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PV ALBEITAR 40/2014    
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Curvas de crecimiento: Su estimación e importancia en la nutrición

Última actualización 27/10/2001@17:32:24 GMT+1

Al momento de evaluar los elementos que aumentan la rentabilidad de la producción porcina se deben priorizar aquellos capaces de ser modificados por el productor. Con el control del crecimiento y de la eficiencia alimenticia se puede manejar la competitividad. En el periodo entre los 25 y los 100 kg de peso vivo, los cerdos consumen lo que representa más del 70% de los costos de producción, por lo tanto, es en esta etapa cuando se tienen las mayores oportunidades para incrementar la productividad y la eficiencia. En lo que a nutrición se refiere, se deben cubrir los requerimientos con el menor costo posible y la mayor productividad, así el crecimiento magro debe entenderse como la unidad de proceso en la que se centre la producción. La dieta a ofrecer depende de los requerimientos del animal y de su capacidad de consumo. La masa de proteína muscular es la que más contribuye a explicar el requerimiento de un animal en crecimiento, el problema es que las tasas de crecimiento magro no son constantes, varían factorialmente en función del genotipo, sexo y edad del animal y son particulares de cada explotación por lo que las generalizaciones obligan al error. Por lo anterior, cualquier recomendación de requerimientos nutricionales debe ser contemplada sólo como una sugerencia o como un patrón de comparación. Para estimar el tejido magro libre de grasa, lo más fácil es someter a una muestra representativa de los tejidos diseccionados a una determinación de grasa y por diferencia se obtiene el valor de la proteína depositada. Sin embargo, se puede recurrir a la aplicación de métodos matemáticos de predicción y se obtendrá una deposición diaria de magro equivalente a la pendiente de una función lineal que incluye la suma de la respuesta durante toda la fase del crecimiento. Pero el crecimiento es alométrico y se manifiesta curvilíneo. El crecimiento magro es relativamente pequeño al principio de la engorda, se incrementa rápidamente (llegando al máximo entre los 40 y 75 kg de peso vivo) y luego disminuye con diferente intensidad; por lo tanto, no basta con saber cuál es la tasa general de crecimiento magro (su manifestación lineal), es importante conocer las desviaciones y entender sus causas para sacar ventaja de ello.
Desde el punto de vista de la nutrición, el crecimiento magro sirve para estimar la deposición de proteína y, de ésta se estiman los requerimientos a través de diferentes modelos. Pero se debe tener en cuenta que la estimación de los requerimientos es incompleta si no se conoce el consumo voluntario de alimento ya que este último es necesario para ajustar la densidad de los nutrimentos en la dieta, además de ser la primera indicación de la interacción del animal con su ambiente.
Con toda la información vertida en este trabajo se tienen las condiciones para concluir en las recomendaciones de un programa de alimentación, así como en el diseño de las restricciones de formulación de los alimentos.

Introducción

Todos los que participamos en la producción de cerdos rutinariamente tomamos decisiones sobre muchas cuestiones y detalles: reconocemos y nos ufanamos de la importancia de la genética; nos asaltan las pérdidas por mortalidad y reconocemos la importancia del control de enfermedades como una medida para asegurar la productividad; sabemos que la eficiencia alimenticia es un factor clave en la producción y nos preocupan las cuestiones sociales, de los cerdos y de la gente.

Por otro lado, la infinidad de pormenores que atañen a la producción han hecho que se dé prioridad a las áreas críticas. Sin embargo, habría que reflexionar sobre los criterios que se siguen para la asignación de prioridades. Por ejemplo, no puede obviarse la atención a los lechones recién destetados, porque el retraso en el crecimiento o la mortalidad que se provocarían dañarían severamente la rentabilidad. Lo mismo sucede, en sus términos, con las cerdas reproductoras, pero muy frecuentemente desdeñamos a los cerdos en la engorda porque, en la etapa, la atención se pone en asuntos realmente secundarios como el precio del alimento o el precio de venta. Es cierto que los precios son muy importantes pero, si se califican como cuestiones secundarias, es porque rara vez queda en manos de los porcicultores modificarlos, y cada día se depende más de la globalización. En cambio, con el control del crecimiento y de la eficiencia alimenticia se puede manejar la competitividad.

Durante la engorda, los cerdos tienen mayor capacidad de defensa a las agresiones del medio o a las que inflingimos por fallas de las instalaciones, del equipo, del manejo o de la alimentación pero, entre los 25 y los 100 o 110 kg de peso, los cerdos consumen más del 70 u 80% del alimento en la granja y representan más del 70% de los costos de producción, por lo tanto, también es en este período cuando se tienen las mayores oportunidades para incrementar la productividad y la eficiencia.

Sin embargo, los datos para evaluar e interpretar el comportamiento productivo son muy limitados. En el mejor de los casos se tiene la edad, el peso al sacrificio y alguna estimación del rendimiento magro terminal pero, entre los 25 o 30 kg y el peso al mercado, no hay ninguna indicación de la respuesta productiva y menos del consumo de alimento durante las diferentes etapas. Entonces, con una gran capacidad de adivinación, se establecen programas de alimentación por fases, se definen estrategias para el manejo de fármacos y aditivos, se califica la bondad de una etapa sobre otra, se seleccionan los reproductores y se establecen o aplican programas de mejoramiento genético. La verdad es que todas estas muy trascendentes decisiones se toman a pasado, se reacciona cuando ya no es posible corregir y para prevenir se depende sólo del soporte de información en una caja negra (y valga la alegoría a las catástrofes aeronáuticas).

