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La importancia de invertir correctamente en la recría

¿Es mejor hacer la recría en la explotación o comprar las novillas?

Aún existen ganaderos que se preocupan poco de sus novillas, pero si el proceso de recría se hace correctamente se puede convertir en una de las actividades más rentables de la granja.

Sergio Santos
Asesor explotaciones de rumiantes
http://sergiosantoslopez.com/
Imágenes cedidas por el autor

Muchos ganaderos se preguntan si es conveniente o no realizar su propia recría o comprar animales a otras granjas con prestigio o renombre y que en teoría tienen “mejor genética”. Para tener una respuesta precisa a esta pregunta sería necesario conocer exactamente cuál es el coste de recriar las propias novillas: alimentación, mano de obra dedicada a ellas (horas al mes), gastos en vete­rinarios y sanitarios, porcentaje de los costes fijos y variables achacables a ellas (amortizaciones, gestoría, seguros, com­bustibles, agua, luz, etc.). A ello habría que añadir los problemas de manejo que puede suponer tenerlas apartadas del resto del rebaño. Y no se puede olvidar el coste de oportunidad de tener fincas e instalaciones dedicadas a ellas, es decir, el dinero que estamos dejando de ingresar por no dedicar esos bienes a producir.

En la mayoría de las explotaciones de vacuno de carne no se cuenta con esos datos porque no se hace una clasificación tan detallada de los costes. Cada vez más granjas de vacuno lechero son capaces de indicar cuál es el coste por novilla recriada o por litro de leche producida. En el caso de no disponer de los datos exactos, se pueden estimar a partir de los datos tota­les, aunque se pueden cometer errores que lleven a conclusiones erróneas. Aún así, y en ausencia de los datos económicos, siempre que el manejo y las instalaciones lo permitan suele ser muy interesante recriar hembras si se realiza correcta­mente, ya que tiene múltiples beneficios.

En cuanto a la recría de sementales en vacas nodrizas solo está recomendada para rebaños muy grandes, con muy buena genética y con un control muy estricto de los cruzamientos para evitar consanguinidad. Por ello normalmente los sementales van a proceder de explo­taciones externas especializadas en selec­ción genética. El uso de inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) se está mos­trando como una opción muy rentable e idónea, aunque es cierto que se suele repasar con toros tras una o dos insemi­naciones por lo que en la mayoría de las granjas van a seguir siendo imprescindi­bles los sementales. En vacuno lechero la relación calidad/precio de las dosis semi­nales frente a la monta natural no ofrecen ninguna duda sobre lo adecuado que es olvidarse de tener toros. En algunas gran­jas mantienen a un semental para casos puntuales de vacas multirrepetidoras, aunque habría que valorar si el uso que se da justifica los costes económicos y de manejo que conlleva.


Beneficios de la recría de novillas

El criterio económico es muy importante a la hora de decidir recriar novillas, pero no es el único que se debe tener en cuenta ya que existen otros beneficios.

Selección

Hay que ser realista. Nadie vende a sus mejores terneras. Las mejores novillas se seleccionan para quedarse en la granja y el resto se destinan a la venta. Solo en casos muy puntuales como granjas que cierran tendremos acceso a todas las hembras para poder seleccionar las que queremos. Esto no quiere decir que las que compremos no sean muy buenas (incluso mejores que las recriadas en la propia finca), pero no debemos enga­ñarnos a nosotros mismos. En vacuno lechero es imprescindible valorar los méritos genéticos de las novillas que vamos a comprar, y siempre que se pueda sería muy conveniente realizar una prueba genómica a cada animal.

Emocional

El trabajo de ganadero tiene un compo­nente vocacional fundamental. El vínculo emocional que se crea con los animales nacidos “en casa” es mucho más fuerte que con los que se compran. Obviamente no debería ser el factor que más pese al tomar la decisión, pero no debemos olvi­darlo. Además, todo ganadero tiene en su cabeza a la “vaca ideal”, y solo si es él el que selecciona se orientará a ese objetivo.

