Por
Julián Castro Marrero
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jcastro45hotmailcom/9/9/17
Última actualización 03/05/2011@09:37:20 GMT+1
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| Julián Castro. |
La economía pecuaria dirigida a la seguridad alimentaria, el autoabastecimiento y la exportación, en este último caso con una participación en el mercado internacional que aporte a las naciones equilibrio en su balanza comercial, demanda de una sanidad animal solida para incrementar y mantener la producción y productividad del subsector.
Un crecimiento sostenido del rebaño y niveles de productividad en consonancia con los indicadores internacionales, deben ir aparejados con la presencia permanente de un manejo que asegure la eficiencia reproductiva y programas sanitarios continuos, que estén acordes con los sistemas productivos existentes.
El control de las importaciones y exportaciones pecuarias que hacen al mercado internacional, siguen la orientación del código sanitario de animales terrestres de la OIE (Organización Mundial de Sanidad Animal), las normas existentes en el marco de los mercados comunes a que pertenezcan los países comprometidos y/o a acuerdos bilaterales.
De esta forma, se establece un protocolo sanitario donde se señalan estudios epidemiológicos de las áreas de origen y destino, aislamientos, cuarentenas, vacunaciones, tratamientos, pruebas diagnósticas en los animales y procesos de manejo y fabricación a que serán sometidos los productos y subproductos de origen animal para minimizar los riesgos sanitarios. Además, en ese esquema se contemplan mecanismos de seguimiento y evaluación post-importación a ejecutarse en destino.
Tanto para cumplir con el propósito de productividad como para formar parte del comercio pecuario internacional, hay que seguir y cumplir pautas de sanidad animal bien definidas, y que éstas puedan y sean certificadas por el organismo oficial responsable por la sanidad animal del país de origen.
El organismo oficial ejerce una función de policía sanitaria, estableciendo normas, reglamentos y decretos que dan un marco jurídico de acción, y orientan técnicamente a los profesionales y productores. A su vez, debe velar por el cumplimiento de la legislación y certificar sanitariamente las actividades que envuelve.
La policía sanitaria debe tener participación social
La policía sanitaria debe ser hecha con un importante componente de participación social. Para que no sea coercitiva y/o represiva, hay que lograr niveles de educación sanitaria que permitan conocer las normas, su justificación técnica, ventajas y desventajas de su adopción.
Así como, cada vez que sean elaboradas o modificadas las reglas, incorporar en su elaboración a representantes de los gremios de productores, de profesionales del agro y facultades correspondientes, para recibir sus aportes técnicos y gerenciales y sugerencias del cómo hacer. En este último punto, para disponer de un mayor conocimiento del medio donde se pondrán en práctica las normativas.
Para lograr ese tipo de participación hay que crear espacios de actuación donde la sociedad ponga en práctica sus iniciativas y capacidades de gestión, coopere en el diseño de estrategias y tácticas para instrumentar los programas sanitarios que se demanden e incorpore su conocimiento instrumental en la ejecución de tareas de prevención y control o de minimización de riesgos.
Es necesaria la presencia en los citados espacios de concertación, dado que existen en las entidades gubernamentales y los diferentes componentes de la cadena productiva pecuaria intereses comunes y no comunes, de tal manera de establecer relaciones más fluidas y con resultados concertados útiles para las partes.
La participación de la universidad en conjunto con los gremios industriales y ganaderos e instituciones del gobierno agrícola en la concepción, instrumentación y evaluación de la política de sanidad animal y sus estrategias redunda en un grado importante de compromiso con su ejecución, en el enriquecimiento de su contenido técnico-científico, en una base política sólida de apoyo y en un proceso continuo de retroalimentación para el seguimiento de su instrumentación.
Hay que superar las reacciones de usuarios y prestadores de servicio que están enmarcadas en acuerdos-desacuerdos, satisfacción-disgusto y/o aprobación-descalificación para construir consensos, gerenciar conflictos y construir propósitos. Estas posiciones deben dar como resultado eficiencia en el uso de recursos y la utilización de capacidades y talentos y una mejor coordinación de la política sanitaria.
Si la sociedad participa, las políticas de salud animal tienen una base sólida
La participación social amerita sacrificios políticos y de algunos intereses particulares, preservando la ética. La ética en el comportamiento de los participantes, representantes del sector público y privado, constituye un ingrediente fundamental para dar estimulo al incremento de la incorporación de los actores sociales y, sobre todo, para conseguir la permanencia de los ya incorporados. Así, se posibilitan escenarios que propician la continuidad administrativa de las políticas sanitarias a través de diferentes administraciones, propias de cambios políticos gubernamentales.
El conocimiento científico está disponible en los sectores público y privado: es cuestión de utilizar las mejores actitudes críticas y constructivas para establecer una modalidad de relacionarse que permita la integración con una sociedad cuya alma económica asuma el Sistema de Producción Pecuario con un enfoque sistémico, de juego de variables. Una de ellas es la sanidad animal, que recibe la atención necesaria para que coadyuve en el incremento de la productividad, sin ser una carga ni motivo de acciones punitivas.
El desafío está en asumir la puesta en práctica de la política sanitaria como un proceso con un componente educativo de gran peso específico, que una vez instaurado queda como una cultura sanitaria interna, y de gran utilidad para crear condiciones de exportación. Ejemplos se pueden observar en mayor o menor medida en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay.