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PV ALBEITAR 35/2014    
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El aceite de palma es una buena alternativa en la alimentación de rumiantes

Última actualización 18/07/2011@10:21:04 GMT+1
Factores como el aumento del precio de los cereales, las nuevas regulaciones europeas, las mejoras en la reproducción y el mayor interés de los consumidores en los beneficios de leches y carnes ricas en ácidos grasos esenciales, han impulsado la incorporación de las grasas a la dieta de los rumiantes.
Joaquim Baucells
Centre Veterinari Tona S.L Profesor Asociado Facultad Veterinaria de la UAB Imágenes Albéitar

En los últimos tiempos, y a tenor del aumento de precio de los cereales, las nuevas regulaciones europeas sobre las restricciones en el uso de algunos productos (ionóforos), utilizados como reguladores ruminales y muy útiles en las dietas ricas en cereales; las recientes investigaciones en relación a las mejoras en la esfera reproductiva; la longevidad de los animales con el uso de grasas en las dietas de los bovinos; y un aumento del interés de los consumidores en relación a los beneficios de leches y carnes ricas en ácidos grasos esenciales (AGE) en la salud humana, nos inducen a considerar, con mayor interés, el uso de grasas en la alimentación de los rumiantes.
Las grasas que se utilizan en las raciones de los rumiantes son mayoritariamente saturadas (manteca o palma) o protegidas (jabones cálcicos o grasas hidrogenadas), mientras que los aceites con alto contenido en ácidos grasos poliinsaturados (AGP), como el aceite de soja, girasol o lino, se restringen para dietas más técnicas, atendiendo a que éstos últimos pueden tener una mayor incidencia sobre la flora ruminal, la digestión de los alimentos, el consumo y el perfil de la grasa láctea.

La grasa en la alimentación de los rumiantes
Las grasas, aunque apenas las asociemos a la alimentación habitual de los rumiantes, son parte esencial de la composición nutritiva de su dieta, sea cual sea el régimen alimentario dominante. La mayoría de los forrajes y concentrados utilizados en la alimentación de los bovinos contienen porcentajes significativos de lípidos en su composición. La inclusión de alimentos con altos contenidos en grasa (semilla entera de algodón, DDG, habas de soja integral, harina de palmaste, etc.) o la complementación con grasas alimentarias (inertes en el rumen o no) de las raciones de los bovinos, han sido práctica habitual desde hace décadas y en las explotaciones que consideramos de alta producción (tabla 1) son un buen recurso alimentario al aumento de las necesidades nutritivas de éste tipo de animales.
Si bien, el uso de grasas en alimentación de rumiantes se ha circunscrito históricamente en el ámbito la fabricación de piensos, no es menos cierto que ha tenido firmes partidarios en su empleo en la propia granja, incorporándolo directamente en las raciones completas mezcladas (TMR).
La sensibilización, especialmente en la Unión Europea (UE) a raíz de la encefalopatía espongiforme bovina, en relación al empleo de grasas animales en la alimentación de bovinos redujo el interés y el uso de dichas fuentes energéticas, especialmente las de origen animal, a favor de la incorporación de grasas vegetales protegidas o no. Un ejemplo explícito sería la prohibición del empleo de grasas animales en explotaciones incluidas en programas de carne de calidad.


La reducción de costes de la ración, los aportes nutritivos intrínsecos a las grasas, la salud de los animales (reproducción, longevidad, síndrome de acidosis ruminal aguda –SARA-) y la demanda de productos funcionales para cubrir las necesidades de consumo de alimentos saludables son argumentos de interés para pensar, cada día más, en ello.

El aceite de palma
El aceite de palma (AP) es el producto obtenido del mesocarpio (parte externa carnosa del fruto) de la palma tropical africana (Elaeis guineensis). La palma, originaria de África, fue introducida en América por los colonizadores y en épocas más recientes (1917) se introdujo en Asia, donde países como Malasia o Indonesia se han convertido en los mayores productores mundiales (tabla 2). El AP se sitúa en segundo lugar de la producción mundial de aceites, después del de soja. Su uso principal se concentra en la alimentación humana, como base para freír o aliñar, y como aditivo añadido en la fabricación de helados, margarinas, etc., seguido de la alimentación animal en dietas para aves, porcino y rumiantes, y también tiene importancia en la industria cosmética en la elaboración de jabones.





El AP es una grasa sólida a temperatura ambiente, con un punto de fusión de 33-39 ºC, caracterizada por un alto contenido en ácidos grasos saturados (43-54% de palmítico), monoinsaturados (32-42% de oleico) y, en menor medida, de poliinsaturados (8-13% linoleico) (tabla 3). No debe confundirse el aceite de palma (AP) con el aceite de palmiste. El aceite de palmiste se obtiene del endosperma de la almendra y se caracteriza por un alto contenido en ácidos grasos saturados de cadena muy corta (60% entre láurico y mirístico).


