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Retos presentes y futuros del bienestar del vacuno lechero

Al sector le esperan varios cambios a los que enfrentarse

jueves 14 de diciembre de 2017, 10:39h
Retos presentes y futuros del bienestar del vacuno lechero

Este artículo trata los tres retos relacionados con el bienestar animal: la reducción del uso de antibióticos, la obtención de información fiable sobre el estado de los animales de forma rápida y automática, y la comunicación con un consumidor cada vez más alejado de la producción animal.

(Foto: Vinai Suwanidcharoen/shutterstock.com)
(Foto: Vinai Suwanidcharoen/shutterstock.com)

Aida Xercavins, Aránzazu Varvaró, Antoni Dalmau, Emma Fàbrega y Antonio Velarde
Bienestar Animal
IRTA. Girona

Actualmente el sector del vacuno lechero tiene por delante numerosos cambios y retos a los que enfrentarse. El bienestar animal está ligado a ellos y se enmarcan dentro del concepto de producción sostenible, que tiene que permitir hacer frente a la inestabilidad y competitividad del mercado. Del mismo modo, está intrínsecamente unido a la producción y a la calidad de los productos y por lo general va de la mano de cualquier otra práctica ganadera, ya que cambios que ayudan a mejorar el bienestar animal, también mejoran la productividad y rentabilidad de la granja. Por ejemplo, y sin ir más lejos, el estrés térmico puede reducir en un 30-50 % la producción lechera. De esta reducción, en torno al 35 % se produce por una disminución en la toma de alimento del animal, pero el restante 65 % es el resultado de la propia respuesta de estrés del animal (frecuencia respiratoria y cardiaca elevada, mayor nivel de alerta, etc.). Es bien sabido que las medidas que aumentan el bienestar de los animales también mejoran su productividad. Sin embargo, llegado a cierto punto los costes económicos invertidos para la mejora del bienestar pueden no compensarse con el aumento de producción o calidad, y no ser rentables. Esto depende de lo caro que sea aplicar estas medidas y cómo sea el incremento en producción o en calidad que se deriva a cambio. En esta situación es necesario que aparezca un tercer actor que dé valor y pague por esas mejoras, y que no sea ni el animal ni el ganadero. Para que eso ocurra, la comunicación con el consumidor es clave.

Así pues, en el presente artículo se van a tratar tres retos relacionados con el bienestar animal. El primer bloque va a centrarse en un horizonte en el que se hace un menor uso de antibióticos. Para llegar a este punto es fundamental tener unos animales (o un ganado) fuertes y preparados, y el bienestar animal (como sinónimo de fortaleza inmunitaria) va a ser una herramienta básica para conseguirlo. El segundo bloque va a constar sobre cómo se puede obtener información fiable del estado de nuestros animales de forma rápida y automática, y cómo esta puede servir para reaccionar con la mayor premura posible. Este apartado está centrado en las nuevas tecnologías que deben permitir ser más eficientes. Finalmente, el tercer bloque trata sobre un desafío fundamental de futuro, que es la comunicación con un consumidor cada vez más alejado de la producción animal.

Reducción del uso de antibióticos

Reducir el uso de antibióticos en la ganadería es una de las grandes preocupaciones actuales, especialmente en España, que según la Agencia Europea del Medicamento es el país con mayor consumo de antibióticos para uso animal. Sabemos que los antibióticos son necesarios, pues intervienen en la prevención, el control y el tratamiento de las enfermedades y, por tanto, en la conservación de la salud de los animales. Está claro que un antibiótico a tiempo y en la dosificación adecuada es una herramienta útil para afrontar ciertas enfermedades y favorece un mejor estado de salud y de bienestar del rebaño en su conjunto. Luchar específicamente contra las enfermedades y prevenirlas es un punto clave para mejorar el bienestar de los animales a lo largo de su vida productiva. En el caso del bovino lechero, las mastitis y las cojeras son las enfermedades que, por su gran prevalencia y afectación, tienen más importancia y requieren mayor atención. Se estima que la mastitis es la enfermedad que mayores pérdidas económicas produce en los rebaños lecheros de los países desarrollados, y la mayoría de los antibióticos que se administran se destinan a su prevención o tratamiento.