En Nutrición el reto es cubrir las demandas de los animales optimizando el uso de los ingredientes para alimentación con la mejor rentabilidad, esto es con el menor costo posible y con la mayor productividad. Entonces, el punto de partida obvio debe ser el establecimiento de los requerimientos del animal y su estimación en función del incremento en la generación del producto: la carne, que no es el cerdo. Por esto, el crecimiento magro debe entenderse como la unidad de proceso en la que se centre la producción.

El tejido magro

Universalmente se acepta al tejido magro como la masa corporal de músculo esquelético. Sin embargo, el tejido magro tiene diferentes concepciones. Industrialmente, el tejido magro son los cortes primarios de la canal, como sea que se fabriquen en cada Empresa, típicamente: pierna, lomo, cabeza de lomo, espaldilla y se excluye a la panceta o tocino. Al respecto, generalmente se hace referencia a los cortes deshuesados y siempre se deberá especificar la forma del corte y la cantidad de grasa superficial que se remueva. En términos más académicos, el tejido magro es la disección del músculo esquelético (de los cortes primarios) para separar todo el tejido óseo, graso y conectivo, pero permitirá cierta cantidad de grasa infiltrada en el músculo: en el pasado se aceptaba hasta el 10% de grasa infiltrada, más recientemente sólo el 5 o el 2%. En Nutrición y Fisiología del crecimiento, la estimación del tejido magro exige que sea el músculo esquelético libre de grasa, porque la grasa superficial, o infiltrada, es una gran fuente de variación y porque finalmente la materia seca del músculo libre de grasa es proteína.

¿Por qué la estimación de la ganancia de tejido magro?

Las respuestas a la pregunta ¿qué dietas se deben ofrecer y en qué momento? dependen de los requerimientos del animal y de su capacidad de consumo de alimento. Los ingredientes, su disponibilidad y costo o el valor del producto, actúan sólo como moduladores de la demanda y de la provisión para ubicarlos en un contexto económico.

Los requerimientos no son una función constante del consumo, son variables y dependen tanto de factores asociados al animal, como de efectos ambientales (climáticos, de salud o sociales). Pese a esta variación, existen constantes que facilitan la estimación de las demandas del animal. Por ejemplo, el contenido de Ca++ en el hueso tiene un rango de normalidad y el perfil de aminoácidos de una proteína siempre será el mismo, por lo tanto, la composición de aminoácidos de un tejido será el de la suma ponderada del perfil de aminoácidos de sus proteínas.

Por supuesto, la demanda de proteína y aminoácidos del animal es la suma ponderada de los requerimientos particulares de cada uno de los tejidos, tanto que durante el crecimiento, la acumulación de músculo esquelético explica entre el 36 y el 46% de la ganancia de peso; la demanda para la síntesis de magro, más el requerimiento de otros tejidos, es finalmente lo que define el requerimiento.

Para simplificar las cosas, al considerar el proceso de recambio (ciclo permanente de síntesis, degradación y re-síntesis de proteína en el metabolismo) la masa de proteína muscular es la que más contribuye a explicar el requerimiento de un animal en crecimiento, porque, en comparación de otros tejidos, el músculo tiene una tasa metabólica relativamente lenta, mientras que su masa es relativamente grande. El problema es que las tasas de crecimiento magro no son constantes, varían factorialmente en función del genotipo, sexo y edad del animal. Aún cuando cada día se sabe más sobre los efectos que el ambiente (físico, climático, de salud y social) tiene en la regulación de la expresión de la acumulación de las masas proteicas en el organismo, es necesario aceptar que las tasas de crecimiento magro son específicas a las situaciones que enfrente el animal, particulares a cada explotación, genotipo y sexo, por lo que las generalizaciones obligan al error.

Por lo anterior, cualquier recomendación de requerimientos nutricionales debe ser contemplada sólo como una sugerencia o como un patrón de comparación. Por lo mismo, una recomendación de valor siempre hará referencia a la cantidad de tejido magro (libre de grasa) que sea depositado en la canal. Por ejemplo, el Cuadro 1 muestra, en condiciones idóneas, la respuesta de cinco genotipos representativos de la situación comercial a principios de los años noventa (Gu et al., 1992). Los requerimientos de lisina de esas poblaciones se estimaron en un rango de 18 a 22 g/d, o del 0.56 al 0.70% de la dieta.

Cuadro 1. Consumo de alimento y crecimiento magro de cinco genotipos

Genotipo

Consumo de alimento, kg/d

Ganancia diaria de peso, kg

Crecimiento magro, g/d

A

3.150

0.916

329

B

3.020

0.924

361

C

3.060

1.010

390

D

3.240

1.001

332

E

3.030

1.017

393

Para aproximar el requerimiento de lisina el dato esencial es la ganancia de tejido magro; sabiendo que este tejido es básicamente proteína (con cierta variación, normalmente la proteína en el tejido es cercana al 40% del total), con tres supuestos fundamentales se pudo calcular (Ellis, 1998) el requerimiento de lisina a partir del contenido de proteína:

1.) Lisina es del 6.8 al 7.2 % de la proteína muscular.

2.) Aproximadamente el 60% de la lisina absorbida (o digestible, si es la digestibilidad ileal verdadera) se deposita en la canal.

