Sergio (Yani) García PhD. Dairy Research Foundation Faculty of Veterinary Science The University of Sydney sgarcia@usyd.edu.au
Imágenes cedidas por el autor En los sistemas de producción de leche de base pastoril de países como Australia, Nueva Zelanda y Argentina, la disponibilidad de tierra relativamente barata para producir leche es cada vez más escasa. Esto es debido a una mayor competencia por el uso de la tierra con fines agrícolas (el “efecto soja” en Argentina) u otras industrias (desarrollo urbano en Australia) y por la tendencia negativa de la relación de precios de los últimos 20 años (Australia y Nueva Zelanda). La consecuencia para el productor de leche es la necesidad de aumentar la productividad de su rebaño o, a medio o largo plazo, dejar la actividad.
El otro factor clave, particularmente en Australia, es la disponibilidad y coste del agua para riego. Australia es un gran desierto con excepción de las zonas relativamente cercanas a la costa. En los últimos años, este problema se ha exacerbado debido a los efectos asociados al cambio climático y calentamiento global, que ha resultado en una mucho menor disponibilidad de agua para riego.
Ventajas de los sistemas de base pastoril |
Los sistemas de base pastoril tienen ventajas sobre los sistemas estabulados para el propio sistema de producción, el consumidor y el bienestar del animal. Sistema de producción Los de base pastoril permiten producir a un coste más bajo, dado que el pasto aprovechado a diente es el alimento más barato. Ésta es una clara ventaja en países como Australia, Nueva Zelanda y la parte sur de Suramérica (Brasil, Chile, Uruguay y Argentina), donde el clima permite que las vacas puedan mantenerse en pastoreo durante todas las estaciones del año. Un menor coste de producción permite desarrollar una lechería más competitiva internacionalmente (exportación). Consumidor La leche proveniente de animales que pastorean todo el año tiene, por un lado, una mejor imagen (conocida como “green and clean” en el habla inglesa) y por otro, tiene mejores propiedades nutritivas. Recientemente se ha descubierto que un ácido graso de la leche, el ácido linoleico conjugado (CLA ), tiene propiedades anticancerígenas y reduce el colesterol en plasma sanguíneo en seres humanos. Sin embargo, no todos los CLA tienen estas mismas propiedades beneficiosas, sino sólo un isómero (CLA cis9-trans11), que se encuentra en mucha mayor cantidad en la leche proveniente de animales en pastoreo que en los alimentados en feed-lots. Bienestar animalz Finalmente, las ventajas de permanecer sobre praderas limpias y pasto fresco en contraposición con el confinamiento en suelo de cemento, son obvias (exceptuando condiciones climáticas extremas que no permitirían el pastoreo, como los meses de hielo y nieve en el norte de EE. UU. y Europa). |
Para el productor lechero, estas presiones significan claramente aumentar (intensificar) la producción por unidad de recurso limitante (tierra y agua de riego). Si bien esta intensificación podría lograrse más rápidamente con sistemas estabulados (típicos de países de Europa y América del Norte), el desafío para Australia es intensificar manteniendo la base pastoril de los sistemas de producción.
La productividad en el contexto del presente estudio se refiere a aumentos de producción de leche por hectárea en forma rentable. Esto implica básicamente convertir más alimento en leche a través del aumento de la producción y utilización de forraje en el rebaño y de la mejora de la eficiencia de uso del alimento comprado (concentrado).
En este artículo llamamos sistemas de base pastoril a los que tienen al pasto como componente unitario principal (independientemente del % de pasto en la dieta) y que buscan maximizar la conversión de pasto a leche. Así, rebaños de base pastoril de altas cargas con sólo un 40% de pasto en la dieta pueden en realidad ser más “pastoriles” (aprovechan más cantidad de pasto/ha) que otros en los que el aporte del pasto a la dieta de las vacas sea mayor, debido a una menor carga animal.
En la práctica, las opciones para aumentar la productividad se reducen a aumentar la producción de leche por hectárea de forma rentable, a través de aumento de carga animal, de producción individual, o de ambas, que se detallan a continuación.
Opción 1: de 8 a 40 t MS/ha
Mientras que el potencial de crecimiento de pasto en zonas templadas se encuentra por encima de las 25 t MS/ha/año y el techo en rebaños comerciales en las 20 t MS (figura 1), en Australia se estima que la utilización de pasto promedio está en valores cercanos a las 8 t MS/ha/año. En Nueva Zelanda alrededor de 10-12 t MS/ha/año y en Argentina es probable que el promedio de utilización de pasto no supere las 5 t MS/ha.
Estos techos en relación al nivel actual de utilización indican la posibilidad de un alto potencial de crecimiento de las explotaciones a través de una mayor producción y utilización de las praderas. Sin embargo, éstas presentan problemas de persistencia y estacionalidad que limitan la opción de crecimiento a base de pasto solamente. Además, el grado de dificultad de manejo aumenta exponencialmente al aumentar la utilización de pasto, lo que atenta contra el logro de altos niveles de utilización de forraje.

Se debe aumentar la productividad de los sistemas
extensivos, sin desvirtuar su idiosincrasia.
Una alternativa para aumentar la producción y utilización de forraje es el uso de rotaciones forrajeras complementarias (RFC). Estas rotaciones buscan maximizar la producción de forraje por unidad de superficie de forma sostenible. Para ello, las rotaciones deben ser complementarias a tres niveles (figura 2):
• Suelo-planta: cultivos que benefician a otros cultivos o al suelo (brasicas que tienen propiedades biocidas).