No obstante, el sobreuso que se ha hecho a lo largo de los años tiene que racionalizarse. La aparición de resistencias es un problema grave, tanto para la salud de los animales (dado que las bacterias serán inmunes a los antibióticos utilizados) como por la problemática de las resistencias cruzadas con los utilizados en medicina humana. Pero el objetivo de reducir el uso de antibióticos requiere, por un lado, actuar sobre el animal directamente y, por el otro, sobre su entorno. No podemos reducir el uso de antibióticos si no reducimos la necesidad de los animales a recibirlos. Así, los animales tienen que ser más robustos inmunitariamente, y esto se puede conseguir mediante su nutrición, aplicando vacunas y reduciendo los factores que les puedan provocar estrés crónico (alojamiento, manejo, etc.). La importancia del bienestar animal recae principalmente en este último punto.

En primer lugar, la respuesta al estrés supone un coste energético que tiene que asumir el animal. Así, el sistema inmunitario por un lado sufre las consecuencias de la falta de energía disponible (que en el animal estresado se destina a un mayor estado de alerta, aumento del ritmo respiratorio, actividad muscular y ritmo cardiaco); y, por otro lado, el propio mecanismo de la respuesta de estrés desvía energía del sistema inmunitario en una gestión más eficiente de los pocos recursos del organismo. De este modo si el estrés es crónico, se acaba produciendo cierto grado de inmunodepresión, lo que hace que el animal sea más vulnerable a enfermedades oportunistas.

En el vacuno lechero, el momento que en mayor medida puede contribuir a reducir el uso de antibióticos es el momento del secado, donde de forma rutinaria se están administrando sistemáticamente antibióticos a todos los animales. De hecho, incluso las directrices de la Comisión Europea (2015/C 299/4) para una utilización prudente de los antimicrobianos en la medicina veterinaria mencionan que se debe evitar el tratamiento sistemático de las vacas en el secado, y establecer medidas de higiene exhaustiva y estrategias de buenas prácticas y gestión agrícolas para reducir al mínimo el desarrollo y la difusión de la mastitis.

El secado selectivo de animales se plantea como alternativa a la aplicación sistemática de antibióticos, tratando solo a los animales en riesgo. Ciertamente, no en todas las granjas es viable aplicar un secado selectivo. Los requisitos incluyen que la granja tenga un recuento de células somáticas (RCS) en tanque inferior a 250.000 células, mantenido a lo largo del año. También hay que disponer de datos fiables (control lechero u otros sistemas de RCS) para la selección de aquellas vacas infectadas y que van a requerir tratamiento; registro de las mastitis clínicas; y ausencia de patógenos contagiosos como Streptococcus agalactieae o Streptococcus aureus. En general, el esquema de decisión para el tratamiento selectivo es el que puede observarse en la figura 1: animales con RCS de menos de 200.000 células y sin mastitis clínica en los últimos 90 días antes del secado, serán los ideales para no aplicar antibióticos y solo aplicar un sellador interno o bien no aplicar nada.

Nuevas tecnologías

Otro de los grandes desafíos a los que se encara actualmente el sector es la creciente tecnificación de la producción ganadera y el manejo de grandes volúmenes de información. En las últimas décadas la producción láctea europea ha incrementado significativamente en tamaño y productividad. Cada vez existen granjas más grandes, modernas y automatizadas, donde la capacidad de supervisar o interactuar con las vacas directamente es menor, y el análisis y la toma de decisiones recaen cada vez en mayor medida en la información que se obtiene de los sensores instalados en la granja. Las nuevas tecnologías pueden ayudar a minimizar pérdidas de producción de leche, prevenir enfermedades, reducir costes y mano de obra e incrementar la productividad de la granja. Para ello, es esencial que en las ganaderías las decisiones se tomen de una forma objetiva y basándose en datos fiables y correctamente analizados, y que puedan compararse entre granjas para establecer umbrales de referencia. Las nuevas tecnologías y sensores son herramientas muy útiles en este sentido, pues permiten implantar sistemas de recogida de datos sistemáticos y precisos, almacenar la información y analizarla posteriormente. Además, las vacas son animales que responden positivamente a las rutinas y procesos estandarizados, y agradecen la ausencia de cambios en su manejo diario. La automatización y el uso de nuevas tecnologías son una gran oportunidad para optimizar el bienestar animal.

La monitorización automática 24 h al día los siete días a la semana permite comprender e identificar cambios de comportamiento de los animales o actividades anormales lo más pronto posible. Los cambios en el comportamiento son indicadores válidos de salud y de problemas de bienestar, por lo que se utilizan como un sistema de detección temprana de problemas en la granja. Por ejemplo, la actividad de las vacas aumenta significativamente cuando están en celo, pero cuando están enfermas (p. ej. con fiebre, fiebre de la leche o cojeras) su actividad disminuye claramente, o su comportamiento alimentario cambia (p. ej. cuando hay un desplazamiento de abomaso o en el caso de neumonía en novillas).