3.) Se conoce (o se puede calcular) la digestibilidad ileal verdadera de la dieta (típicamente del 80 al 85%, dependiendo de los ingredientes).

Una nota de precaución es que de nada sirven las estimaciones teóricas o supuestas del crecimiento magro, porque el ambiente modifica la respuesta animal. Por ejemplo, un genotipo puede tener el potencial de producir una ganancia diaria de magro igual a 420 g/d, pero en la producción comercial y en los mejores casos, sólo resulta en los 340 g/d. Si el potencial de crecimiento magro de la línea genética se usara para calcular los requerimientos, el resultado sería un tremendo exceso de aminoácidos que seguramente reduciría la rentabilidad, pero incluso podría llegar a restarle productividad a los animales, como se discutirá posteriormente.

Estimación del crecimiento magro

La tasa de crecimiento magro es simplemente la diferencia, en kg de tejido magro, entre el punto de partida y el punto final, dividida ésta entre los días del periodo observado. Convencionalmente hemos adoptado el período general de medición como aquel entre los 20 y los 120 kg, porque los cerdos de 20 kg (independientemente de la edad) ya tendrán un tubo digestivo maduro y porque los pesos al sacrificio (aún en los mercados que prefieren canales más ligeras) se aceptan o tienden a ser de 120 kg. Además, existen disponibles modelos de predicción de los requerimientos, a partir de la ganancia de tejido magro, que exigen se incluyan datos durante toda la engorda, incluso con puntos que rebasen la edad o peso promedio al mercado para hacer válidas las proyecciones. Por su disponibilidad y accesibilidad, la propuesta del NRC (1998) debe ser revisada.

En esencia, la determinación del tejido magro de una canal es sencilla, pero laboriosa: consiste en la disección de los tejidos y la completa separación de la grasa. Para estimar el tejido magro libre de grasa, lo más fácil es someter a una muestra representativa de los tejidos diseccionados a una determinación de grasa (y proteína) y por diferencia se obtiene el valor de la proteína depositada. Sin embargo, y en un sentido eminentemente práctico, se puede recurrir a la aplicación de métodos matemáticos de predicción. Existe en la literatura un buen número de ecuaciones que permiten aproximar con bastante certeza el peso de la masa de tejido magro.

Por ejemplo, para cerdos con un peso vivo menor a los 50 kg, se podría aplicar la ecuación de Brannaman et al. (1984):

Masa de tejido magro, kg = 1.59 + (0.44 × Peso vivo, kg)

Cerdos de 20 kg tendrían 10.39 kg de tejido magro ~ 67% de la canal.

Para cerdos con 120 kg, se podrían usar mediciones en la canal. Dependiendo de las ecuaciones que se usaran, se requieren datos, cuando menos, del peso en canal (es necesario revisar cómo define el sistema de ecuaciones la canal: con cabeza o no, ¿incluye las patas, grasa interna, riñones, piel, canal caliente o refrigerada?) y la medición cuando menos de grasa dorsal (definiendo el punto de medición: sobre la línea media o en P2 = a 6.5 cm de la línea media; a la altura de la décima o última costillas, sobre la primera vértebra dorsal, etc.) y, en muchas, la profundidad del músculo largo dorsal o su superficie (con las mismas consideraciones que para la grasa dorsal). Son importantes las unidades (del sistema métrico decimal o del sistema inglés) y los aparatos de medición, porque finalmente existe un error instrumental y humano inherente al método.

Aplicando los métodos anteriores se obtendrá una deposición diaria de magro que será equivalente a la pendiente de una función lineal que incluye la suma de la respuesta durante toda la fase del crecimiento, la ventaja es que el procedimiento es bien sencillo y puede ser muy barato (aceptando el error, se podrían usar los informes de rendimiento magro que ya muchos mataderos y empacadoras emiten), pero el crecimiento es alométrico y se manifiesta curvilíneo. Por lo tanto hay un gran riesgo de sesgo, por las fuentes de error antes mencionadas y porque la estimación del requerimiento sólo se supeditará a las diferencias medidas en el consumo (a las diferentes edades o pesos corporales), porque la ganancia de magro se supondrá constante.

En términos absolutos, el crecimiento magro es relativamente pequeño al principio de la engorda, pero se incrementa rápidamente (llegando al máximo entre los 40 y 75 kg de peso vivo) para luego disminuir (Schinckel et al., 1996) con diferente intensidad; las divergencias descansan en la magnitud de las pendientes de las curvas de crecimiento. Por esto mismo, las diferencias en el crecimiento magro de diferentes líneas genéticas, sexos o condiciones de producción, son muy sutiles inicialmente, pero al final de la engorda la diversidad es enorme, porque las líneas de selección genética no han considerado el perfil de la curva de deposición de magro (que resulta ser aleatoria) y porque el ambiente (como lo hemos definido) y la dieta provocan importantes desviaciones. Por lo tanto, no basta con saber cuál es la tasa general de crecimiento magro (su manifestación lineal), es importante conocer las desviaciones y entender sus causas para sacar ventaja de ello.

Curvas de crecimiento magro

Desde el punto de vista de la Nutrición, el crecimiento magro sirve para estimar la deposición de proteína y, de ésta se estiman los requerimientos. Si se tiene la tasa de crecimiento magro general (principio a fin de la engorda), la tasa de acumulación de proteína en la canal se puede calcular para un rango de peso vivo (Whittemore et al., 1988; Schinckel et al., 1996), por ejemplo aplicando la siguiente ecuación:

Acumulación de proteína, g/d = (a + aM) · e [(b - bM) · peso + (c - cM) / peso + (d + dM) · peso2]

En donde:

M = tasa diaria de crecimiento magro, g.
Peso = peso vivo, kg (2 = al final del periodo).
a, b, c, d = constantes.

