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PV ALBEITAR 51/2014    

Evaluación de un empadre rotativo con monta natural: efecto en el rendimiento reproductivo de vacas Cebú

En las áreas tropicales los índices reproductivos del ganado cebú productor de carne son bajos. Sin embargo, el uso de mejores prácticas en el manejo de los hatos incrementa significativamente la productividad. Con un sistema de empadre simple, el riesgo de errores al momento de elegir al semental es alto, pero con un empadre múltiple el riesgo se disminuye.  En el presente trabajo se realizó un estudio para evaluar si un sistema de manejo rotativo de dos sementales, permite mejorar el manejo reproductivo, sin efecto adverso en la fertilidad de vacas cebú.

 


Rafael Molina-Sánchez [1], Carlos S. Galina-Hidalgo [2], María S. Díaz-Sánchez [2], Luis Galicia-Angeles [2] y Sandra Estrada-Konig [3]
[1] Instituto Tecnológico de Costa Rica, Escuela de Agronomía. Quesada, Alajuela. Costa Rica. [2] Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia. México, D. F.  [3] Universidad Nacional, Escuela de Medicina Veterinaria. Barrial de Heredia, Heredia, Costa Rica.


RESUMEN

Para determinar el efecto de un sistema de manejo rotativo de los sementales, en el comportamiento reproductivo de vacas cebú en condiciones de monta natural, se utilizaron seis sementales Brahman con experiencia sexual, evaluados mediante un examen andrológico para fertilidad. Se estableció una época de monta de seis semanas subdivididas en periodos no consecutivos de tres semanas, para realizar la rotación de los toros en un empadre fijo (EF; grupo A semanas 1, 2 y 3 y B semanas 5, 6 y 7) y uno rotativo (ER; grupo A semanas 5, 6 y 7 y B semanas 1, 2 y 3). Se seleccionaron 88 vacas cebú multíparas, con ternero al pie y 61±36 días posparto promedio. Se obtuvieron muestras de sangre para cuantificar progesterona, exámenes ultrasonográficos dos veces por semana para observar la actividad ovárica y medición de la condición corporal. Las variables fueron la relación de vacas que pueden quedar gestantes con las de anestro, transición y ciclando, y una comparación de vacas gestantes con ciclando. En las semanas 1, 2 y 3 el grupo A (EF) presentó más vacas en anestro (lote p=0.03 y semana p=0.001); y el B (ER) más vacas en transición (lote p=0.003). Durante las semanas 5, 6 y 7 en el grupo B (EF) disminuyó el número de vacas en transición (semana p=0.03) y 83% de las vacas quedaron gestantes. En el grupo A (EF), las gestaciones fueron mayores en las primeras tres semanas (54%) contra 46% del grupo A (ER) en las semanas 5, 6 y 7. Es factible que los resultados estuvieran influenciados por la condición corporal de las vacas. Por tanto, la fertilidad del hato (35%) está relacionada con el número de vacas que se mantengan en anestro (28%), indistintamente del programa de empadre utilizado.


INTRODUCCIÓN

En las áreas tropicales los índices reproductivos del ganado cebú productor de carne son bajos. Sin embargo, el uso de mejores prácticas en el manejo de los hatos incrementa significativamente la productividad (Plasse, 1983). Para lograr esta mejoría es preciso contar con una óptima reproducción de las vacas y una elevada supervivencia de los terneros, lo que implica la aplicación de un adecuado programa de manejo reproductivo de los toros (Larsen et al., 1990). Con un sistema de empadre simple, el riesgo de errores al momento de elegir al semental es alto, pero con un empadre múltiple (varios toros) el riesgo se disminuye a expensas de los problemas de manejo por agresiones, dominancia e interferencia entre los toros; un semental con baja fertilidad puede ser dominante y no permitir que los demás puedan aparearse con las hembras (Blockey, 1979). Eso dificulta la labor reproductiva y afecta negativamente los porcentajes de gestación (Ologun et al., 1981). Por lo anterior, un sistema de empadre con dos toros con una rotación fija o periódica, puede ser una buena opción al equilibrar la distribución de las vacas entre los dos toros y produce un efecto bioestimulatorio constante y variado al cambiar los toros con frecuencia (Molina et al., 2001). Asimismo, si el sistema es viable constituiría una medida práctica para sustituir el empadre múltiple tradicional y disminuir el número de toros al introducir semanalmente dos toros de manera rotativa.