Prestigio

Fundamentalmente en granjas que se dedican a la venta de animales para vida (selección genética), el prestigio que se obtiene como criador es mucho mayor que el que obtiene como propietario. Recordemos que en los datos de todos los animales que van a concursos y que se venden aparece dónde nació, y de manera indirecta, la granja de origen recibe los premios y reconocimientos que el animal obtenga durante su vida. Gozar de un gran prestigio dentro de cualquier raza, permitirá al ganadero vender todos los animales a un precio mayor.

Datos

La selección de la recría no solo se debe hacer por el fenotipo. Hasta que conte­mos con datos genómicos en el vacuno de carne, los datos de un animal que com­pramos no van mucho más allá de poder ver a sus padres. En el mejor de los casos contamos con la valoración genética de su padre si es fruto de la inseminación artificial o procede de un plan de mejora genética (aunque en este caso la fiabili­dad suele ser baja por tener pocas crías evaluadas). Cuando recriamos a nuestros propios animales podemos seleccionar de las mejores madres observando otros criterios que muy difícilmente conoce­remos de los animales comprados: fer­tilidad, cualidades maternales, manejo, facilidad de parto. Por suerte, en vacuno lechero con los datos que nos aporta la genómica, podemos conocer perfecta­mente lo que estamos comprando, pero inexplicablemente la mayoría de las ope­raciones de compra-venta no se acompa­ñan de estos índices.

Adaptación al mercado

Todo ganadero debería conocer el mer­cado al que se dirige y por tanto seleccio­nar como futuras madres a los animales que mejor se adapten a sus compradores. En función de lo que se produzca se uti­lizarán distintos criterios. Los que producen terneros para carne deberán adaptarse a lo que demande su clientela en cuanto a tamaño de la futura canal, conformación, calidad de la carne, rendimiento, índice de transformación, crecimiento diario. Y los que se dedican a la venta de animales para vida deben conocer qué buscan sus compradores: líneas genéticas de moda, precocidad de crecimiento, desarrollo muscular y/o esquelético, facilidad de parto, cualidades maternales. En el caso de las vacas de leche también se puede afinar la selección buscando los pará­metros productivos y morfológicos que necesita nuestro rebaño: tipo, sólidos, resistencia a mastitis, longevidad, kilos de leche, etc.

Sanitario

No debería ser necesario decir que cuando se compren animales de recrío se soliciten analíticas y se rechacen a los positivos a las enfermedades frente a las que luchamos en nuestra granja. Lamentablemente, cada día se compran y venden novillas con la única prueba del saneamiento oficial. Las enfermeda­des que como mínimo deberían exigirse en una compra de hembras son: IBR, BVD, neosporosis, paratuberculosis y test de mastitis (en vacuno lechero). En el caso de machos habría que añadir tricomoniasis, campilobacteriosis y una prueba de aptitud de monta que incluya espermiograma. Además de estas, se pueden incluir otras que sean importan­tes a nivel local o regional: besnoitiosis, fiebre Q, etc.

Suponiendo que se exijan esas analí­ticas y que los animales estén libres de ellas, las novillas recriadas aún presentan ventajas desde un punto de vista sanita­rio. Estarán más adaptadas y descende­rán de los animales más resistentes a las enfermedades endémicas en la zona en la que se sitúe la explotación.

Adaptación

Al igual que en el caso sanitario, los animales procedentes del recrío propio deberían ser los descendientes de los más adaptados al medio ambiente en el que se encuentre la granja: especialmente fuer­tes de aplomos, más resistentes al frío o al calor, etc. Lo que para algunas explota­ciones es una virtud puede ser un defecto para otras. Por ejemplo, para algunos lo ideal serán hembras con buenas cor­namentas y gran instinto maternal para defenderse de ataques de lobos frente a otros que buscarán vacas acornes y muy dóciles que faciliten el manejo.