Schinckel et al., 1996.

Con la sencillez del método, porque usa datos que fácilmente pueden estar disponibles en diferentes escenarios de producción, tiene la desventaja de que ajusta la estimación a una curva única, por lo que termina siendo tan limitada en su aplicación como las tasas generales de crecimiento, como se describieron antes.

La única forma de eliminar la variación metodológica (que es la aproximación a una media teórica) es conociendo la desviación que sucede en cada población de cerdos dentro de explotaciones y entre granjas, esto es, desarrollar curvas propias de crecimiento. El principio es sencillo: simplemente grupos de cerdos, tantos como diversidad se tenga en la población (i.e., sexos, líneas de cruzamiento), se alimentarán con una dieta que no limite el consumo de ninguno de los nutrimentos esenciales y se pesarán periódicamente (a intervalos máximos de 21 días) desde los 20 kg de peso corporal, midiendo además en cada ocasión la profundidad de la grasa dorsal y del músculo largo dorsal con un equipo de ultrasonido, preferentemente uno de tiempo real, o bien uno de Tipo A siempre y cuando sea efectivo y se haya validado por observaciones directas en la canal a los diferentes rangos de peso en que se usará (o por comparación de las mediciones contra un equipo de tiempo real).

Una vez capturada la información, se tendrán los datos como se requirieron antes (i.e., al principio y al final de la engorda), pero habrá observaciones intermedias, con las que se podrá notar el perfil de la curva. Entonces serán necesarios análisis de regresión para desarrollar las ecuaciones de predicción de la ganancia de peso, de la ganancia de tejido magro y de proteína, pero también para describir la relación entre el peso corporal, los kg de magro y la proteína corporal, con lo que se podrán estimar las tasas relativas de acumulación, pero se tendrán que usar funciones alométricas:

Y = a · Xb

Donde Y son los kg de magro, X el peso vivo (en kg), a es el intercepto y b la pendiente.

Este esquema para modelar matemáticamente puede ser complejo y requiere de los conocimientos de especialistas, tanto en el manejo estadístico de la información, como en la interpretación de los resultados biológicos. Otra opción es usar las ecuaciones de predicción adecuadas al método de medición (por ejemplo, NPPC, 1991; Cisneros et al., 1996; Velásquez y Belmar, 1998; Mejía et al., 1999), para calcular el peso del tejido magro y las ganancias entre los períodos de medición. Con las ganancias de magro, se podrán usar modelos ya desarrollados para estimar la deposición de proteína y con éstos predecir los requerimientos. Obviamente se perderá precisión y es posible que los datos de una situación particular estén fuera del rango de normalidad de las ecuaciones, resultando en datos aberrantes. Sin embargo, en la mayoría de los casos puede alcanzarse una buena aproximación.

Por ejemplo, el modelo del NRC (1998), software distribuido en un CD-ROM con la misma publicación, permite la creación de ecuaciones propias con un programa de manejo de bases de datos. El método es simple y consiste en la creación de una ecuación (cúbica) que describe la desviación porcentual de la media del crecimiento del tejido magro libre de grasa en la canal (Y), que será peculiar a cada población, por ejemplo:

NRC (1998): Y = 0.0043 + 0.0598X - 0.0009X2 + 0.000003X3

Machos: Y = 0.0821 + 0.0609X - 0.0008X2 + 0.000002X3

Hembras: Y = 0.2742 + 0.0383X - 0.0005X2 + 0.000003X3

Al graficar los resultados de estas ecuaciones en cinco puntos de X, por ejemplo 20, 40, 60, 90 y 120 kg de peso corporal, se podrán apreciar las diferencias en los perfiles del crecimiento magro; es indudable que las secuencias de los alimentos tendrán que ser diferentes para cada población y que la ecuación patrón (por omisión) en el NRC (1998) no es más que la expresión de la esperanza de una media.

Dispersión en la ganancia de magro durante el crecimiento

Obviamente, con los resultados de las ecuaciones anteriores no se puede hacer ninguna inferencia, a menos que la desviación porcentual se multiplique por la ganancia promedio de tejido magro libre de grasa (de 20 a 120 kg, como se ha discutido antes), pero estas ecuaciones podrán capturarse en el software del NRC (1998), con lo que la predicción de requerimientos será mucho más precisa que si se usa la ecuación patrón.

En el Cuadro 2, se comparan los resultados de la predicción en, tres fases de la engorda, usando la ecuación patrón del NRC (1998) para ambos sexos, o bien las ecuaciones particulares (Propia) para machos castrados o para hembras de una población conocida (Figura 1). Los datos se calcularon para una misma ganancia de magro de 20 a 120 kg (325 g/d, la del potencial de la población), pero se incluye una columna, al final del Cuadro, con los datos para machos castrados, con la ecuación propia, pero se incluyó en el modelo la ganancia de magro observada (de 20 a 120 kg: 290 g/d y no los teóricos 325 g/d) y, además, se ajustó el consumo voluntario de alimento al notado en la realidad en cada etapa. En todos los casos la EM de la dieta se mantuvo constante a 3.27 Mcal/kg (por ejemplo, la de una ración maíz-pasta de soya).

