Entre el 10 y el 33% de los rebaños de cerdos de todo el mundo se ven afectados
Por
Belén González Gracia
Última actualización 01/10/2010@08:22:24 GMT+1
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| (Foto: Scx.hu) |
Una mayor resistencia de Brachyspira hyodysenteriae a muchos antibióticos hace de la prevención la mejor estrategia para luchar frente a la disentería porcina. Las medidas higiénicas, junto con las nutricionales, deberían prevenir la diseminación de la enfermedad.
La disentería porcina es una enfermedad intestinal bacteriana causada por la espiroqueta anaeróbica Brachyspira hyodysenteriae.
Desde la prohibición de uso de los promotores de crecimiento antibacterianos, esta enfermedad ha ido emergiendo en las explotaciones porcinas. Las graves pérdidas económicas asociadas con esta enfermedad son un claro exponente de la importancia de prevenir la contaminación de las granjas. Además, el incremento en la resistencia de estas bacterias a antibióticos que inicialmente eran activos hace que sea necesario buscar la manera de prevenir la infección.
Brachyspira hyodysenteriae puede entrar en las explotaciones de tres maneras. Primero, por el contacto con cerdos infectados que pueden excretar el patógeno hasta 90 días después del inicio de los síntomas. Desgraciadamente, es muy habitual la contaminación por medio del suministro de lechones o reproductores infectados. Ya que la bacteria es tolerante al oxígeno, puede permanecer viva hasta dos meses en los purines. Los vehículos, las ropas, los zapatos y el equipamiento, así como los purines, pueden ser una fuente constante de recontaminación. Finalmente, los roedores son un reservorio de la bacteria. En ratones, el periodo de excreción puede durar hasta más de seis meses. También animales como los perros, pájaros o insectos pueden servir de vectores para la transferencia y expansión de la enfermedad.
Esta enfermedad se ve sobre todo en cerdos de cebo y de acabado. Los lechones lactantes apenas muestran síntomas porque tienen un colon poco desarrollado.
Aunque se sabe poco sobre la prevalencia real, las encuestas sugieren que entre el 10 y el 33% de los rebaños de cerdos por todo el mundo se ven afectados por la disentería. En Europa, este número es probablemente mayor debido a la prohibición de uso de promotores de crecimiento antimicrobianos. La disentería porcina es una enfermedad asociada con medicación en pienso continua, mortalidad de hasta un 30%, morbilidad de hasta un 90% y disminución del crecimiento y menor índice de conversión.
Hace un tiempo, había muchos antibióticos activos frente a la disentería porcina. Desafortunadamente, la bacteria se ha vuelto resistente a algunos de ellos. Recientemente, han aparecido más resistencias a los que quedaban. Debido a esta rápida emergencia de resistencia antibiótica y la regulación cada vez más estricta existente en la industria, el uso de antibióticos no es la mejor opción.
Por ello, una explotación porcina moderna debe implementar un gran número de medidas de higiene externas e internas. Los alojamientos deben limpiarse y desinfectarse de manera estricta debido a la posibilidad de expansión de la infección por parte de los cerdos y de los purines. Brachyspira prefiere un ambiente húmedo y es muy importante secar después de la desinfección para asegurar la eliminación de las bacterias.
Es también, fundamental, disponer de naves de cuarentena para limpiar y desinfectar los alojamientos tras la salida de un grupo de cerdos. Cuando entran animales en la granja es adecuado asegurar que están libres de estos patógenos por medio del examen de sus heces. Finalmente, es también importante limpiar, desinfectar y secar los vehículos, ropas, zapatos, etc., y un control de ratas, insectos, etc.
Además de estas medidas de higiene preventivas, también se pueden aplicar medidas nutricionales para reducir la colonización de B. hyodysenteriae en el colon. Materias primas de buena calidad, como fuentes de proteína apropiadas y cereales digestibles son beneficiosos para el cerdo en su batalla frente a la disentería. Así mismo, una buena elección de fibras es muy importante.