seguir tu ritmo de trabajo!!); enviarnos datos, fórmulas, protocolos…; participar en todos los foros y reuniones en España o en cualquier lugar del mundo; impartir clases y conferencias… ¡Gracias, Santi!

En 2014, en el congreso de ANEMBE, tu apreciada Asociación de veterinarios de vacas te hizo el homenaje que tanto te merecías, reconociendo tu trayectoria profesional en el campo de la reproducción, a ti, fiel socio, inestimable profesional e inmejorable amigo. ¡Cuán orgulloso estabas! ¡Cuánto lo agradeciste y lo valoraste! ¡Cuánto lloramos de emoción, incluso luego, recordando el momento!

Más de 25 años dedicado a la transferencia de embriones… Solo cito unos “pocos” datos, que recoges en tu tesis doctoral: 1.838 superovulaciones de vacas Holstein y 4.898 transferencias. Pero tenías casi el mismo número adicional de superovulaciones y transferencias bajo otras condiciones y en otras muchas razas. Más de 24.000 embriones pasaron por tu lupa. ¡Qué impresionante! ¡Gracias, Santi!

Sabías que nos abandonarías ya pronto, porque la maldita enfermedad avanzaba inexorablemente, pero no querías irte así. Y como signo de generosidad absoluta y porque aspirabas a que tu saber y experiencia quedara para todos (ésa era tu inquietud más apremiante, querido y entrañable Dr. Fuentes), hiciste un acopio descomunal de fuerza y de constancia… y escribiste tu tesis doctoral, ya en una fase muy avanzada de tu fatal ELA. Te apoyaron buenos compañeros, amigos y tu hermano, pero en muchos momentos estuviste muy tentado de tirar la toalla… Escribir, cada vez más incómodo e imposibilitado, la estadística, las correcciones sobre el borrador, las distintas opiniones de tus directores de tesis (nunca asumiste con agrado correcciones ¡genio y figura! ;)) y así pudiste dejar a disposición de toda la comunidad científica y del sector de la vaca de leche tu vasta experiencia… ¡Gracias, Santi! Si te hubieran dado algo de tregua lo habrías publicado en revistas científicas también… pero ya no llegaste. Tu dolencia fue ya imparable.

Me resulta hacedero evocar tu faceta profesional, pero cuando rememoro la personal me vuelve el nudo a la garganta… Te echaremos mucho de menos, queridísimo Santi: tu genio, tu buen humor, tus chistes “picantes” que vetabas para mí “por señorita”, tu risa contenida y traviesa, tu constancia y tu paciencia, tu amor a los tuyos… a tu difunta esposa, el inmenso orgullo por tus dos hijos, el cariño a tu hermano, a tu madre, a Sylvia… La vida no te fue fácil, aunque siempre te admirabas de las cuantísimas cosas que te había dado y cuán excepcionales fueron; pero igualmente, miles de veces, sobre todo al final, me aconsejaste vivir “a tope cada momento y disfrutar de mis más amados, porque la vida, igual que tanto nos da, sin avisar nos lo quita”. Bien sabías tú esto, estimado Santi. No fue esta enfermedad tuya la primera mala jugada que el destino te infringió… De ahí tu entereza ante estos baches de la vida, incluido el último, que ya se te llevó vertiginoso.

Gracias por todo, Santi. Sé que tengo una gran suerte por haberte conocido, por haber compartido un montón de experiencias a tu lado y por poder considerarme amiga tuya. Ahora siento que la vida, tal y como decías tú, me ha quitado a mí también algo importante. Pero tú quedas: en mi memoria, en la de todos los que te quisimos, en la de tus ganaderos, en la genética mejorada de nuestras vacas, en la calidad de tus trabajos, en la de la Historia de la Veterinaria Bovina (¡con mayúsculas!).

Y ahora, querido amigo, descansa, por fin, en paz…

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    2390 | Sylvia Aramendi - 05/04/2017 @ 00:50:40 (GMT+1)
    Gracias Susana por estas lineas de reconocimiento a nuestro querido Santi..... muy conocido en su entorno de trabajo , muchas amistades y colegas , pero tal vez pocos tuvimos el privilegio de compartir el día a día con un ser tan especial que se hizo querer incluso en su faceta mas exigente y comprometida; su profesión.....la vida me dio esta oportunidad y seré una eterna agradecida de haber vivido momentos entrañables junto a Santi. Engrandeciste no solo a la profesión sino al genero humano , por siempre en mi corazón..

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