Comparando los datos en el Cuadro 2, con el comportamiento de las curvas en la Figura 1, es fácil entender que las diferencias en el requerimiento de lisina (digestibilidad ileal verdadera) son una consecuencia del crecimiento magro. Con la ecuación del NRC (1998), el cambio en la demanda es mayor conforme los cerdos ganan peso, porque las pendientes de las curvas que describen la ganancia de magro son mayores, pero no se nota diferencia en el perfil del requerimiento entre machos y hembras porque la ecuación es la misma. Cuando las ecuaciones son las particulares a la población, la diferencia en el requerimiento se puede percibir: machos castrados y hembras fueron muy similares hasta después de los 85 kg de peso, cuando las hembras mantuvieron la tasa de crecimiento magro. Sin embargo, con la misma ecuación, si la intensidad de síntesis de magro es menor (machos castrados depositando 325 vs 290 g/d de tejido magro, entre los 20 y 120 kg de peso), el requerimiento de lisina digestible será también menor, aún cuando el perfil del cambio sea el mismo. Lo que sucede es que la ecuación sirve para describir la dispersión alrededor de la media (en este caso: los 325 o los 290 g/d entre los 20 y 120 kg de peso corporal).

Cuadro 2. Resultados de la predicción con 3 ecuaciones usando el Modelo del NRC (1998)

Hembras patrón NRC

Machos patrón NRC

Hembras Propia

Machos Propia

Machos Propia

Ganancia de
magro, 20-120
kg

325

325

325

325

290

A los 45 kg de peso corporal

Magro, g/d

334

334

348

384

306

Consumo, g/d

2,045

2,227

2,045

2,227

2,018

Ganancia, g/d

932

989

952

1,060

884

Lys dig., %

0.80

0.73

0.83

0.84

0.74

A los 75 kg de peso corporal

Magro, g/d

342

342

372

443

317

Consumo, g/d

2,538

2,941

2,538

2,941

2,446

Ganancia, g/d

1,015

1,139

1,057

1,283

952

Lys dig., %

0.67

0.58

0.73

0.74

0.65

A los 105 kg de peso corporal

Magro, g/d

305

305

357

367

324

Consumo, g/d

2,931

3,320

2,931

3,320

2,752

Ganancia, g/d

1,010

1,131

1,085

1,219

982

Lys dig., %

0.53

0.47

0.61

0.56

0.60

Magro = ganancia de tejido magro libre de grasa en la etapa;
Consumo = consumo voluntario de alimento en la etapa;
Ganancia = ganancia diaria de peso en la etapa;
Lys dig. = requerimiento de lisina digestible (ileal verdadera).

Al comparar los resultados de las predicciones en el Cuadro 2, los datos de los machos castrados en la última columna son muy diferentes (más realistas), porque la intensidad de acumulación de tejido magro fue diferente y porque el consumo de alimento fue menor, por lo tanto, aún cuando tuvieron una menor ganancia de proteína, el requerimiento relativo de lisina fue mayor cuando se expresó como el porcentaje de la dieta, pero no si se calcula la demanda en g/d: a los 75 kg, los machos castrados ganando 325 g/d demandan más lisina digestible, (0.74% de Lys × 2,941 g de alimento/d) ~ 21.8 g, que aquellos con una menor ganancia diaria de tejido magro ~15.9 (0.65% × 2,446).

Una conclusión a la que es fácil llegar es que si se usa la ecuación equivocada se pueden cometer errores que alteran la productividad de los animales o la rentabilidad de los alimentos. Si la ecuación correcta es la del NRC (1998), entonces con las otras se incurriría en excesos, caso contrario cuando se use la primera ecuación para la población a la que hemos estado haciendo referencia: se provocaría una deficiencia de lisina del 8 al 16%, lo que mermaría la productividad de los cerdos y podría contribuir a la producción de canales más grasas. Obviamente, corregir la deficiencia del aminoácido incrementa el costo de la dieta, en el peor de los casos, de US$ 178.45 a 188.20/tonelada (en las condiciones del mercado en México al mes de enero, 2001). Esto significa que, a un mismo consumo, los cerdos con la dieta corregida, tendrían que ganar 7.6 g más por día (considerando un precio de venta de US$ 1.28/kg) para justificar el ajuste pero, con cualquier juego de datos, una deficiencia de lisina digestible igual al 10% equivale a deprimir la ganancia de peso en 60 o más gramos diarios.

Consumo voluntario de alimento

Una conclusión importante de la discusión anterior, es que la estimación de los requerimientos es incompleta si no se conoce el consumo voluntario de alimento. El perfil del consumo es necesario para ajustar la densidad de los nutrimentos en la dieta, pero también porque es la primera indicación de la interacción del animal con su ambiente: el animal consume alimento para mantener su temperatura corporal, en un natural balance energético con el medio. Factores como la genética, sexo y de estrés térmico, infeccioso, físico o social, normalmente deprimen la capacidad de consumo de alimento de los cerdos.

En general aceptamos que el animal consume alimento para satisfacer sus demandas de energía, lo que sucede dentro de ciertos rangos de densidad energética del alimento: la capacidad de compensar con el consumo dietas de bajo contenido de energía metabolizable se incrementa con la edad (o peso de los cerdos). Por ejemplo, lechones con un peso menor a los 20 kg difícilmente llegan a consumir alimento en cantidades suficientes para rebasar las demandas del metabolismo. En cambio, cerdos con más de 60 kg usualmente rebasan con el consumo su demanda de energía y, por lo tanto, se aumenta la capacidad de almacenamiento en forma de grasa.