Económico

En el caso de que se tengan datos eco­nómicos del coste de recrío se debe com­parar con el coste de comprar animales similares fuera. Si bien se suele asumir que es más económico recriar que com­prar hay muchas situaciones que pue­den hacer que este balance no sea así. En vacuno lechero, y en menor medida en vacas nodrizas, existen granjas en las que las instalaciones no permiten ocupar patios con novillas, o por un mal manejo tienen una mortalidad muy alta en ter­neras; en estos casos hay que comparar la compra con el coste de externalizar a granjas especializadas el recrío de nues­tras novillas. En el supuesto de que este­mos comprando animales de otro tipo al que tenemos actualmente (puros, con carta genealógica, de otra raza, etc.) la comparación deberíamos hacerla con la compra de embriones o con la realización de un cruce por absorción. Si el plantea­miento de la compra es para aumentar el censo de reproductoras deberíamos com­parar con el tiempo que vamos a necesitar para alcanzar ese número con nuestras propias crías y los costes de oportunidad asociados, valorando la opción de utilizar semen sexado. En estos últimos casos, sí que puede ocurrir que la evaluación eco­nómica se decante hacia la compra.


Recrío correcto

Cuando se seleccionan las propias hem­bras, una vez valorados los beneficios y costes del proceso de recría, se deben considerar una inversión. En un negocio hay que intentar maximizar el retorno económico de toda inversión (beneficio/ coste). Muchos ganaderos consideran que el cuidado de las novillas es uno de los aspectos de la granja menos importante y este es un error con grandes costes econó­micos. Estas son las estrategias que harán que la recría de novillas sea rentable.

Adelantar el primer parto

Hasta que no se empieza a ordeñar una novilla o se desteta a la primera cría todo han sido costes. En ese momento empieza la amortización de la inversión. Por ello, cuanto antes podamos preñar a las terneras, antes empezaremos a obtener beneficios. Además, se ha visto que las novillas que paren más jóvenes tienen una mayor productividad y lon­gevidad que las que lo hacen con más de 30 meses. Las novillas de carne que paren con 24 meses producen de media 0,7 terneros más. En novillas frisonas por cada mes por encima de los 23 para el primer parto, se produce una pérdida de 0,9 kg/día de leche en la primera lactación. También se ha comprobado que la fertilidad es más alta en animales de unos 15 meses que en las novillas más viejas.

La cifra que se suele dar como refe­rencia para empezar a preñar a las ter­neras es cuando alcancen el 55 % del peso vivo (PV) adulto. En realidad sería mejor fijarse en el desarrollo corporal que en el PV, ya que la condición cor­poral (CC) nos puede distorsionar el valor. La edad en la que se alcanza este tamaño supone que el primer parto ocu­rra desde los 19 meses a los 26 según la precocidad de la raza (en torno a los 21-23 meses en frisonas y a los 24 en razas cárnicas).

Para que las terneras lleguen con un correcto desarrollo a los 11-15 meses, se debe asegurar un buen manejo y ali­mentación toda la vida. Desde asegurar un buen encalostrado, correcto destete y una dieta adecuada sin carencias ener­géticas ni proteicas hasta el momento de la pubertad. La CC (escala 1-5) durante todo el periodo no debe bajar nunca de 2,5 ni ser superior a 3,5. Cabe destacar que el efecto epigenético de la nutri­ción durante edades muy tempranas (e incluso el desarrollo embrionario) va a afectar a la producción del resto de la vida del animal. El 22 % de la varia­ción de la producción lechera de la pri­mera lactación depende de la nutrición durante los dos primeros meses de vida (entre 4 y 8 veces más que el efecto de la selección genética).

La llegada de la pubertad va a condi­cionar el momento en el que las novillas comiencen a quedar gestantes. Es muy útil revisar el desarrollo de ovarios y cuernos uterinos antes de comenzar la cubrición porque los animales con ausen­cia de folículos y poco desarrollo van a tener unos malos resultados reproduc­tivos. Los protocolos hormonales para inseminación a tiempo fijo (IATF) pare­cen tener un efecto beneficioso sobre el adelanto en la edad en la que las novillas quedan gestantes.

Control sanitario

Los animales de recrío tienen que tener aplicadas todas las vacunas y tratamien­tos sanitarios de la explotación previos a la primera cubrición. Es importante remarcar (dado que se suelen cometer errores en este sentido) que muchas vacunas necesitan revacunación la pri­mera vez que se aplican. Además, poder trabajar con un lote de animales que aún no están gestantes, permite utilizar vacu­nas vivas sin riesgo a que se produzcan reabsorciones y abortos.

