Introducción
Los años de antes de la terminación de la década
del 90 en los que la leche se pagaba 25 centavos de dólar el litro al
productor ya pasaron a la historia. Y con ellos también pasó
la incorporación masiva de la "buena genética"
procedente de Norte América (Estados Unidos y Canadá).
Ahora el productor recibe alrededor de la mitad de aquel precio y por
ello ha debido ajustar al máximo los costos de producción
recurriendo, todo lo que sea posible, al alimento más barato:
el pasto cosechado por los propios animales. Mientras tanto, se
encuentran en producción (o tratan de estarlo) las hijas y las
nietas de aquella "buena genética" importada y la
que todavía se importa (buena, para los sistemas intensivos de
producción norteamericanos). Entonces aparecen con toda
claridad en muchos de los establecimientos productivos algunos
elementos que afectan la eficiencia (económica y biológica)
de producción. Estos elementos son varios (edad y peso a la
concepción y al parto de las vaquillonas, evolución del
peso posparto, vida productiva, tasa de reposición, etc.);
pero entre todos ellos, nos parece conveniente centrar la atención
en el largo de lactancia y en el intervalo parto-concepción,
en particular en las vaquillonas de primera lactancia, pues ellos se
convierten en verdaderos sensores del ajuste entre las condiciones de
manejo y el potencial genético de las vacas.
Largo de lactancia y eficiencia reproductiva: sensores del buen
funcionamiento del rodeo
El objetivo de un planteo para una eficiente producción
lechera consiste, entre otras cosas, en obtener el primer parto de
las vaquillonas entre los 24 y 26 meses de edad, y la concepción
entre los setenta y noventa días después del parto,
manteniendo una lactancia de trescientos días (apuntado a que
la vaca tenga una producción láctea por año de
vida). Para alcanzar estos índices productivos es
indispensable que exista un estricto ajuste entre las condiciones
alimentarias y la potencialidad genética de producción
de las vacas empleadas (aparte de óptimas condiciones
sanitarias que son indispensables siempre).
Este ajuste es necesario puesto que la fisiología que
regula el metabolismo de la vaca lactante determina que la hembra en
lactación trate de alcanzar toda la producción para la
cual esta potencialmente dotada por su genotipo. Si esa vaca no está
alimentada de acuerdo a los requerimientos de mantenimiento y de su
producción potencial, su propio programa metabólico
impulsa su organismo a recurrir a reservas de alimento corporales
para cubrir el déficit entre el alimento requerido y el que le
es suministrado. Pero este déficit energético (como el
de la economía) no se puede mantener indefinidamente sin pagar
un alto precio. El organismo de la vaca lactante que recurre a sus
propias reservas corporales para cubrir el déficit de alimento
al que está sometido, se cobra tratando de reducir el déficit
acortando la lactancia y cancelando otras funciones como la de
disponerse a entrar en gestación. Así pues, largo de
lactancia e intervalo parto-concepción se constituyen en
verdaderos sensores del equilibrio en el que se encuentran,
mutuamente, el potencial genético y el sistema (y dentro de
él, el suministro alimentario). El desequilibrio entre estos
dos factores (genética y sistema) se pone en evidencia con
lactancias cortas e intervalos parto-concepción largos. Para
restablecer el equilibrio se hace preciso mejorar el suministro de
alimento, en el corto plazo, y en el mediano, recurrir a un potencial
genético que pueda ser totalmente cubierto con el nivel
alimentario que caracteriza el sistema.
Ahora bien, el régimen alimentario basado en el pastoreo
que caracteriza a la región pampeana argentina, está en
condiciones de cubrir los requerimientos de una producción de
leche moderada por vaca en lactancia, con el agregado de una
razonable suplementación. Las altas producciones de leche por
lactancia a las que se ha llegado mediante la acción combinada
de la selección genética y las mejoras en el cuidado de
los animales características de los sistemas intensivos de
producción exigen, para la manifestación de ese alto
potencial, el estricto ajuste entre este gran potencial genético,
el suministro de alimento y las demás condiciones ambientales.
Para lograr ese equilibrio, el régimen de producción en
pastoreo con algo de suplementación no alcanza. Ello pudo
haber sido intentado, con éxito relativo, a un precio por
litro de leche que fue alrededor del doble que el actual, permitiendo
una suplementación de calidad adecuada y suficientemente
abundante. No ahora.
