El uso cada vez más frecuente de la inseminación artificial en esta especie hace necesario recurrir al control farmacológico grupal del ciclo sexual con el objeto de disminuir trabajo, tiempo y costos. El objetivo del presente artículo fue evaluar un dispositivo intravaginal conteniendo progesterona de lenta liberación (de eficacia comprobada en vacas) como sincronizador del celo en yeguas de la raza Peruano de Paso.
Fuente: Revista Zootecnia Tropical, 20 (4):483-492, 2002.
Sumario
Un dispositivo intravaginal de uso bovino (PRID) conteniendo progesterona de
lenta liberación, fue evaluado en once yeguas de la raza Peruano de Paso
con el fin de sincronizar sus celos. El dispositivo fue instalado tal como es
presentado comercialmente para bovinos y se mantuvo in situ por un lapso de
doce días, al cabo de los cuales fue retirado sin mayores complicaciones.
Manifestaciones de celo fueron observadas a las 24 h después del retiro
del PRID, con su más alta incidencia (50%) a las 74 horas. Nueve yeguas
que mostraron un celo completamente normal fueron inseminadas, quedando preñadas.
Una yegua resultó anéstrica, siendo luego servida por monta natural
y otra mostró un celo excesivamente largo, no pudiendo ser inseminada.
El PRID resultó un dispositivo útil para la sincronización
del celo en yeguas.
Introducción
En el noroeste argentino las yeguas comienzan la estación reproductiva
en el mes de agosto con celos muy irregulares, los que se normalizan hacia mediados
de septiembre. En noviembre, como la mayoría de las yeguas de otras razas,
las hembras de la raza Peruano de Paso se encuentran francamente cíclicas
y es el momento del año donde se acentúa la demanda de servicios
y el traslado de reproductores con el incremento de riesgos y costos.
El control del ciclo estral es una herramienta valiosa que ha permitido en
la vaca la programación de la inseminación artificial a tiempos
prefijados. En equinos, se usa comúnmente en forma individual, al inducir
el celo con prostaglandinas para dar servicio con monta natural. Sin embargo,
el uso cada vez más frecuente de la inseminación artificial en
esta especie hace necesario recurrir al control farmacológico grupal
del ciclo sexual. Así, cuando se usa semen refrigerado, cuya capacidad
fecundante se limita a unos dos o tres días, es altamente deseable disponer
de un lote de hembras con celo programado y coordinado con el arribo del semen,
con el objeto de disminuir trabajo, tiempo y costos. En caso de usar semen congelado,
el control del ciclo y la ovulación es crítico, ya que la inseminación
debe practicarse pocas horas antes de la ocurrencia de la ovulación (Samper,
2000), debido a que el semen crio-preservado dura unas 6 a 12 horas en el tracto
genital de la hembra.
Las nuevas estrategias de control farmacológico del ciclo sexual tienden
a controlar la ovulación, sin prestar mucha atención al inicio
del estro, para depositar el semen en el tracto genital de la hembra lo más
cercano posible al momento de la liberación del ovocito, buscando que
la misma ocurra en el conjunto de hembras tratadas con una escasa diferencia
horaria. En la práctica, es difícil que esto suceda debido a que
no todas las hembras se encuentran en el mismo estado fisiológico del
ciclo al iniciar el tratamiento.
Los agentes farmacológicos que se usan actualmente para controlar el
ciclo estral en la yegua son los mismos que se utilizan en el bovino, cuyos
protocolos algunas veces son aplicados de la misma forma, sin considerar las
diferencias de especie. Desde la década de 1970 se ha generalizado el
uso de un potente agente luteolítico (prostaglandina, PG) por su simpleza
en la administración (Loy et al., 1979).
A diferencia de la hembra bovina, la yegua presenta una fase luteal corta
y generalmente con una sola onda folicular, por lo que los programas basados
en el acortamiento del ciclo con prostaglandinas suelen tener un alto índice
de fracasos. La razón principal de estas fallas está vinculada
al tamaño del folículo ovulatorio al momento de la aplicación
de la dosis luteolítica de PG (Bergfelt, 2000). Si el folículo
es de tamaño preovulatorio, puede sufrir atresia u ovular sin manifestación
de celo, lo cual puede demorar la presentación del estro por varios días.
