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Mycoplasma synoviae en broilers y ponedoras

Mycoplasma synoviae en broilers y ponedoras

Puede suponer pérdidas económicas en la cadena de valor de la carne y de los huevos

jueves 14 de junio de 2018, 08:15h

Aunque en el contexto de la avicultura a escala industrial Mycoplasma synoviae produce afecciones crónicas de baja mortalidad y signos clínicos leves, su principal característica es la de afectar a los parámetros zootécnicos.

Raúl Cerdá
Facultad de Ciencias Veterinarias Universidad Nacional de La Plata (Argentina)
Director técnico global para avicultura ECO Animal Health (Reino Unido)

Mycoplasma synoviae (Ms) es la especie patógena de los micoplasmas de las aves de mayor prevalencia en las granjas avícolas productoras de broilers y gallinas de postura comercial en el mundo. Su presentación clínica más frecuente está dada por una afección crónica del tracto respiratorio superior conocida como enfermedad respiratoria crónica (ERC), en la cual también se encuentra involucrado Mycoplasma gallisepticum (Mg), especie de mayor virulencia pero de menor prevalencia en la actualidad. En un bajo porcentaje y dependiendo de la virulencia y tropismo de las cepas, Ms puede hacerse sistémico y alcanzar las articulaciones produciendo sinovitis infecciosa (SI), enfermedad de pollos y pavos que afecta a las membranas sinoviales de las articulaciones y cubiertas tendinosas, ocasionando sinovitis exudativa, tenosinovitis y bursitis. Los signos clínicos en pollos con estas presentaciones no son patognomónicos y consisten en rales respiratorios, decaimiento general, deshidratación, emaciación y principalmente retardo del crecimiento y desuniformidad de los lotes. En la forma septicémica pueden aparecer trastornos locomotores debido a la inflamación de las articulaciones, y las más afectadas son las plantares, las tibiotarsianas y las bolsas esternales. Otros signos que hay que observar son palidez de cresta y diarrea verdosa con presencia de uratos. En parvadas con sinovitis clínica la morbilidad no suele superar el 10 %, aunque dependiendo de las cepas involucradas puede incrementarse hasta un 70-80 %.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, las infecciones por Ms tienen una presentación subclínica en pollos, limitándose a una afección de las vías aéreas superiores sin manifestación de los signos anteriormente descritos, abarcando con frecuencia la totalidad de las aves que se encuentran confinadas. La mortalidad, en cambio, es muy baja (alrededor del 1 %) aunque puede incrementarse y llegar al 10 % cuando se presentan infecciones con patógenos secundarios (virus de Newcastle y bronquitis infecciosa, y bacterias gramnegativas, principalmente E. coli) o cuando los niveles de estrés son altos (debido a alta densidad animal, concentraciones elevadas de amoniaco, polvo, temperaturas muy altas o muy bajas, etc.). Al igual que en otras especies de micoplasmas, se ha observado algún grado de acción inmunodepresora de Ms lo cual explicaría el incremento en virulencia de los agentes secundarios como así también las reacciones serológicas posvacunales pobres en aves infectadas a edad temprana.

Implicaciones en la producción

En el contexto de la avicultura a escala industrial, si bien, y como se detalló, Ms produce afecciones crónicas de baja mortalidad y signos clínicos leves, su principal característica es la de afectar a los parámetros zootécnicos. En este sentido, Ms ha sido relacionado con pérdidas económicas tanto en la cadena de valor de la carne avícola como de huevos para consumo, pudiendo afectar a la fertilidad, la viabilidad embrionaria y la producción y calidad de huevos en gallinas reproductoras y de postura comercial. Se han observado pérdidas de hasta el 18 % en la producción de huevos fértiles en reproductoras pesadas infectadas. En los últimos años se ha documentado en varios países la aparición de un síndrome ocasionado por determinadas cepas de Ms y caracterizado por huevos anormales con delgadez de la cáscara en el ápice conocido como “Anormalidad del Ápice del Huevo” (AAE). Esta afección se ve tanto en reproductoras como en gallinas de postura comercial y parece agravarse ante la coinfección con cepas de virus de bronquitis infecciosa pudiendo llegar al 25 % de huevos afectados. Teniendo en cuenta la alta relación de estos microorganismos con factores estresantes, debería ponerse especial atención en las medidas de manejo (densidades, ventilación, temperatura, humedad, higiene, etc.).

En pollos de engorde, ya sea en sus presentaciones clínicas, como en los cuadros subclínicos, Ms se asocia a pérdidas de ganancia diaria de peso, aumento de los índices de conversión alimenticia y de mortalidad, así como a decomisos de canales en matadero por aerosaculitis. Por otra parte, los brotes traen aparejados gastos en asesoramiento veterinario, diagnóstico, manejo diferencial de los animales afectados, tratamiento de las infecciones bacterianas secundarias, etc., que convierten a esta enfermedad en una de las mayores preocupaciones del sector. A pesar de lo expuesto, existen pocos estudios que cuantifiquen el impacto real en los parámetros productivos de pollos criados en el sistema de producción intensivo actual y cuya genética maximiza la producción de tejido muscular a expensas de un detrimento en la rusticidad y capacidad de adaptación al medio ambiente.