Con base en los planteamientos anteriores, se realizó un estudio para evaluar si un sistema de manejo rotativo de dos sementales, permite mejorar el manejo reproductivo, sin efecto adverso en la fertilidad de vacas cebú.


MATERIALES Y MÉTODOS

El trabajo se realizó en la Unidad de Producción Bovina de la Escuela de Agronomía del Instituto Tecnológico de Costa Rica, ubicada en San Carlos, Alajuela (10o 25’ N y 84o 32’ O). El sitio tiene una elevación de 75 m y presenta un clima tropical lluvioso, con precipitación de 3096 mm anuales, temperatura media de 24 oC y 85.3 % de humedad relativa (Sánchez y Soto, 1999).


Sistema de empadre

Se utilizaron seis sementales Brahman adultos con un intervalo de edad de tres a cuatro años y experiencia sexual previa, los cuales se evaluaron mediante un examen andrológico y una prueba de líbido para verificar su capacidad reproductiva.

El periodo de monta duró seis semanas, dividido en subperiodos de tres semanas cada uno, separados por una semana en la cual no hubo toros con las vacas (Cuadro 1).


Cuadro 1 - Sistema de rotación de los toros


Estado reproductivo del hato

Se seleccionaron 88 vacas cebú multíparas con ternero al pie, las cuales se dividieron en dos lotes (A y B) de 42 y 46 animales. Al inicio del estudio las vacas del lote A tenían un promedio de 60±37 días posparto, 71.4% con tres partos o más y 76.2% presentaban una condición corporal inferior a 2.5 puntos (escala 1 a 5; Pullan, 1978).

En el lote B, las hembras tenían 62 ± 35 días posparto, 84.8% contaban con tres o más partos y 71.7% presentaban una condición corporal inferior a 2.5 puntos. Posteriormente, la condición corporal se midió cada dos semanas para evaluar cambios en la condición física de las vacas.

Para cuantificar los niveles de progesterona plasmática (P4) y definir el estado reproductivo de las hembras, se obtuvieron muestras de sangre dos veces por semana, mediante punción de la vena coccígea. El muestreo se inició dos semanas antes del periodo de montas y duró siete semanas, hasta la conclusión del experimento. Las muestras recolectadas se centrifugaron durante 10 min a 7000 rpm y el plasma se depositó en alícuotas identificadas con el número del animal y la fecha del muestreo. Posteriormente se mantuvieron a -20 oC hasta su análisis en el laboratorio de Endocrinología de la Universidad Nacional (Costa Rica). La progesterona se midió por radioinmunoanálisis en fase sólida (RIA), y como indicador de la presencia de actividad ovárica se estableció un nivel de P4 superior a 1 ng mL-1 (González et al., 1975). Los exámenes por ultrasonografía (US) se realizaron con un equipo Aloka Echo Cámara Modelo SSD-500, de arreglo lineal provisto con un transductor de 5.0 Mhz; se inició una semana antes de introducir a los toros y finalizó a las cuatro semanas de terminado el programa de montas. Por este medio se estableció el estado reproductivo de cada vaca, para ubicarla en una de las siguientes categorías:

Ciclando: Dos elevaciones consecutivas de P4 superiores a 1 ng mL-1 y se observaba por ultrasonografía la presencia de un cuerpo lúteo.

Gestante: Cinco elevaciones consecutivas de P4 superiores a 1 ng mL-1 y con ultrasonografía se detectaba vesícula amniótica, masa embrionaria y latido cardíaco.

Anestro: Niveles de P4 inferiores a 1 ng mL-1 y no había estructuras ováricas.