• Animal-alimentación: forrajes que complementan la dieta de las vacas (silo de maíz como suplemento para pastos con altos contenidos proteicos en otoño).
• Sistema como un todo: forrajes que complementan pastos, en lugar de remplazarlos.
Un ejemplo de RFC es el triple cultivo anual de maíz para silo, seguido de brasicas de pastoreo y una leguminosa para pastoreo o corte (figura 3).
Con este tipo de rotaciones complementarias (figuras 4 y 5) se pueden superar las 40 t MS/ha/año, como se muestra en la tabla 1. Para lograr estas altas producciones de forraje se necesitan altos niveles de fertilidad, principalmente con nitrógeno. En nuestros ensayos en Australia, se necesitaron casi 600 kg de N para lograr más de 40 t MS/ha con las RFC y también para utilizar más de 17 t MS/ha de pasto. En consecuencia, la eficiencia de uso de N (y de agua de riego) fue 2,5 veces mayor para la rotación RFC que para la pradera.
Opción 2: producir más por vaca
La alternativa de aumentar la producción individual es siempre atractiva para los productores de leche en cualquier lugar del mundo. Sin embargo, altas producciones por vaca requieren mejor alimentación (y más cara) y no está bien claro para los productores hasta dónde se debiera llegar con vacas de genética media-alta. ¿Es más rentable alcanzar el potencial productivo (genético) de los animales o mantenerlos a un nivel de producción medio que se pueda alcanzar más fácilmente?
En Australia, el proyecto FutureDairy está buscando contestar esta pregunta a través de un ensayo que consiste en dos etapas: una etapa de transición con el objetivo de incrementar la producción individual de 6.000 a 9.000 l/vaca y una etapa de estudios de sistema (módulos), con el objetivo de comparar esas vacas en sistemas de alta y media carga animal.
En la etapa de transición (fase 1), se logró aumentar la producción de 5.900 a casi 8.500 l/vaca en una lactación (tabla 2), a través de un mejor manejo de la alimentación y mayor cantidad de concentrado (alrededor de 9 o 4 kg/vaca para los dos grupos: de Alta (Ap) y Media (Mp) producción, respectivamente) (Pedernera y otros 2008).
La mayor alimentación en el grupo Ap no sólo dio como resultado mayores producciones de leche, sino también en una menor movilización de tejido corporal y, por ende, en un balance energético menos negativo posparto en comparación con las vacas del grupo Mp (gráfica 1).
Sin embargo, no hubo diferencias en el rendimiento reproductivo de los rebaños de alto y medio nivel de producción, tal como lo indica la medición de actividad ovárica a través de muestreos semanales de progesterona en leche (tabla 3).
Esta falta de efecto sobre la reproducción indica posiblemente que ambos rebaños se manejaron dentro de un rango “óptimo” de producción, aunque el rendimiento reproductivo de ambos grupos fue subóptimo (alrededor de un 73% preñez).
Opción 3: producir más por hectárea
En la segunda etapa del ensayo (fase 2), se seleccionaron vacas de los rebaños de Alta y Media producción para formar módulos intensivos de producción por hectárea. Básicamente, esta fase del estudio intenta evaluar distintas vías de intensificación (producción/ha) a través de aumentar la producción individual, la carga, o ambos (figura 3).
En la tabla 4 se presenta un resumen de los resultados principales. Las vacas de Ap individual alcanzaron los 10.000 l de leche corregida al 4% de grasa butirosa. Sin embargo, las vacas que en la lactación anterior habían promediado 6.500 l (fase 1 del ensayo), produjeron alrededor de 8.500 l en el primer año del estudio de sistemas (fase 2 del ensayo, tabla 4). Este inesperado aumento en la producción individual (PI) de vacas alimentadas para lograr menores producciones fue consecuencia de un incremento en la cantidad y calidad de pasto en la dieta, tal como lo muestran las relaciones entre la producción de pasto y la producción individual en la gráfica 2. Este efecto fue resultado de aplicar la regla básica de manejo de utilizar el pasto primero y luego complementar para alcanzar el objetivo de producción en los cuatro sistemas. Para las vacas del grupo Medio, esto significó una cantidad de pasto suficiente en fin de invierno y primavera como para alcanzar niveles de producción mayores a 28 l/vaca/día.
Resumen de resultados más relevantes |
En resumen, nuestros resultados indican que: 1. Se pueden producir más de 40 t MS/ha/año (100% más que el máximo de producción de las praderas) a través de rotaciones de forrajes complementarias. Estas rotaciones aumentan enormemente la eficiencia de uso de recursos claves como tierra, nitrógeno y agua. 2. Con vacas de genética media-alta se puede aumentar la producción individual de 6.000 a más de 8.000 l en una lactación a través de una mejor alimentación. Sin embargo, esto no parece mejorar el rendimiento reproductivo, que es el creciente problema de este tipo de animal. 3. Con un mismo tipo de vaca (en este caso vacas Holstein-Friesian de genética media-alta), se puede producir entre 20.000 y 36.000 l de leche/ha/año combinando distintos niveles de carga y producción por vaca. Estos niveles son aproximadamente entre 2 a 3,5 veces mayores que el promedio de producción por hectárea en Australia. |
El consumo de concentrado varió desde 1 t/vaca para el rebaño control a 3,2 t/vaca para el rebaño de Alta carga/Alta PI, mientras que la utilización de la pradera fue muy similar para los cuatro rebaños, promediando alrededor de 10 t MS/ha/año en un año extremadamente seco y con restricciones en el uso de riego.
Referencias en poder del autor