En cambio, si hay un folículo en desarrollo, el estro puede ocurrir tan
pronto como tres días. Esto representa una dispersión significativa
con el inconveniente de que la ovulación puede ocurrir inmediatamente
después del tratamiento o demorarse casi dos semanas.
Otra forma de controlar el estro es mediante la administración de agentes
progestacionales (progesterona y progestágenos sintéticos), los
cuales se usan desde hace tiempo, mediante varias vías de aplicación:
oral (Lofstedt y Patel, 1989), intramuscular (Loy et al., 1981), subcutánea
(Ball et al., 1992), esponjas y dispositivos intravaginales (Loy y Swann, 1966;
Arberter et al., 1994). La estrategia del uso de progestágenos consiste
en alargar artificialmente la fase lútea por un lapso superior a la duración
de un cuerpo lúteo normal. El bloqueo del eje hipotálamo-hipofisiario
ejercido por el progestágeno exógeno inhibe la liberación
de hormona luteinizante (LH) durante el tratamiento e impide la manifestación
del comportamiento estral. Con la terminación brusca del tratamiento,
se produce un efecto similar a la luteólisis, por lo que la mayoría
de las hembras entran en celo generalmente en el tercer día postratamiento
(Van Nieker et al., 1973; Squires et al., 1979; Webel y Squires, 1982). Sin
embargo, el tratamiento sólo con progestágenos no inhibe la liberación
de hormona folículo estimulante (FSH) (Evans e Irving, 1975) desde la
adenohipófisis, razón por la cual continúa el desarrollo
folicular.
Una de las aplicaciones más exitosas en programas de control del ciclo
estral en las vacas, lo constituye un dispositivo intravaginal de lenta liberación
de progesterona denominado PRID (del inglés: Progesterone Releasing Intravaginal
Device) (Mauer et al., 1975). Éste, a diferencia de las esponjas vaginales,
tiene una mejor retención y su pérdida es muy eventual. Se usa
combinado con estrógenos, produciendo un control del estro con manifestaciones
de celos entre el 3er y el 7mo día, luego de quitar el dispositivo.
El PRID ha sido utilizado en yeguas (Rutten et al., 1986) y en el caso que
las hembras se encuentren en celo, éste es suprimido dentro de los 2
a 3 días de su colocación, para retornar generalmente entre el
tercero y séptimo día luego de retirarse el espiral.
Las altas concentraciones iniciales de progesterona (4-5 ng/ml) y estrógeno
(2,5-3 pg/ml) que se absorben a través de la mucosa vaginal, tienen efectos
inhibitorios sobre la liberación de LH y FSH, respectivamente, cuyo efecto
práctico es prevenir la emergencia de un folículo dominante en
la onda folicular presente (Deletang, 2000). Como la alta concentración
de estradiol de origen exógeno decae rápidamente, un folículo
dominante puede desarrollarse durante el tratamiento, pero no llega a ovular
por los niveles insuficientes de LH debido al bloqueo por progesterona.
El objetivo del presente trabajo fue evaluar un dispositivo intravaginal conteniendo
progesterona de lenta liberación como sincronizador del celo en yeguas
de la raza Peruano de Paso.
Materiales y métodos
El estudio fue conducido en 11 yeguas de la raza Peruano de Paso con una edad
de 7 a 12 años, mantenidas en praderas de alfalfa (Medicago sativa) y
pasto elefante (Penisetum purpureum). Todas las yeguas, excepto una, ciclaban
normalmente al momento de iniciarse el ensayo.
Para sincronizar el celo de estas once yeguas, se implantó un dispositivo
comercial intravaginal de tipo PRID, consistente en un espiral de acero inoxidable
recubierto con un elastómero de silicona, que sirve de soporte a 1,55
g de progesterona, la cual es uniformemente distribuida en toda su superficie
y liberada lentamente a una tasa predeterminada. El dispositivo tiene adherido
en su cara interna una cápsula de gelatina con 10 mg de benzoato de estradiol
de rápida liberación. Un cordel fijo a la placa metálica
permite su retiro al finalizar el tratamiento.