Transición: Niveles P4 inferiores a 1 ng mL-1, pero por ultrasonografía se observaban folículos mayores a 10 mm.

Para un diagnóstico de gestación con mayor precisión, se efectuó una evaluación ultrasonográfica semanal a partir del día 31 de la introducción de los toros. A los 40 días de haber salido el último grupo de sementales, se realizó palpación rectal para verificar las gestaciones. Adicionalmente, a las diez semanas de concluir el experimento, se evaluaron las vacas no gestantes para determinar su estado reproductivo final.

En los resultados se consideraron las siguientes variables:

(a) (VAne / VaRi ) = Vacas en anestro en relación con el número de vacas a riesgo.
(b) (Vtra / VaRi) = Vacas en transición en relación con el número de vacas a riesgo.
(c) (VCic / VaRi ) = Vacas ciclando en relación con el número de vacas a riesgo.
(d) (VGes / VCic ) = Vacas gestantes en relación con el número de vacas ciclando.

Para el análisis de los datos se utilizó una prueba de ji-cuadrada y un modelo lineal logarítmico para estimar los efectos del lote de apareamiento: A (fijo y rotativo), B (fijo y rotativo) y de semana (1, 2, 3, 5, 6 y 7), así como la interacción lote * semana; las comparaciones fueron: Lote A (fijo) versus lote B (rotativo) en las semanas 1, 2 y 3; lote A (rotativo) versus lote B, semanas 5, 6 y 7 (CATMOD, SAS, 1999).


RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Evolución del estado reproductivo

El 64.3% (n=27) de las hembras del lote A y 52.2% (n=24) del B, estaban en anestro al iniciar el empadre (p>0.05) (Cuadro 2). Sin embargo, durante las semanas 1, 2 y 3 hubo un efecto del lote (p=0.03) y de semana (p=0.001), con respecto al número de vacas en anestro (Figura 1). Esta diferencia fue más clara en la semana 2, donde 26% de las vacas del lote B estaban en anestro, mientras que en el lote A, la relación de vacas anéstricas contra las expuestas nunca fue inferior al 40% (Figura 1; Cuadro 3). En las semanas 5, 6 y 7 el porcentaje de vacas en anestro fue constante (34 a 48%) y no hubo efecto de lote (p=0.61) ni de semana (p=0.67).


Cuadro 2 - Estado reproductivo de las vacas, medido por progesterona plasmática y ultrasonografía, durante las seis semanas de empadre.


Para vacas en transición (Figura 2; Cuadro 3) durante las semanas 1, 2 y 3 hubo efecto de lote (p=0.003): en el A había menos vacas en transición a la ciclicidad (25 a 38%) que en el lote B (36 a 60%). Durante las semanas 5, 6 y 7 hubo efecto de semana (p=0.03) ya que en el lote B el número de vacas en transición disminuyó, especialmente en la semana 5 (11%).


Figura 1 - Relación de vacas en anestro/expuestas por semana, en los lotes A y B.

Figura 2 - Relación de vacas en transición/expuestas por semana, en los lotes A y B.


La actividad cíclica (Figura 3; Cuadro 3) durante las semanas 1, 2 y 3 no fue diferente para lote (p=0.20) ni semana (p=0.13). Pocas vacas a riesgo estaban ciclando al empezar el empadre: en el lote A evolucionó desde 7% (semana 1) hasta 32% (semana 3), mientras que en el lote B se redujo de 11% (semana 1) a 8% (semana 3). En el lote A durante las semanas 5, 6 y 7 los porcentajes fueron desde 22% (semana 5) hasta 43% en la semana 7; en el lote B hubo más vacas ciclando al inicio del segundo periodo (51%, semana 5; 30%, semana 7). No se encontró efecto significativo de lote (p=0.23), ni de semana (p=0.09); sin embargo, hubo una interacción entre lote y semana (p=0.03).


Cuadro 3 - Relación semanal de vacas en anestro, transición, ciclando y gestantes, de acuerdo con tipo de empadre y lote de vacas.