Lo anterior es variable y depende del potencial de crecimiento de la masa proteica del animal, porque la síntesis de proteína es un proceso que depende de la energía. Si presumimos el consumo de un mismo alimento, al comparar los datos en el Cuadro 1, es clara la diferencia entre los genotipos, pero también que la variación es inherente al parámetro que se mida: la mayor varianza, con los tres criterios anteriores, está en la expresión del crecimiento magro. Lo que sucede es que la ganancia de peso es una función del consumo, pero es relativa a la ganancia de magro.

Por ejemplo, si se calcula la ganancia de magro en función del consumo (g de ganancia de tejido magro / kg de alimento consumido), para los diferentes genotipos: A = 104; B = 120; C = 127; D = 102 y E = 130, el orden se altera con relación al consumo, ganancia de peso y ganancia de magro, lo que debe sugerir una discrepancia, que se origina de la proporción de la ganancia de peso que se deba al tejido magro y a la eficacia para conservar la energía del alimento en formas de depósito: grasa.

A mayor consumo, mayores las posibilidades de exceder las demandas de energía, pero el mayor consumo es necesario para asegurar que la síntesis de proteína no se impida por una insuficiencia energética o por la distracción de los aminoácidos para su uso combustible.

A pesar de lo elemental que es el consumo, el conocimiento que se tiene de él en la práctica es limitado: los datos de consumo de alimento se obtienen por la desaparición del alimento facturado para toda la granja; cuando se tienen datos para cada una de las fases de producción, difícilmente se encuentra una asociación lógica al integrar la información, e.g., los trabajadores retienen el uso del alimento de crecimiento por el de finalización por la percepción de que es mejor; el control se lleva en la contabilidad administrativa y jamás se considera en los registros técnicos; no se ajustan las poblaciones ni se corrige por la remoción o muerte de animales. Con menor frecuencia que la captura de información es que ésta se analice detalladamente o se interprete.

El consumo no es algo que pueda predecirse, por ejemplo por la densidad energética de la dieta (los efectos del medio son cambiantes) o por el peso corporal de los animales y mucho menos por su comportamiento productivo. En cambio, con el consumo sí se puede calcular la ganancia de peso (dentro de línea genética y sexo, la segunda es una función de la primera). La medición del consumo es muy sencilla, aunque laboriosa. Simplemente exige disciplina para llevar los registros del alimento ofrecido y de aquel no consumido, registrándose además el número de cerdos y la duración del periodo.

Aún cuando propusimos que la ganancia de peso y los cambios de composición corporal se midan en intervalos máximos de 21 días, con el consumo, la frecuencia debe ser mayor, cuando menos en intervalos de una semana. Lo ideal sería llevar el control de toda la población, pero no resulta práctico. Por eso se ha propuesto la práctica de llevar grupos o corrales monitor por bloque de producción, granja o edificio, en forma permanente, para lo que bastaría con iniciar (y seguir hasta el peso de mercado) dos corrales de machos y dos de hembras por mes. La sensibilidad de esta forma de evaluación sorprende a muchos. Por ejemplo, se pueden detectar rápida y fácilmente errores de manejo, fallas en el aporte de nutrimentos, o la incidencia de accidentes, como el inicio de un proceso infeccioso: a una caída en el consumo seguirán los signos clínicos y es que los efectos de diversos factores de estrés son aditivos (Hyun et al., 1998). Por lo mismo, el seguimiento de los datos del consumo es de utilidad para la toma de decisiones oportunas.

En la Figura 2, se muestra un ejemplo de las tendencias de comportamiento de cerdos en el consumo voluntario de alimento, distinguiendo sexos (machos castrados o hembras) y la respuesta a una variable, en este caso, el simple incremento de la proteína en la dieta (en dos unidades porcentuales). El ensayo se condujo con un total de 528 cerdos alojados en corrales de 22 animales. Los datos de consumo y de la ganancia de peso son las medias por corral y los datos de composición corporal (y la correspondiente ganancia de peso) se obtuvieron de la medición, con un equipo de ultrasonido de tiempo real, de 6 individuos por corral (una muestra de 144 cerdos).

Para este ensayo, la variable por el nivel de proteína (+2% PC) se incluyó porque se tenía la esperanza de que con mayores niveles de proteína se podría llenar la demanda de aminoácidos para una mayor síntesis de tejido magro, porque se sabía que los consumos de alimento en la explotación eran bajos. En ambos casos, las dietas mantuvieron el perfil de aminoácidos de la Proteína Ideal (Baker, 1997) y la relación lisina:proteína se mantuvo entre el 5.6 y el 6.2% (Cuarón, 1999).

Los consumos de alimento se presentan en intervalos de 18 días, aunque los datos se recabaron diariamente. Al análisis estadístico, fueron evidentes las (obvias) diferencias entre los sexos, pero cuando se usaron técnicas de regresión, se encontraron efectos en el tiempo: mientras las hembras mostraron un comportamiento lineal, los machos castrados incrementaron la tasa de aumento en el consumo a partir del día 93 de vida (por el punto de inflexión de la función cuadrática), aproximadamente a los 50 kg de peso corporal. Los cambios en las tendencias del consumo de alimento estuvieron directamente asociados con la tasa de acumulación de grasa corporal.