La incorporación del AP en las raciones de vacas lecheras depende principalmente del retorno del dinero invertido.

¿Por qué incorporar AP a las raciones de rumiantes?
A continuación se contemplan algunas de las razones por las que se debe considerar la incorporación de AP en las raciones para rumiantes:
1. Si nos atenemos a la documentación y experiencias más recientes, el uso racional de aceite de palma en las raciones de vacuno no interfiere en la funcionalidad ruminal, ni repercute negativamente en la digestibilidad de la fibra ni en la reducción del porcentaje de grasa en leche, ya que se trata de alimentos con un perfil en el que predominan las grasas saturadas sobre las insaturadas.
2. El elevado valor energético del AP (tabla 3), su precio (ver gráfica) y la relación calidad/precio lo hacen, hoy en día, una alternativa relevante (tabla 4).
3. Incluir AP en las raciones de los rumiantes es una alternativa accesible y económica para diseñar dietas de alta densidad energética. De no ser así, requeriríamos alimentos con altos contenidos en almidones y azúcares que favorecerían el SARA.
4. Muchas investigaciones indican con relevancia que la inclusión de AP a niveles adecuados repercute muy positivamente sobre la producción de leche (Mosley y otros, 2007) (tabla 5).
5. Se refieren efectos positivos en un aumento del porcentaje de materia grasa en leche (de 0,2 a 0,3 puntos porcentuales), la adición de lípidos aumenta la disponibilidad de éstos en sangre, que son los responsables de un 40-50 % de los precursores de la grasa láctea (Hutjens, 1998).
6. No se han observado efectos adversos ni sobre el consumo ni en la reducción de proteína verdadera en la leche (tabla 5).
7. El AP es un producto muy estable por su bajo nivel de insaturados así como el elevado contenido en antioxidantes (vitamina E), que garantiza una buena estabilidad a la oxidación e incrementa su valía como ingrediente en las raciones.
8. Los aportes vitamínicos del AP a tenor de su alto contenido en tocoferoles y la abundancia de carotenos en su composición.
9. Múltiples citas bibliográficas (Stamples Charles R., 2007), indican que la complementación con una cantidad suficiente de lípidos en la dieta en el posparto mejora significativamente la fertilidad y las pérdidas embrionarias.







Consideraciones para el uso racional de AP
Antes de incorporar el AP a las raciones de rumiantes hay que considerar ciertos aspectos:
1. Precisan, como en cualquier cambio alimentario, un periodo de transición (10-15 días).
2. Sistematizar, al igual que con el resto de materias primas, un control de calidad basado en su composición y conservación.
3. El AP es una grasa sólida a temperatura ambiente, por lo que es necesario disponer de unas instalaciones técnicas mínimas para facilitar una mezcla homogénea del producto.
4. En las raciones de vacuno lechero se recomienda adicionar 2-3% de AP/kg MSI (0,5 a 0,7 kg/vaca/día).
5. Como recomendación genérica, el total de lípidos en la dieta no deberían exceder del 6-7% de MG/kg MSI aportados con un perfil lo más similar a 1/3 grasas de forrajes y cereales, 1/3 semillas oleaginosas, aceites o grasas no inertes, 1/3 grasas protegidas. Sobrepasar estas recomendaciones podría inducir disbiosis ruminal, reducir la digestión de la fibra o deprimir la producción de grasa en leche.
6. La inclusión significativa de grasas en raciones de rumiantes puede requerir de algunas correcciones en la confección de los patrones matrices de trabajo:

Entre otras, una de las causas para incorporar las grasas en la alimentación de los rumiantes es el aumento del precio de los cereales.
  • Incrementar entre 1 y 2 puntos los niveles de fibra neutro detergente (FND) y ácido detergente (FAD).
  • Asegurar un nivel mínimo de calcio de 0,9 % MSI.
  • Aumentar los niveles de magnesio a 0,35-0,30 % MSI.
  • Suplementar con proteína no degradable [1 Mcal/ENl (3 % de grasa adicional) incrementar 72 g].
    7. La incorporación del AP en las raciones de vacas lecheras depende principalmente del retorno del dinero invertido. Para ello debemos considerar simultáneamente la optimización a mínimo coste y cuantificar los beneficios adicionales (aumento de producción, mejoras en la calidad y reproducción, etc.) en el uso de AP.

    Bibliografía disponible en www.albeitar.grupoasis.com/bibliografias/aceitepalma130.doc
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