Figura 3 - Relación de vacas ciclando/expuestas por semana, en los lotes A y B.


Tasa de gestación

Al final del período experimental 30.9% de las vacas del lote A estaban preñadas; en el lote B, 39.1%. No hubo diferencia (p>0.05) entre los lotes (Figura 4).


Figura 4 - Tasa de gestación acumulada durante las seis semanas de empadre en los lotes A y B.


Para el lote A, durante la primera semana de servicios no ocurrieron gestaciones y la proporción de vacas preñadas en relación con las que ciclaban por semana, varió de 0.0% (semana 1) a 38% (semana 3) y 53% de las gestaciones ocurrió entre la semana 1 a 3 (empadre fijo). En el lote B, durante las primeras dos semanas no se preño ninguna vaca; sin embargo, en la semana 3 hubo 75% preñadas de las que estaban ciclando.

La comparación de las gestaciones entre los lotes A y B en las semanas 1, 2 y 3 indicó diferencias (p=0.001) (Figura 5; Cuadro 3). En las semanas 5, 6 y 7, en el lote A, las gestaciones (Figura 5) variaron de 16 a 25%; en el lote B, el incremento fue de 14% (semana 5) a 72% (semana 7) y hubo efecto de lote (p=0.06) y de semana (p=0.03). En el lote A, la tasa de gestación semanal fue menor a 38%; pero en el lote B tanto en el empadre rotativo como el fijo, las gestaciones rebasaron el 70% (semanas 3 y 7) y 83% de las gestaciones en este lote ocurrió entre las semanas 5 a 7 (empadre fijo) (Figura 5).


Figura 5 - Relación de vacas gestantes/ciclando por semana, en los lotes A y B.


Según el número de parto de las vacas, en el lote A 38.5% de las vacas gestantes tenía uno a dos partos, mientras que en el B fue 22% (4/18) (p>0.05); las vacas con tres o más partos en el lote A tuvieron 61.5% (8/13) de las gestaciones y en el lote B 77.8% (14/18). En el lote A, 53.8% (7/13) de las vacas preñadas tenían menos de 90 días posparto y en el lote B fue 50% (9/18) (p>0.05). El intervalo parto a concepción en las vacas del lote A, fue de 97.2±37.9 días y de 105±34.9 días las del B (p>0.05).

En relación con las hembras que no gestaron, en el lote A 41.4% evidenció actividad cíclica durante el empadre, mientras que en el B 57.1% lo hizo. A las diez semanas de concluir el experimento, 62.1% (18/29) de las vacas ciclando del lote A estaban preñadas y para el lote B fue 75% (21/28). Al considerar las vacas gestantes durante el experimento y las diez semanas posteriores, el total en el lote A fue 73.8% (31/42) y en el B 89.1% (41/46).

En ambos lotes prevaleció una baja condición corporal (Cuadro 4) ya que 82.3% de las vacas del lote A y 89.3% del B, tenían una condición inferior a 2.5 puntos. Además, 84.6% de las vacas gestantes del lote A y 83.3% del B, tenían una condición corporal inferior a 2.5 puntos. Durante el experimento, en 71.4% de las hembras del lote A y 52.2% del B se redujo la condición corporal. (Cuadro 4).

Cuadro 4 - Distribución y cambios de la condición corporal durante el periodo de empadre en vacas gestantes y no gestantes.


Para mejorar la eficiencia reproductiva del ganado de carne en el trópico, uno de los principales obstáculos es el largo intervalo entre el parto y el inicio de la actividad ovárica cíclica (Bastidas et al., 1984; Chenoweth, 1994). Es difícil obtener resultados satisfactorios al usar monta restringida en vacas que paren tardíamente o con un amplio anestro posparto, por lo que tienen una baja probabilidad de quedar gestantes (Werth et al., 1991). En el presente estudio, durante la época de monta el promedio de hembras ciclando fue 24%, o sea, la mayoría de las vacas no había iniciado su actividad cíclica.