Las yeguas fueron higienizadas en su región ano-genital con agua y
jabón y secadas con papel toalla antes de colocar el PRID. El dispositivo
se dispuso en posición craneal dentro de la vagina con ayuda de un aplicador,
sin alterar su diámetro de fábrica, y se mantuvo durante 12 días
siguiendo el protocolo recomendado por el fabricante. Las yeguas fueron revisadas
varias veces al día para ver si mantenían el dispositivo, lo cual
era detectado por el cordel de extracción suspendido de la vulva.
Durante el tratamiento, las hembras fueron receladas para detectar la presencia
de eventuales celos. El día 12, se retiraron los dispositivos, tirando
del cordel. Las yeguas que presentaron celos después del tratamiento,
fueron inseminadas con semen refrigerado. El semen fue obtenido vía vagina
artificial de un padrillo de la raza y diluido con un diluyente comercial, para
finalmente refrigerarlo a 5°C hasta su uso. La inseminación se realizó
con 20 ml de este semen diluido, conteniendo aproximadamente 250 x 10 6 espermatozoides
motiles. Previo a la inseminación, se inspeccionaron los ovarios por
palpación rectal para registrar su tamaño y detectar la presencia
de folículos ovulatorios. Transcurridos 14 días después
de la inseminación, las hembras fueron palpadas trasrectalmente con una
sonda ecográfica para determinar la presencia de un embrión. El
diagnóstico fue confirmado a los 60 días por palpación
rectal.
Resultados y discusión
Ninguna de las yeguas tratadas evidenció signos de celo durante el
tratamiento y todas entraron en calor luego de retirado el PRID, con excepción
de una que registraba un largo historial de anestro (3 años). De las
10 yeguas que entraron en celo (Figura 1), una (10%) lo hizo a las 24
h después de haberse retirado el PRID, dos (20%) a las 48 h y cinco a
las 72 h. Las otras dos restantes lo hicieron en los días 5 y 6 posteriores
al tratamiento. Los celos, todos, fueron considerados normales en cuanto a intensidad
y duración, con la excepción de una yegua, la cual extendió
su celo por 15 días.

Figura 1. Distribución porcentual de las yeguas
en celo en los días posteriores al retiro del PRID
El retiro del espiral no resultó dificultoso. No se observaron
adherencias, pero si una secreción vaginal de tipo muco-purulenta, la
cual fue abundante y lechosa en una de las yeguas. En todos los casos la vaginitis
desapareció a los pocos días de retirado el espiral. Al momento
de la inseminación, la mucosa vaginal presentó una apariencia
normal. En general no se observaron reacciones de rechazo del espiral.
De las 11 yeguas tratadas (Cuadro 1), 9 quedaron preñadas por
inseminación con el semen refrigerado y una que no manifestó un
claro celo, fue servida por monta natural, 24 horas después que le fuera
detectado un folículo de gran tamaño (<35 mm) en uno de sus
ovarios y que se le suministrara por vía endovenosa 2500 UI de hCG (gonadotropina
coriónica humana) en el sexto día postratamiento. La yegua de
celo extendido no se preñó.
La posibilidad de influir sobre la actividad ovárica de un grupo de
hembras para que entren en celo al mismo tiempo ha facilitado el uso de prácticas
reproductivas, como la inseminación artificial y la transferencia embrionaria
en bovinos.
Cuadro 1. Porcentaje de yeguas servidas y preñadas después
de la sincronización con PRID.
|
Condición post-tratamiento
|
Preñadas
|
Vacías
|
| Celo |
82
|
0
|
| Sin celo manifiesto |
9
|
0
|
| Celo prolongado |
0
|
9
|
Total
|
91
|
9
|
La administración de adecuadas cantidades farmacológicas de progestágenos,
independientemente de la vía de suministro utilizada, extiende de forma
artificial la fase progestacional de las hembras mamíferas durante el
tratamiento, esperándose que una fase folicular o estro grupal se genere
espontáneamente luego del tratamiento (Arberter et al., 1994; Ball et
al., 1992; Lofstedt y Patel, 1989; Loy et al., 1981; Loy y Swann, 1966).