Correcto cruzamiento

En vacuno de leche es muy recomen­dable la utilización de semen sexado en todas las novillas siempre que no haya graves problemas de fertilidad. Por un lado conseguimos partos más fáciles al nacer hembras; en segundo lugar obte­nemos terneras de las que deberían ser los mejores animales desde un punto de vista genético; y en tercer lugar, por­que las hijas de novillas primerizas son mejores tanto en aspectos productivos como reproductivos gracias a mecanis­mos epigenéticos.

En vacuno de carne no hay tanta dis­ponibilidad de semen sexado e incluso en algunas razas autóctonas no hay nada disponible. Por ello, es más importante aún si cabe seleccionar dosis de semen o toros que vayan a garantizar un parto fácil. Además, aunque están menos estudiados los mecanismos epigenéti­cos, las hijas de novillas también debe­rían ser las mejores tanto en genotipo como en fenotipo. Dejar descendencia de las novillas no está muy extendido en el sector de las vacas nodrizas. Son muchos los ganaderos que nunca crían los frutos del primer parto, ya que sue­len tener algo menos de desarrollo físico por la menor producción de leche de sus madres y aún se desconoce cómo va a ser la evolución y los frutos de la que es hoy novilla.

En el momento de elegir las dosis semi­nales, además de seleccionar a los toros que tengan mayor facilidad de parto, hay que buscar sementales que transmitan buenas cualidades maternales para las futuras reproductoras. Estas dosis de semen suelen ser las más caras, lo cual es una razón más para usarlas en novillas puesto que son los animales más fértiles de la granja.

Previsión

La selección de las futuras reproductoras se debe hacer ya antes de elegir las dosis seminales o los toros con los que se van a cubrir las vacas. Como podemos saber de antemano cuántas novillas vamos a nece­sitar, es fácil calcular las vacas que vamos a destinar para ese fin. Podemos poner un ejemplo de cómo realizarlo:

  • En una explotación de 100 vacas se quiere una tasa de reposición anual de un 15 %, es decir, 15 novillas nuevas cada año. Se desea que toda la reposi­ción venga de toros de inseminación artificial. Solo vamos a realizar una inseminación con semen no sexado y se repasará con toros para la produc­ción de carne. En primer lugar se inse­minan las 15 novillas del año anterior. Si se asume un 66 % de fertilidad, una tasa de abortos de un 6 % y que un ternero va a morir en el parto de las 15 novillas obtendremos 4 hembras. Para llegar a las 16, por si alguna ter­nera muere durante la cría, y teniendo en cuenta que la fertilidad de las vacas es del 60 % se deberían inseminar en total a las mejores 60 vacas. Las otras 25 se pueden cubrir con toros de cualidades carniceras. Otra manera sería inseminar y repasar con un toro con características para recriar. En ese caso solo se necesitarían las mejores 20 vacas y el resto podrían ir a cruce industrial.
  • En una explotación de leche con una tasa de reposición del 30 % si se usa semen sexado en novillas para las dos primeras inseminaciones con una fer­tilidad de un 55 %, obtendremos el 65 % del recrío de esas dos IA (10 % de bajas o abortos y 5 % de machos), es decir, 20 hembras. Otras 3 podrían proceder del resto de inseminaciones con semen no sexado a las novillas, y las últimas 7 de las mejores 20 vacas que haya en la granja a las que se inse­minaría pudiendo elegir toros con par­tos más difíciles. A las otras 65 vacas podemos inseminarlas con toros de carne u optar por toros de leche para vender novillas en un futuro.
En conclusión, si el proceso de recría se hace correctamente, se puede conver­tir en una de las actividades más renta­bles de las que se realizan en la granja. Por desgracia aún existen demasiados ganaderos que se preocupan poco de sus novillas, no realizan una selección y cru­zamientos adecuados y retrasan dema­siado el momento del primer parto.
La importancia de invertir correctamente en la recría
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