Esto se puede deber a que las vacas con 60 días posparto estaban amamantando un ternero y 74% de ellas presentaban una condición corporal inferior a 2.5 puntos. En vacas cebú, el intervalo entre parto e inicio de la actividad ovárica es mayor de 100 días (Galina y Arthur, 1989). Asimismo, el amamantamiento retrasa el retorno al estro (Bastidas et al., 1984; Moore, 1984), ya que tiende a suprimir el crecimiento de los folículos (Williams, 1990) y bloquea la ovulación (Spicer y Echternkamp, 1986). Además, durante la lactancia las vacas tienden a perder condición corporal y aumenta la duración del anestro posparto (Perry et al., 1991; Bishop et al., 1994; Bolaños et al., 1996). Lo anterior explica que durante las seis semanas de monta, el índice de gestación general haya sido sólo 35%.

En el presente estudio se determinó que los días posparto de las vacas al momento del empadre no afectaron drásticamente la tasa de gestación, ya que aproximadamente 50% de las vacas que quedaron preñadas tenían menos de 90 días de paridas. Este resultado difiere de otro estudio, en el trópico húmedo de Costa Rica, donde vacas amamantando una cría y con menos de 100 días posparto, tuvieron 40% de preñez (Galicia et al., 1999).

Soto et al. (1997) evaluaron la relación entre la condición corporal posparto y la fertilidad, y concluyeron que las hembras para ciclar y ser inseminadas tenían que perder 10% de su peso vivo, alcanzar el punto más bajo del balance energético negativo, y posteriormente reiniciar la actividad ovárica cíclica. En el presente experimento no fue posible calcular cuándo se estableció el punto máximo del balance energético negativo en las hembras, pero se determinó que 74% de ellas tuvieron una condición corporal inferior a 2.5 puntos durante todo el estudio, no quedando gestantes 68%. Al respecto, Oliver y Richardson (1976) postularon que las hembras que pierden entre 25 y 30% de su peso corporal, no quedan preñadas debido a un mecanismo de protección fisiológica.

Este aspecto puede relacionarse con el presente estudio, particularmente en el lote B en las semanas 5, 6 y 7 se preñaron 15 de las 18 hembras que lo hicieron durante todo el experimento. Este periodo coincidió con un aumento en la condición corporal de estas vacas y una disminución en el número de las que se encontraban en transición hacia la ciclicidad. Estos datos sugieren que al empezar a ganar peso las vacas en anestro poco profundo, el estímulo fue suficiente para que ciclaran y pudieran preñarse (Cuenca, 1998). Por tanto, los toros en el programa de empadre fijo o rotativo, tuvieron escasa oportunidad de preñar a las vacas en anestro profundo. Este hallazgo contrasta con el de algunos autores que han propuesto que la introducción de toros en grupos de vacas anéstricas puede facilitar el reinicio de la ciclicidad por medio de un efecto bioestimulatorio (Alberio et al. 1987; Burns y Spitzer, 1992; Bolaños et al. 1998). En estos casos puede especularse que en las condiciones prevalecientes en los hatos, tl vez la sola presencia de uno o más toros no sea suficiente para desencadenar la actividad ovárica en las hembras; por lo que posiblemente sea necesario otras actividades como restringir el amamantamiento de los terneros y mejorar la nutrición.

Nugent et al. (1993) señalaron que la herencia también puede determinar el potencial reproductivo del hato al interactuar con el medio ambiente; es decir, vacas con escasas reservas corporales pueden quedar preñadas por su habilidad para adaptarse a las condiciones adversas del trópico. Es probable que esto haya ocurrido con las hembras preñadas en el presente estudio, a pesar de tener una condición corporal inferior a tres puntos y menos de 90 días de paridas.