La documentación sobre el uso del PRID en yeguas es escasa y en general
se ha preferido la administración de prostaglandinas o sus análogos
sintéticos por su rápido efecto luteolítico (Loy et al.,
1979). En esta experiencia, la fertilidad del estro de las yeguas sincronizadas
con PRID fue alta, ya que 9 yeguas de 10 (90%) quedaron preñadas con
semen refrigerado y una quedó con servicio natural. Esta última
fue una hembra que no presentó celo y entró al programa con un
antecedente de anestro de tres años. Aunque el número de animales
utilizado en esta experiencia es reducido, la tasa de preñez lograda
se considera ampliamente satisfactoria y coincidente con los resultados obtenidos
por otros autores (Van Niekerk et al., 1973) y sugiere que el tratamiento no
interfiere con la fertilidad.
En el presente trabajo, la supresión del estro en las yeguas controladas
con este método fue altamente eficiente, ya que ninguna de ellas entró
en celo durante los 12 días que el dispositivo permaneció en vagina.
Por esto, se asume que la progesterona liberada desde el PRID fue adecuadamente
absorbida a los niveles necesarios para bloquear la conducta estral. Una vez
que se retiró el dispositivo, las yeguas entraron en celo mayormente
a los tres días siguientes y todas dentro de un rango de 21 a 144 h.
La dispersión observada alrededor del valor modal, se asemeja a los encontrados
en otros estudios (Van Nieker et al., 1973; Squires et al., 1979; Webel y Squires,
1982). Esta dispersión puede ser atribuida a que si bien la progesterona
liberada desde el PRID controla adecuadamente la presentación del estro,
no tiene ninguna acción sobre la FSH, razón por la cual puede
haber al momento de retirar el dispositivo, un folículo bien desarrollado
a punto de ovular, el cual puede sufrir atresia o bien ovular inmediatamente
incluso sin presentar síntomas de celo (Bergfelt, 2000). En otros casos
el folículo presente al final del tratamiento puede tener un escaso desarrollo
y por lo tanto el estro presentarse más retrasado (Squires et al., 1979;
Webel, 1975), atendiendo a que el folículo crece de 2 a 3 mm por día.
Esto hace, que si bien el celo es controlado por el PRID, la sincronización
de la ovulación pueda presentar variaciones considerables.
Teniendo en cuenta la fertilidad lograda y que se utilizó semen refrigerado
sobre el 4º y 5º día de celo, esto no parece representar un
inconveniente cuando el objetivo es sólo preñar las yeguas. Sin
embargo, el protocolo de 12 días utilizado en esta experiencia podría
no ser adecuado cuando se sincronizan yeguas para transferencia embrionaria,
donde tiene que haber una estrecha sincronía entre donante y receptora.
Debe tenerse presente que el PRID libera estradiol al inicio del tratamiento
que es absorbido por la mucosa vaginal, produciendo atresia en un posible folículo
dominante o frenando el desarrollo de una onda folicular emergente, pero su
efecto desaparece en los primeros días (Deletang, 2000).
En las yeguas, el PRID es de fácil implantación intravaginal
con el uso del aplicador. Al liberar el espiral, éste se expande y es
bien retenido en las hembras que presentan un tracto anatómicamente normal.
Esto representa una ventaja respecto a tratamientos similares con esponjas vaginales,
que son perdidas con mucha facilidad. En esta investigación, como ninguna
de las yeguas expulsó el espiral, no fue necesario aumentar el diámetro
que éste trae de fábrica.
La presencia del espiral al actuar como un cuerpo extraño causó
una moderada irritación, lo que generó una hipersecreción
vaginal muco-purulenta de escasa significación y de carácter benigno,
la cual desapareció aproximadamente a las 48 h. Cabe señalar que
este tipo de secreción también se presenta en tratamientos a base
de esponjas vaginales (Palmer, 1979). Esta secreción puede ser evitada
por administración vaginal de cloxaciclina benzatina al momento del inicio
del tratamiento. Sin embargo, esta irritación cede espontáneamente
luego de retirado el dispositivo, por lo que no se ve una clara ventaja en el
uso de antibióticos para controlarla.