Es en este contexto donde hay que enmarcar el proyecto 4D4F (“Data Driven Dairy Decisions for Farmers”), que pretende ayudar a compartir información y buenas prácticas en el uso de sensores y tecnologías en la producción lechera. La web del proyecto (http://www.4d4f.eu/) sirve como plataforma para compartir información entre todos los participantes (ganaderos, veterinarios, asesores, industria, investigadores...). Se divide en los 12 grupos temáticos que se pueden ver en la figura 2. El objetivo es compartir información, experiencias, bibliografía, guías de buenas prácticas y procedimientos normalizados de trabajo de un modo interactivo y multidimensional. De este modo, al final lo que se pretende es facilitar el flujo de información entre investigación y práctica, apoyar la innovación y el asesoramiento. Así se crea un espacio donde encontrar tanto los conocimientos científicos como los prácticos existentes para mejorar la toma de decisiones en las ganaderías.

Comunicación al consumidor

Los consumidores muestran cada vez más interés por el respeto y cuidado de los animales destinados a la producción de alimentos. El bienestar animal es uno de los parámetros más destacados por el consumidor, tal como nos muestran los resultados del último eurobarómetro (2016), donde el 84 % de los consumidores considera que deberían mejorar los sistemas de bienestar en los animales de granja. España, de hecho, es uno de los países en los que más se reclama obtener información sobre las condiciones de cría de los animales de producción. Esta preocupación del consumidor por el bienestar animal, obliga no solo a cumplir con la normativa y optimizar el estado de bienestar de los animales, sino también a documentar el grado de bienestar en todas las fases del ciclo productivo. Por este motivo, en los últimos años ha habido un aumento en la demanda de sistemas fiables de evaluación y seguimiento del bienestar animal, así como etiquetajes facultativos que aseguren que el origen de los productos tiene en cuenta este tipo de aspectos.

De esta necesidad surgió el certificado de conformidad (Aenor Conform) en materia de bienestar animal, desarrollado por la Asociación Española de Normalización y Certificación (Aenor) conjuntamente con el Institut de Recerca i Tecnologia Agroalimentàries (IRTA). El certificado está basado en el esquema impulsado por el proyecto de investigación europeo Welfare Quality, que tras cinco años de investigación desarrolló una metodología estandarizada integrada para la evaluación del bienestar animal en vacuno, porcino y aves.

Este nuevo modelo de certificación evalúa, además de las instalaciones, diferentes parámetros de los animales, basados en cuatro principios: buena alimentación, buen alojamiento, buena salud y comportamiento apropiado (estado emocional y relación humano-animal positiva entre otros). Para obtener el certificado, se combinan más de 20 medidas que son las que se integran para obtener una puntuación final para cada explotación (de 0 a 100 puntos). Una vez evaluada una muestra significativa de granjas, se complementa la certificación con una auditoría de trazabilidad del producto, lo que garantiza que procede de las granjas evaluadas favorablemente. Solo después de todo este proceso, se puede obtener la marca Aenor Conform de Bienestar Animal en los envases que llegan al consumidor. Todo esto permite darle un valor añadido al producto final basado en un esquema de evaluación público, consultable y construido en función de los planteamientos científicos de investigadores de diversos países europeos.

Esta certificación sirve de ejemplo de cómo la industria está actuando proactivamente con relación al bienestar animal y de cómo esto puede comunicarse a los consumidores. En un entorno social donde los consumidores están cada vez más desvinculados de la producción ganadera, el riesgo a la desinformación (y desconfianza) aumenta, y se evidencia la necesidad y responsabilidad de comunicarse con la población. Los grandes distribuidores tienen aquí un gran papel a la hora de impulsar este tipo de estándares, ya que requieren que sus proveedores los cumplan y determinan el rango de productos que los consumidores pueden escoger en sus lineales. Los esquemas de certificación pueden generar la confianza de que se cumplen ciertos estándares y a través de su alcance en todo el sector, tienen la oportunidad de impulsar continuamente estándares más altos de bienestar. Son el vehículo perfecto para asegurar que la producción ganadera esté inmersa en un proceso de mejora continua, rentable y valorada.

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