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PV ALBEITAR 21/2012    
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Última actualización 22/04/2010@11:23:26 GMT+1
La escasez de recursos pastables a buen precio se agrava en los años de sequía.
El objetivo de este trabajo es cuantificar la pérdida de rentabilidad económica que vienen sufriendo los ganaderos de ovino de carne de Aragón (periodo 2002-2007) y aportar algunas consideraciones para posibilitar el mantenimiento de esta actividad.
Luis Pardos Castillo1 y Enrique Fantova Puyalto2
1Escuela Politécnica Superior de Huesca. Universidad de Zaragoza
2Cooperativa Oviaragón.
Pastores Grupo Cooperativo
Imágenes cedidas por Cooperativa Oviaragón


En el año 2007 el sector ovino aportó el 3,71% de la producción final agraria aragonesa, con un censo total de 2.090.000 ovejas distribuidas en 4.810 explotaciones (Gobierno de Aragón, 2008). La orientación productiva es fundamentalmente cárnica (hay poco más de 17.000 ovejas de aptitud leche) y su modelo productivo se asocia al pastoreo conducido, principalmente, sobre superficies de cereal, aprovechando rastrojeras y barbechos (MAPA, 2003).
En cuanto a las características estructurales y técnicas, Sierra (2002) concluye que en los últimos años en Aragón se ha producido un aumento importante de la dimensión de los rebaños, una fuerte incidencia de la estabulación parcial que afecta al 92% de las explotaciones, un incremento de algunas prácticas de manejo reproductivo encaminadas a una mayor intensificación (efecto macho y tratamientos hormonales) y una mejora de las pautas sanitarias. Se ha producido así mismo una importante renovación de las instalaciones y mejoras en la tecnificación y en la maquinaria. Conclusiones parecidas obtienen Gil et al. (2003) y Pardos et al. (2006).
Por otra parte, la importancia del sector ovino va más allá del ámbito económico, y abarca también importantes aspectos sociales y ambientales. La capacidad de aprovechamiento de recursos pastables de zonas marginales y la ocupación de una cuantiosa mano de obra de carácter familiar, alejada de los grandes centros urbanos, contribuyen al asentamiento de la población rural. Así mismo, evita el despoblamiento de las zonas más desfavorecidas, reduciendo los graves problemas de erosión del territorio y contribuyendo por tanto al equilibrio ecológico (Interovic, 2006).
En los últimos años, la ganadería ovina de carne aragonesa está atravesando por una preocupante crisis. A la tradicional escasa rentabilidad de las explotaciones (Gabiña, 2006), se ha añadido en el año 2007 una extrema sequía (desde mayo de 2007 a mayo de 2008) en la gran mayoría del territorio y un incremento de los costes de alimentación (precio de los cereales) que no ha sido compensado por el precio del cordero (ha descendido con respecto a los años precedentes).


1 Número medio de ovejas mayores de 12 meses.


1 Corderos vendidos, autoconsumidos, entregados en especie y variación de inventario de corderos
2 Proma básica, complemento al mundo rural, indemnización compensatoria, asociación de defensa
sanitaria, agroambientales desde 2001, competitividad, etc.
3 Desecho, animales para vida, diferencia de inventario de ganado reproductor, etc.


1 Montes, comunales, rastrojos, barbechos, puertos, etc.
2 Esquileo, cuotas asocialciones y cooperativas, costes de comercialización, seguros, transportes,
agua, electricidad, gasóleo , reparaciones y mantenimiento, alquiler instalaciones, etc.


Aspectos económicos y sociales del sector
Esta situación no es coyuntural, si tenemos en cuenta los factores descritos a continuación.
La globalización es cada vez mayor en el mercado de carne de ovino y la incorporación de nuevos estados a la Unión Europea (Rumanía y Bulgaria) influye en él. Como afirman Chertouh et al. (2001), el sector ovino está situado desde hace años en un entorno crecientemente internacionalizado y competitivo, con la perspectiva de una desprotección progresiva.
En España ha habido un descenso importante del consumo de carne ovina y caprina (151,69 millones de kilos en 1990 a 137,65 en 2004, a pesar del aumento de la población).
La no corrección de la inflación en las primas percibidas por los ganaderos ha conducido a una pérdida de poder adquisitivo, agravada por la aplicación de la modulación aprobada en la última reforma de la PAC.
Se ha producido un incremento de los costes de producción por las mayores exigencias de calidad y administrativas al sector: trazabilidad, medidas sanitarias, etc.
Mientras tanto, la elevada edad media de los ganaderos y la falta de relevo generacional por las duras condiciones de trabajo (Caballero, 2001) es un problema acuciante. En 2006, el 38% de los ganaderos de ovino aragoneses tenían más de 55 años, un 25% del censo total (Gobierno de Aragón, 2007). Existe una gran dificultad para encontrar mano de obra asalariada (cualificada o no) y una menor disponibilidad de pastos en determinadas zonas debido a la intensificación de la agricultura (Oregui y Falagán, 2006). La escasez de recursos pastables a buen precio se agrava en los años de sequía. Todo ello obliga a mayores periodos de estabulación de los animales con el incremento en los costes que supone.
La conjunción de todos estos factores ha tenido como consecuencias más importantes una disminución del censo (-357.281 ovejas) y del número de explotaciones (-1.291) en el sexenio 2002-2007 (Gobierno de Aragón, 2008), y ha afectado a la evolución reciente del sector.