Tendencias inconsistentes con el sistema en pastoreo
Conviene tomar, a mi juicio, solamente un par de elementos bien
significativos como indicadores de la situación. La tendencia
del aumento de la productividad individual en vacas Holstein en
Estados Unidos (principal fuente de importación de semen para
los productores argentinos) se fue acelerando con el tiempo: el
incremento que fue de 37 kg por año y por vaca durante la
década del 60, pasó gradualmente a 79 kg/año en
la década siguiente, y luego a 102 kg/año en la década
del 80, para alcanzar los 116 kg/año de aumento por vaca en el
periodo 1990/6 (Hansen, 1999). Por supuesto, se trata de incrementos
acumulativos. Las cifras indicadas constituyen promedios para la
población de vacas en control, sin embargo el uso de toros en
I. A. privilegia a toros con producciones muy por encima de los
promedios señalados. Mientras tanto el modelo de vaca, a
partir de 1977 fue fijado en 145 cm de alzada y 725 kg de peso
(Mansfield, 1985), con lo que numerosas vacas superan actualmente 900
kg al momento del secado (Hansen, 1999). De estos índices se
pueden extraer sencillas conclusiones, a saber. El aumento de peso es
perjudicial para la eficiencia de producción al aumentar
sustancialmente el costo de mantenimiento; particularmente para el
sistema de producción en pastoreo, ese aumento de tamaño
conspira contra una eficiente producción por unidad de
superficie. Por otra parte, el alto potencial productivo exige una
ajustada dieta para que la vaca consiga producir de acuerdo a ese
potencial; ello implica un volumen tal de alimento que no puede ser
cubierto solamente por pasto sino que requiere de raciones
balanceadas; la digestión de estas raciones para cubrir tan
elevados requerimientos provoca el aumento de la velocidad de pasaje
de los alimentos por el tracto digestivo, y con este aumento de la
velocidad de pasaje de los alimentos por el aparato digestivo, se
deprime la capacidad natural de rumia y por lo tanto, la
digestibilidad de la fibra que caracteriza el pasto; esto aumenta la
dependencia de la ración como principal fuente alimentaria. De
lo aquí dicho brevemente es fácil deducir que tamaño
y potencial productivo individual por vaca tan elevados, resultan
inconvenientes para el sistema de producción basado en el
pastoreo. Además, como la relación de precio entre la
leche y la ración existente en la Argentina, orienta al
productor a basarse en el pasto más que en la ración
como fuente de alimento, las vacas de alto potencial productivo se
encuentran, comúnmente, subalimentadas y de esta manera se
compromete su productividad futura y la eficiencia del tambo en su
conjunto.
Hacia una genética pampeana
Las crisis llaman a la realidad (tendremos que aprenderlo los
argentinos). Es posible que con la leche a mayor precio se justifique
la importación de la genética del Norte de Norte
América; en tal caso habría que importar también,
en estricta coherencia, el dairy farm de los estados del Norte
de Estados Unidos o de la zona limítrofe de Canadá. Aún
así, ¿por qué habría de pagar el
consumidor un precio muy superior por un producto que puede ser
obtenido a menor precio con las características ecológicas
pampeanas?
Lo más sensato parece profundizar el camino por el que ha
transitado (por accesibilidad y necesidad) el sistema de producción
argentino, sistema caracterizado por la mayor utilización
posible del recurso más barato (el pasto cosechado
directamente por los animales), para lo cual tendrá que buscar
la genética ajustada a ese sistema (un desafío
razonable con altas posibilidades de éxito).
Destaquemos para terminar, que esto se hace necesario ahora no
sólo por la coyuntura del precio de la leche (que todo hace
pensar que se mantendrá por mucho tiempo aunque sea
inconveniente predecir nada), sino que se hace imprescindible porque
el aumento del potencial genético alcanzado en la producción
lechera individual en condiciones intensivas, es enorme. Antes de que
la mayor parte de este gran incremento del potencial genético
fuera alcanzado, especialmente en las últimas dos décadas,
el desajuste entre genética y sistema, ante una mirada
superficial, podía pasar desapercibido. Ya no. Ahora tenemos
frente a nosotros la misión de seleccionar nuestra propia
genética para el sistema (o de importar todo: genética
y sistema, alternativa que no es realista).
Fuentes citadas
Hansen, L. B. 2000. Consequences of selection for milk yield
from a geneticist´s view point. J. Dairy Sci. 83, 1145-1150.
Mansfienld, R. H. 1985. Progress of the breed. The history of
U. S. Holsteins. Holstein-Friesian World, Sandy Creek, N. Y.