Consumo diario de alimento, por edad y sexo

Los datos de este ensayo se captaron desde los 28 kg de peso corporal y, en el Cuadro 3, se muestran los resultados promedio del comportamiento productivo. Las diferencias entre machos y hembras son consecuencia del menor consumo de alimento de las primeras y que hayan mantenido una respuesta lineal en el consumo es sugerente de la incapacidad de los animales para llenar sus demandas de energía.

En cambio, los machos castrados, desde los 50 kg de peso lograron efectivamente aumentar el consumo, quizá porque la energía se destinó a un uso más eficiente en términos calóricos: su acumulación como grasa. La síntesis de proteína es un proceso energéticamente caro, porque la energía se usa como combustible para la "maquinaria" de síntesis, lo que genera calor. También, quizá por esto las hembras con la dieta más alta en proteína limitaron su consumo: aparentemente, la ingestión de proteína rebasó la capacidad de síntesis porque el nutrimento limitante fue la energía. Entonces, el exceso de nitrógeno se tuvo que eliminar, reduciéndose la energía neta (Just, 1982; Noblet et al., 1987) comprometiendo la ganancia de tejido magro y, por lo tanto (al no existir las señales para la ganancia de tejido adiposo), la ganancia de peso. Conviene entonces subrayar la importancia del consumo, por la energía.

Cuadro 3.

Peso final, kg

H, Normal

H +2% PC

M, Normal

M+2% PC

109.000

103.500

118.300

113.200

CDA, kg

1.700

1.560

1.850

1.800

GDP, kg

0.755

0.700

0.830

0.790

Ganancia/Consumo

0.444

0.449

0.450

0.441

Grasa dorsal, mm

18.200

16.700

22.100

21.300

Prof. músculo, mm

57.300

54.500

53.700

53.300

Es cierto que niveles más altos de aminoácidos mejorarán el rendimiento magro, pero si el incremento previene el consumo de alimento, la tasa final de ganancia de magro se podrá disminuir, porque finalmente hay una relación idónea entre la energía y el uso de los aminoácidos limitantes (típicamente lisina). El consumo de lisina no alteró la deposición de proteína cuando el consumo de energía estuvo limitado, mientras que el consumo de energía no modifica la deposición de proteína hasta el límite impuesto por el consumo de lisina (Möhn et al., 2000; Roth et al., 2000). Menores consumos limitan el abasto de energía y cuando aumentan, el potencial de acumulación de grasa se incrementa, pero eso no supone una menor síntesis de magro. Por lo tanto, el consumo de alimento es el criterio más sensible en la evaluación del proceso de producción.

Conclusiones

Con toda la información vertida se tienen las condiciones para concluir en las recomendaciones de un programa de alimentación, así como en el diseño de las restricciones de formulación de los alimentos, por ejemplo:

1. En la etapa con un promedio de 45 kg (digamos, entre los 30 y los 60 kg de peso corporal), no se distinguirán los sexos y, por la similitud del perfil de la respuesta entre las poblaciones supuestas (Cuadro 2), se podría adoptar un nivel de lisina digestible del 0.80 al 0.84% de la dieta, porque con cerdos de 30 kg el requerimiento se calculó del 0.82%. A pesos superiores, habrá algunos excesos (el requerimiento a los 60 kg es del 0.70%), pero es factible que la respuesta promedio en ganancia de magro aumente además, en la etapa, se pudieron observar ganancias de magro de 380 g/d en el tercio superior de la población (igual a una media de 340 g/d). Estas dos razones justifican el excedente.

2. Después de los 60 kg los machos castrados estarán consumiendo más alimento, pero por la similitud del perfil de la ganancia de magro, los requerimientos (porcentualmente) seguirán siendo muy similares: ambas ecuaciones propias, para machos y hembras, resuelven en el 0.64 y 0.65% de lisina digestible.

3. A los 90 kg de peso corporal, ya se nota una diferencia entre sexos: las hembras demandan 0.60% de lisina digestible y los machos sólo 0.58% del mismo aminoácido. A los 105 kg, la diferencia se hace mayor: 0.55% hembras y 0.50% machos castrados.

En resumen, con un nivel de EM constante, a 3.27 Mcal/kg, los niveles de lisina digestible podrían ser los siguientes:

Cuadro 4. Lisina digestible, % de la dieta

Etapa, rango en kg de peso

Opción 1
Poblaciones mixtas

Opción 2
Sexos separados

30 a 50

0.82%

0.82%

50 a 75

0.70%

0.70%

75 a 95

0.65%

0.65%

0.58%

95 a 110

0.55%

0.55%

0.50%

Como se mencionó antes, el resto de los aminoácidos esenciales (cuando menos, Thr, Trp y Met) se podrán calcular con el perfil de la Proteína Ideal (siempre digestibilidad ileal verdadera) y la relación lisina total a proteína cruda podrá estar entre el 5.4 y el 6.2%, hasta los 75 kg y del 5 al 6% con animales más pesados, particularmente con los machos porque, dada su mayor capacidad de consumo podrán sobreponerse mejor a excesos de proteína.