Se encontró que de cada diez vacas, solamente cinco ciclaron y quedaron tres preñadas durante el estudio, lo que concuerda con Larsen et al. (1990), quienes encontraron que la tasa de concepción durante 21 días utilizando toros Brahman, fue 30% promedio. También Galicia et al. (1999) determinaron que de diez vacas con posibilidad de quedar gestantes por estar ciclando, el toro logra preñar cinco vacas o menos. Molina et al. (2002) encontraron que el comienzo de la actividad ovárica no es garantía de gestación, ya que hasta 35% de las hembras que ciclan entran en etapa de anestro, tienen posible muerte embrionaria o sus ciclos son erráticos. Sin embargo, este hecho no se observó en el presente estudio ya que 75% de las vacas preñadas estaban ciclando antes; por tanto, la fertilidad mejoró en el segundo período de empadre (68%).

Durante las semanas 1, 2 y 3, en el lote A (fijo) hubo más vacas en anestro y en el B más en proceso de transición a la ciclicidad, sin diferencias en los lotes en cuanto a vacas ciclando. Además, en el lote A las gestaciones fueron 54 y 46% para cada periodo.

En las semanas 5, 6 y 7, los dos lotes no difirieron en número de vacas en anestro; en el lote B (fijo) disminuyeron las vacas en transición, pero aumentaron las preñadas, o sea las vacas en transición en las semanas 1, 2 y 3 se preñaron es el segundo periodo de empadre. En el lote A, en esta segunda etapa se preñó el 46% restante de las vacas. Este comportamiento reproductivo tal vez se explique por los cambios en la condición corporal de las vacas (Selk et al., 1988) y en el lote A estas variaciones fueron más estables que en el B.

Estos hechos dificultan la interpretación de los resultados de un programa reproductivo que evalúe machos y hembras, como en el presente estudio. El objetivo principal era comparar dos sistemas de manejo de los toros, pero es innegable la importancia que tienen las hembras en la fertilidad.


CONCLUSIONES

Por lo tanto, puede concluirse que el comportamiento reproductivo en un hato cebú está influenciado por el número de hembras en anestro, indistintamente del programa de empadre utilizado.


LITERATURA CITADA

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Fuente: Agrociencia 37: 1-10. 2003 http://www.colpos.mx/agrocien/agrociencia.htm


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Evaluación de un empadre rotativo con monta natural: efecto en el rendimiento reproductivo de vacas Cebú

Para determinar el efecto de un sistema de manejo rotativo de los sementales, en el comportamiento reproductivo de vacas cebú en condiciones de monta natural, se utilizaron seis sementales Brahman con experiencia sexual, evaluados mediante un examen andrológico para fertilidad. Se estableció una época de monta de seis semanas subdivididas en periodos no consecutivos de tres semanas, para realizar la rotación de los toros en un empadre fijo (EF; grupo A semanas 1, 2 y 3 y B semanas 5, 6 y 7) y uno rotativo (ER; grupo A semanas 5, 6 y 7 y B semanas 1, 2 y 3). Se seleccionaron 88 vacas cebú multíparas, con ternero al pie y 61±36 días posparto promedio. Se obtuvieron muestras de sangre para cuantificar progesterona, exámenes ultrasonográficos dos veces por semana para observar la actividad ovárica y medición de la condición corporal. Las variables fueron la relación de vacas que pueden quedar gestantes con las de anestro, transición y ciclando, y una comparación de vacas gestantes con ciclando. En las semanas 1, 2 y 3 el grupo A (EF) presentó más vacas en anestro (lote p=0.03 y semana p=0.001); y el B (ER) más vacas en transición (lote p=0.003). Durante las semanas 5, 6 y 7 en el grupo B (EF) disminuyó el número de vacas en transición (semana p=0.03) y 83% de las vacas quedaron gestantes. En el grupo A (EF), las gestaciones fueron mayores en las primeras tres semanas (54%) contra 46% del grupo A (ER) en las semanas 5, 6 y 7. Es factible que los resultados estuvieran influenciados por la condición corporal de las vacas. Por tanto, la fertilidad del hato (35%) está relacionada con el número de vacas que se mantengan en anestro (28%), indistintamente del programa de empadre utilizado.

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