Conclusiones
Estos resultados permiten concluir que el uso de dispositivos intravaginales
conteniendo progesterona de lenta liberación es una alternativa válida
para el control del celo con fines de inseminación artificial en yeguas.
Agradecimiento
Este trabajo fue parcialmente subsidiado por el Consejo de Investigaciones
de la Universidad Nacional de Tucumán.
Bibliografía
1.- Arberter K., U. Barth y W. Jochle. 1994. Observations on the use of progesterone
intravaginally and of deslorelin STI in acyclic mares for induction of ovulation.
J. Equine Vet. Sci. 14: 21-25.
2.- Ball B. A., C. Wilker,, P. F. Daels. y P. J. Burns. 1992. Use of progesterone
in microspheres for maintenance of pregnancy in mares. Am. J. Vet. Res. 53:
1294-1297.
3.- Bergfelt D. R. 2000. Estrous synchronization. In Samper, J. C. (Ed) Equine
breeding management and artificial insemination. Saunders Company, Philadelphia.
pp. 165-177.
4.- Deletang F. 2000. PRID: General points and the principles behind its activity.
In PRID. Ed. Sanofi, Tours. Francia. pp. 77-82
5.- Evans M. J. y C. H. G. Irvine. 1975 Serum concentrations of FSH, LH and
progesterone during the estrous cycle y pregnancy in the mare. J. Reprod. Fert.
Suppl. 23: 293.
6.- Lofstedt R. M. y J. H. Patel. 1989. Evaluation of ability of altrenogest
to control the equine estrous cycle. J. Am. Vet. Med. Assn. 194: 361-364.
7.- Loy R. G., J. R. Buell, W. Stevenson y D. Hamm. 1979. Sources of variation
in response intervals after prostaglyin treatment in mares with functional corpora
lutea. J. Reprod. Fert. Suppl. 27:229.
8.- Loy R. G. y S. M. Swann. 1966. Effects of the exogenous progestagens on
reproductive phenomena in mares. J. Anim. Sci. 25: 821-825.
9.- Loy R. G., R. Pemstein., D. O´Canna y R. H. Douglas. 1981. Control
of ovulation in cycling mares with ovarian steroids y prostaglyin. Theriogenology
15: 191- 199.
10.- Mauer R. E., S. K. Webel y M. D. Brown. 1975. Ovulation control in cattle
with progesterone releasing intravaginal device (PRID) and gonadotrophin releasing
hormone (GnRH). Anales Biologie, Animale, Biochimie, Biophysique 15: 291-296.
11.- Palmer E. l979. Reproductive management of mares without detection of
oestrus. J. Reprod. Fert. Suppl. 27: 263-270.
12.- Rutten D. R., S. Chaffaux, M. Valon, F. Deletang y V. De Haas. 1986. Progesterone
therapy in mares with abnormal oestrus cycles. Vet. Rec. 119: 569-571.
13.- Samper J. C. 2000. Artificial Insemination. In: Samper J.C. (Ed) Equine
breeding management and artificial insemination. Saunders Company; Philadelphia.
pp. 109-1131.
14.- Squires E. L., W. B. Stevens y D. E. McGlothlin. 1979. Effect of an oral
progestin on the estrous cycle and fertility of mares. J. Anim. Sci. 49: 729-735.
15.- Van Niekerk C. H., R .I. Coughborouh y H. W. Doms. 1973. Progesterone
treatment of mares with abnormal oestrus cycle early in the breeding season.
J. South Afr. Vet. Assn. 44:37-45.
16.- Webel S. K. 1975. Estrous control in horses with progestin. J. Anim. Sci.
Abstr. 564:385.
17.- Webel S. K. y E. L. Squires. 1982. Control of the estrous cycle in mares
with altrenogest. J. Reprod. Fert. Suppl. 32:193.