Evolución de la rentabilidad económica
Los datos utilizados corresponden a una muestra constante de 47 explotaciones que participan en el “Programa de Gestión Técnico-Económica de ovino de carne” desarrollado por la Escuela Politécnica Superior de Huesca de la Universidad de Zaragoza y la Cooperativa ganadera Carnes Oviaragón. Como periodo de estudio hemos optado por el sexenio 2002-2007, ya que a partir de 2002 las primas son fijas [prima por pérdida de renta y complemento al mundo rural (Reglamento (CE) 2529/2001)], lo que facilita las comparaciones. Las explotaciones analizadas están distribuidas por todo Aragón y reflejan la mayor parte de los sistemas productivos existentes.


Los rebaños analizados corresponden a una muestra representativa de las explotaciones de Rasa Aragonesa.

En el coste de alimentación se tienen en cuenta los autoconsumos procedentes de la propia finca agrícola, incluso los aprovechados a diente, valorados a precio de mercado o, cuando el recurso no tiene precio de mercado, a coste de producción. Por otra parte, no se consideran las amortizaciones de instalaciones, utillaje y maquinaria, ni los costes de oportunidad del capital (fijo y circulante). La amortización del ganado se valora de forma indirecta a partir del coste de reposición.
Para que los precios y resultados económicos sean comparables están corregidos en función del IPC y expresados en euros constantes del año 2007.
Si analizamos los datos estructurales e índices técnicos de la muestra (tabla 1), vemos cómo se mantiene la tendencia al incremento del tamaño del rebaño y del número de ovejas manejadas por trabajador (UTH) de cara a incrementar la productividad de la mano de obra, hasta alcanzar las 720,9 ovejas mayores de 12 meses por explotación y las 500,6 ovejas por UTH en 2007. El elevado número de ovejas indica también la alta especialización ovina de las explotaciones. El número de partos/oveja presente/año se sitúa por encima de 1,17 (excepto el año 2005, de fuerte sequía), al predominar el sistema reproductivo de 3 partos en 2 años. El número de corderos nacidos está alrededor de 1,6 y el de corderos vendidos por encima de 1,2, hasta alcanzar la cifra de 1,30 en el año 2007 (Rasa Aragonesa).


10 Consideraciones finales
A modo de conclusión, y sabedores de que no puede existir una solución única para los diferentes sistemas de producción existentes en Aragón, haremos una serie de consideraciones que creemos de suma importancia para el mantenimiento y desarrollo del sector a largo plazo. Todas ellas van encaminadas a mejorar los dos aspectos que entendemos son necesarios para conseguirlo y que deben ser alcanzados conjuntamente: el incremento de la rentabilidad de las explotaciones y la mejora de la calidad de vida del ganadero.