Otra oportunidad que debería explotarse, es la posibilidad de reducir los niveles de energía, lo que resulta en un mayor potencial de ahorro. Con los datos analizados, la posibilidad existe en los machos castrados, no en las hembras, porque pudieron efectivamente aumentar su consumo (desde los 50 kg de peso). De ser así, reduciendo la energía a 3.2 Mcal/ kg, para mantener la misma relación Lys:EM, se podrían usar niveles de 0.57% de lisina desde los 70 kg de peso y de 0.49% de los 90 kg en adelante. Los beneficios económicos serían considerables.

El aumento en precisión podrá generar beneficios económicos inmediatos, pero son de menor cuantía que aquellos que se alcanzarían al prevenir la improvisación, porque las ventajas, aún de menor magnitud serán aditivas.

Es obvio que estas recomendaciones serán válidas sólo para la población que se midió. Al aplicarlas, el comportamiento productivo de los animales se podrá modificar. Es entonces cuando los datos obtenidos de los grupos monitor (propuestos antes) entrarían en acción: servirán para actualizar (ajustar) las recomendaciones, tanto que se podrán tener por época del año, para diferentes escenarios de rentabilidad o demandas de producto en el mercado.

Con la entrada en el mercado de productos como los sinergistas ß adrenérgicos o somatotropina, cuando se usen, se deformará la curva de crecimiento de los animales, pero con los procedimientos descritos será muy fácil estimar las correcciones que serán necesarias en la formulación de los alimentos.

Los procedimientos revisados son realmente sencillos y muy factibles de ser llevados a la práctica en la producción comercial. Es cierto, exigirán cierta especialización de los servicios técnicos y sobre todo mucho trabajo y disciplina en la producción, pero las posibilidades de incrementar la rentabilidad de las granjas bien lo justifican, aunque, por supuesto, si se está dispuesto a pagar por la comodidad, se puede seguir adivinando . . . ¿con éxito?.

El crecimiento de los animales y su nutrición requieren de una ciencia que debe aplicarse con el rigor y la objetividad del método científico y con el soporte de un uso avezado de los números.

Literatura citada

1. Baker, D.H. 1997. Ideal amino acid profiles for swine and poultry and their applications in feed formulation. Biokyowa Technical Review-9. Nutri-Quest, Inc., Chesterfield, MO.

2. Brannaman, JL, LL Christian, MF Rothschild, EA Kline. 1984. Prediction equations for estimating lean quantity in 15 to 50 kg pigs. J. Anim. Sci. 59:991-996.

3. Cisneros F., Ellis M., Miller K. D., Novakofski J., Wilson E. R. y McKeith F. K. (1996), Comparison of transverse and longitudinal real-time ultrasound scans for prediction of lean cut yields and fat-free lean content in live pigs, J. Anim. Sci, 74:2566-2576

4. Cuarón, J.A. 1999. Proteína y aminoácidos para cerdos en crecimiento y acabado. El Foro-99, Watt Publishing Co., Miami, FL. Julio 19 al 21. pp. 119-127.

5. Ellis M. 1998. Estimación del crecimiento magro en cerdos: curvas de crecimiento en la granja. Taller Evaluación de canales y calidad de la carne de cerdo. Hermosillo, Sonora, julio 23 y 24. Universidad de Sonora y Asociación Americana de Soya. pp. 11-18.

6.Gu, Y., AP Schinckel, TG Martin. 1992. Growth, development and carcass composition in five genotypes of swine. J. Anim. Sci. 70:991-996.

7. Hyun, H, M Ellis, RW Johnson. 1998. Effects of feeder type, space allowance, and mixing on the growth performance and feed intake pattern of growing pigs. J. Anim. Sci. 76:2771-2778.

8. Just, A. 1982. Then net energy value of crude (catabolized) protein for growth in pigs. Livestock Prod. Sci. 9:349-363.

9. Mejía G CA, M Montaño B, PA Velásquez M, JA Cuarón. 1999. estimación in vivo del rendimiento de las canales porcinas mediante ultrasonografía. Téc. Pecu. Méx. 37:31-38.

10. Möhn S, AM Gillis, PJ Moughan, FM de Lange. 2000. Influence of dietary lysine and energy intakes on body protein deposition and lysine utilization in the growing pig. J. Anim. Sci. 78:1510-1519.

11. Noblet J, Y Henry, S. Dobois. 1987. Effect of protein and lysine levels in the diet on body gain composition and energy utilization of growing pigs. J. Anim. Sci. 65:7171-726.

12. NPPC. 1991. Guidelines for evaluating market hogs. National Pork Producers Council, Des Moines, Iowa.

13. NRC. 1998. Nutrient Requirements of Swine, 10ª Edición revisada. National Research Council, National Academy Press.

14. Roth FX, K Eder, M Rademacher, M. Kirchgessner. 2000. Effect of apparent ileal digestible to energy ratio on performance of growing pigs at different dietary metabolizable energy levels. J. Anim. Physiol. And Animal Nutr. 83:181:192.

15. Schinckel, AP, PV Preckel, ME Einstein. 1996. Prediction of daily protein accretion rates of pigs from estimates of fat-free lean gain between 20 & 120 kilograms live weight. J. Anim. Sci. 74:498:503.

16. Velázquez M PA, R Belmar C. 1998. Predicción del contenido de cortes primarios en canales porcinas. Folleto de investigación, Centro de Investigación Regional del Sureste, Campo Experimental Mocochá, Yucatán, INIFAP.

17. Whittemore, CT, JB Tullis, GC Emmans. 1988. Protein growth in pigs. Animal Production. 46:437-445.

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