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PV ALBEITAR 43/2014    

El futuro del sector del vacuno de carne

El futuro del sector del vacuno de carne
El vacuno de carne español aprovechó de forma especulativa las subvenciones europeas y ahora nos encontramos con un sector productivo en descenso, con los pequeños productores descapitalizados. Los veterinarios tendrán que adaptarse a las nuevas estructuras para mantener una actividad que, con los esquemas actuales de oferta, está agotada.
Octavio Catalán Rueda es el jefe del Servicio Técnico de Rumiantes de INZAR S.L., empresa especializada en nutrición y sanidad de vacuno y porcino.

Corren malos tiempos para en el campo... La verdad es que corren malos tiempos para todo pero para el campo me parece que son particularmente malos. No me alarma, que sí preocupa, el presente, me alarma el futuro.

La Unión Europea, con la casi caduca PAC como instrumento, posiblemente en su ánimo de salvaguardar mercados y proteger la renta de los productores, creó un sistema de ayudas que influyó de una forma determinante en instaurar unos sectores poco competitivos para enfrentarse a un mercado que, nunca pensamos, iba a ser tan global.

El resultado es que, en la actualidad, todos los subsectores del sector primario que se han mantenido y han crecido basados en las ayudas comunitarias, son tremendamente débiles y, nos guste mucho o poco, carentes de rentabilidad en lo que a sus negocios se refiere.

Un sobrecrecimiento subvencionado
Me toca ocuparme de un subsector que entra dentro de este grupo, el del vacuno de carne. En su caso, España aprovechó de forma especulativa el sistema de subvenciones provenientes de Europa que, aunque en un principio tenía como finalidad compensar la renta de los ganaderos y más adelante fijar la población en el medio rural, siempre sirvió para crear un sector productivo sobredimensionado, un sector que producía más de lo que el mercado era capaz de consumir, y poco profesional en cuanto a la tecnificación y comercialización.

Mientras la ecuación funcionó, el progreso se manifestaba en crecimiento y prosperidad y la mecánica de la comercialización se ajustaba en pagar al productor exactamente el coste real de su producción dejando como beneficio las estimables ayudas que nos llegaban de Europa.

Para analizar el presente y en consecuencia el futuro es importante quedarnos con dos detalles del punto anterior: el primero es que el beneficio real del productor se ha basado en las anheladas primas comunitarias, el coste real se ha subestimado en función del sacrifico de la empresa familiar, porque no olvidemos que el sector productivo se asienta y se ha asentado en este tipo de estructura empresarial; y, en segundo lugar, la forma en que se ha dimensionado el crecimiento de la producción ha hecho que esté muy atomizada y, en consecuencia, con muy poco poder de comercialización.

Así el presente, enfrentado a las consecuencias de diversas crisis, nos muestra un sector productivo en descenso, las frías cifras nos hablan de una pérdida productiva en torno al diez por ciento, pero la realidad de la calle nos muestra que salvo tres tipos de estructuras productivas -las que unen su producción a una comercialización hasta los últimos eslabones de la cadena de valor, las que basan el cebo de terneros a la cría de la vaca nodriza y, por último, las que se engloban en grandes cooperativas agrarias y ganaderas-, el resto de los productores, que puede suponer el setenta por ciento, se están descapitalizando y, hoy en día, no tiene claro el futuro de sus empresas.

Los cebaderos de terneros son fábricas de producir carne, carne de vacuno que ha entrado, como el resto de los bienes de consumo, en un comercio global, ya no europeo sino mundial. Hasta hace poco, la oferta y la demanda nacional ajustaban el mercado de estos productos, hoy se sigue ajustando por la ley de la oferta y la demanda pero a nivel mundial, y en ese ajuste nuestro papel nacional es mucho menos significativo

¿Cuáles son las posibilidades para los veterinarios?
Mi opinión es que nuestro mercado seguirá demandando un producto local con una serie de características muy definidas, muchas de ellas ofertadas por nuestros productores como valor añadido y diferencial, pero esta demanda desgraciadamente será pequeña, posiblemente en torno al veinte por ciento. Y el resto, el ochenta por ciento de la demanda, se basará en una carne prioritariamente a precio, posiblemente proveniente de grandes productores mundiales con una menor presión en requerimientos productivos pero, no nos engañemos, con una capacidad de ofertar un producto de calidad. Así, pensemos en Brasil, Uruguay, Argentina, Estados Unidos, Australia o países de la antigua Europa del Este (posiblemente Rumania o Bulgaria).

Respecto al papel de los veterinarios en este complicado panorama, es indudable que la producción ha crecido con la tecnología, nutrición y sanidad fundamentalmente, aunque no gracias a ella. Hubiera sido importante haber involucrado la gestión productiva a ese desarrollo, pero torpemente desde el sector productor se pensó que no era importante para el crecimiento y, por necesidad, los veterinarios encontraron su papel en esta estructura. En la actualidad, este servicio ocupa a un número no muy alto de veterinarios pero si significativo para que preocupe su futuro.

Ligados desde las fábricas de pienso, desde las comerciales de medicamentos, de forma escasa desde asociaciones de defensa sanitaria (la administración debería cambiar su visión de los cebaderos de terneros) y, cada vez en más número, desde las propias empresas productoras, los profesionales han aportado las demandas técnicas del sector productivo, que desde el principio han estado basadas en servicios sanitarios y nutricionales.

Nos encontramos ante el final de un ciclo en el subsector del vacuno de carne, un final que abrirá las puertas al comienzo de otro demandando diferentes necesidades en los productores, en la distribución y, sin duda, en los servicios veterinarios.

El consumidor cambiará su escala de prioridades a la hora de condicionar sus opciones de compra, perderán activos conceptos como seguridad alimentaría (se da por hecho) que serán sustituidos por criterios medioambientales (carne producida en armonía al respeto del medio ambiente) o carne producida bajo condiciones de bienestar animal.

Adaptarse a las nuevas estructuras, innovar en los servicios e involucrarse con decisión en toda la cadena de valor nos puede permitir mantener una actividad que, desgraciadamente hoy con los esquemas actuales de oferta, está agotada.
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