1. Optimizar los costes de alimentación: hay que aprovechar al máximo la disponibilidad de pastos y el pastoreo de cultivos forrajeros y complementar los animales a pesebre sólo cuando sea necesario y en periodos productivos. A veces, el ganadero no realiza una valoración económica de los autoconsumos aportados a pesebre, dando lugar a su inadecuada utilización (Pérez et al., 2003).
2. Cercados: desarrollar los cercados (fijos y móviles) en aquellas zonas donde sea posible para reducir el pastoreo conducido.
3. Aumento de número de corderos vendidos por oveja: será necesario en aquellas ganaderías donde no se puedan aprovechar los recursos pastables y sea necesario aumentar el periodo de estabulación y, por tanto, el coste de alimentación. Las razones para incrementar el periodo de estabulación son diferentes: disponibilidad de pastos y de mano de obra, intensificación reproductiva, decisión empresarial, búsqueda de mejor calidad de vida, etc. En este sentido, cabría mencionar los trabajos encaminados a incrementar la prolificidad de la raza Rasa Aragonesa, de gran trascendencia para el futuro del sector: programa de mejora genética de la UPRA-Oviaragón y descubrimiento del alelo ROA del gen BMP15 desarrollado por la cooperativa Oviaragón en colaboración con el CITA, INIA y ATPSYRA (Martínez-Royo et al., 2008). El incremento de la prolificidad basado fundamentalmente en partos dobles (alelo ROA) es también muy interesante en explotaciones que practican manejos más extensivos.
4. Adecuar el número de ovejas a la mano de obra disponible: se ha de aumentar el censo, en función de la intensificación reproductiva y de las disponibilidades de recursos alimenticios e instalaciones.
5. Realizar una correcta reposición en los rebaños: los animales viejos e improductivos se eliminarán, ya que su mantenimiento para el cobro de la parte acoplada de la prima no compensa los costes que genera.
6. Sector comercial: creemos fundamental desarrollar políticas de calidad de forma agrupada con el fin de servir al mercado un producto con todas las garantías exigibles y en la forma que lo demande (fresco, bandejas, precocinado, etc.), que permitieran dar a conocer la carne de cordero entre los jóvenes, aumentar su consumo y obtener mayor valor añadido para los productores.
7. Fomentar la buena imagen ambiental del ovino: es un sistema de producción respetuoso con el medio ambiente, mantiene los pastos, previene incendios, etc. (hay que reconocerla más para la percepción de ayudas (Canali, 2006) con ayudas provenientes del Ministerio, reforzadas con la aplicación del detraimiento de un porcentaje de las ayudas a todos los sectores (Artículo 69) o de los fondos de desarrollo rural gestionados por las comunidades autónomas).
8. Capacitación: se debe incrementar la capacitación y nivel de formación de nuestros ganaderos.
9. Optimizar la inversión en infraestructuras ganaderas: la rusticidad del ovino puede permitir la utilización de instalaciones más sencillas y prácticas que requieren inversiones menores.
10. Calidad de vida: hay que fomentar la creación de servicios de sustitución a los ganaderos individuales que les permitieran disponer de tiempo libre. Las explotaciones gestionadas por dos personas tienen mayor viabilidad futura, al mejorarse de forma importante la calidad de vida. Este servicio podría ser ofertado por las cooperativas del sector.

Sin embargo, la mayor productividad numérica no se ha traducido en unos mayores ingresos por oveja (tabla 2), que se redujeron un 8,7% en el periodo de estudio debido a un descenso en el precio medio del cordero en los dos últimos años, un descenso en las subvenciones por oveja (no corrección del IPC) y a la aplicación de la modulación de la PAC y un descenso en el precio de los animales de desecho y de las pieles.
Es importante notar que la dependencia que las explotaciones tienen de las subvenciones es mayor en los sistemas más extensivos, sin embargo los intensivos son más sensibles a la situación del mercado (De Rancourt et al., 2006).
Por el contrario, los costes totales por oveja se han incrementando el 12,9% en el periodo de estudio (tabla 3), debido fundamentalmente al coste de alimentación (mayor intensificación reproductiva y mayores periodos de estabulación de los animales), que alcanzó los 57,38 € por oveja en el año 2007 por el incremento del precio de los alimentos, y a los costes generales (incremento de los costes de las energías, seguros, transporte y comercialización).
Para Choquecallata (2000) la intensificación de las explotaciones ovinas exige su dependencia de fuera de la explotación, lo que las hace sensibles a las variaciones del mercado y necesitan escenarios de bajos precios de los inputs. De esta forma, vemos cómo los resultados económicos han disminuido de forma constante en euros de 2007 (gráfica), tanto por oveja (-32,9%) como por UTH familiar (-26,1%), una importante pérdida de rentabilidad en nuestras explotaciones en sólo seis años.
Si tenemos en cuenta que ésta es una muestra de explotaciones más tecnificadas, con un mayor tamaño del rebaño y una mayor productividad, y hacemos una extrapolación de los resultados a una muestra más amplia de 1.417 ganaderías de las que se conocen sus productividades y sus ingresos (GTE 2) y que pueden considerarse más representativas de la media del sector ovino aragonés, los resultados económicos alcanzados en el año 2007 son todavía inferiores, tanto por oveja como por explotación (tabla 4). De las 1.417 ganaderías que componen esta segunda muestra casi un 60% (tabla 5) obtiene una retribución de la mano de obra inferior a los 9.000 € (el salario mínimo interprofesional en 2007 ascencía a 7.988,40 €).
A todo esto habría que añadir la posibilidad de incremento de la modulación prevista en el “chequeo médico” de la PAC. Por otro lado, no debemos olvidar que, como afirman Gil et al. (2003), cuanto mayor es el pesimismo por motivos económicos significativamente menor es la probabilidad de continuidad de las explotaciones.
El sector ovino de carne necesita una reestructuración que sólo será posible con la colaboración conjunta y en la misma dirección de todos los agentes implicados: ganaderos, cooperativas, técnicos y Administración.

Bibliografía disponible en www.albeitar.grupoasis.com/bibliografias/perdidarentaovino122.doc
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