En pollos de engorde, Ms se asocia a pérdidas de ganancia diaria de peso, aumento de los índices de conversión alimenticia y de mortalidad, así como a decomisos de canales en matadero por aerosaculitis.

Consideraciones para el diagnóstico

Teniendo en cuenta la poca especificidad de los signos clínicos y lesiones anatomopatológicas causadas por este agente, las pruebas de laboratorio desempeñan un rol preponderante en su detección. En tal sentido, el diagnóstico de la micoplasmosis en pollos de engorde puede ser directo (aislamiento o detección por PCR del microorganismo) e indirecto (diagnóstico serológico).

Si bien el aislamiento y tipificación del microorganismo es el método diagnóstico de mayor valor (gold standard), ya que más allá de su especificidad permite la obtención y conservación de cepas para estudios posteriores de alta importancia práctica (tipificación de cepas para estudios epidemiológicos, análisis de factores de virulencia y de sensibilidad antibiótica, entre otros), es el menos empleado debido a su baja sensibilidad, complejidad metodológica, alto costo de los medios de cultivo y el tiempo requerido para el desarrollo de micoplasmas en los mismos (2 a 3 semanas). Por dichos motivos, y teniendo en cuenta su alta sensibilidad y especificidad, el empleo de la prueba de PCR ha ido en aumento, aunque principalmente para la confirmación de infecciones en planteles de aves de alto valor comercial (abuelas y reproductoras) debido todavía a su elevado coste. Por tal motivo, el diagnóstico más utilizado en broilers y ponedoras es el serológico. La prueba de seroaglutinación rápida en placa (SAR) y el enzimoinmunoensayo (ELISA) son las más empleadas por su rapidez de realización y coste. La técnica de ELISA es en la actualidad la más utilizada debido a la mejora de la sensibilidad y especificidad de los distintos kits comerciales disponibles, y a la disminución de su coste. Es una prueba relativamente rápida que además permite evaluar la respuesta a vacunas y el paso de inmunidad materna.

Es importante resaltar aquí que la detección de Ms en pollos de engorde presenta las siguientes dificultades:

  • Poca sensibilidad de la metodología utilizada para el diagnóstico directo (aislamiento o PCR) en pollitos de un día por la baja tasa de transmisión vertical, ya sea por el pasaje irregular en goteo característico de este agente o por el uso de antibióticos en las reproductoras.
  • Presencia de anticuerpos maternales en los pollitos de un día o uso de antibióticos de amplio espectro contra otras enfermedades que disminuyen la viabilidad del microorganismo para su aislamiento.
  • Acortamiento de la edad de sacrificio debido a los avances en genética y nutrición disminuyendo la probabilidad de detectar un lote infectado mediante pruebas serológicas por falta del tiempo mínimo necesario para la seroconversión de las aves.
En la actualidad, la técnica de ELISA es la más utilizada para el diagnóstico debido a la mejora de la sensibilidad y especificidad de los distintos kits comerciales disponibles, y a la disminución de su coste.

Estrategias de control

La principal medida de control de micoplasmas es la obtención y mantenimiento de lotes de aves libres mediante la aplicación de estrictas medidas de bioseguridad en todos los niveles de la producción. Teniendo en cuenta que esto no siempre es posible por las características epidemiológicas de estos agentes (transmisión vertical, alta diseminación horizontal, transmisión por aves silvestres y otros vectores, etc.), el empleo de vacunas y de antibióticos en programas metafilácticos son estrategias de control muy utilizadas en el mundo.

Actualmente las vacunas más utilizadas para el control de micoplasmas en gallinas ponedoras son las vivas (MS-H y más recientemente la MS1). Estas vacunas han demostrado conferir una protección mayor que las bacterinas o vacunas muertas ya que colonizan la mucosa respiratoria alta generando cierta inmunidad local. Su principal ventaja es la de reducir el uso de antibióticos y mejorar los índices productivos y la calidad de los huevos. Sin embargo, deben tenerse en cuenta ciertas consideraciones en su uso:

  • Deben aplicarse en aves libres de micoplasmas, lo cual es muy difícil de confirmar por la baja sensibilidad de todas las técnicas de detección a la edad de aplicación (4-6 semanas de vida).
  • Se requiere un lapso de tiempo prolongado sin desafíos de campo que permita a las cepas vacunales colonizar y generar inmunidad a nivel local (mucosa traqueal).
  • No confieren protección cruzada para Mg, por lo que se deben aplicar ambas vacunas.
  • Son sensibles a un gran número de antibióticos que no podrían ser usados frente a otras infecciones bacterianas.
  • Existen fallos de eficacia frecuentes por pérdidas de concentración celular por mal almacenamiento o descongelado inapropiado, o por errores en la aplicación.
  • La protección disminuye generalmente hacia la mitad del ciclo productivo (45-50 semanas de vida).

Teniendo en cuenta estas consideraciones, y a pesar de la creciente tendencia global hacia la reducción del uso de antibióticos en producción animal intensiva, la principal estrategia de control de micoplasmas en la mayoría de los países de alta producción avícola continúa basándose en programas metafilácticos con antimicrobianos antimicoplásmicos aplicados en forma de pulsos mensuales en el alimento en el agua de bebida. Se entiende por metafilaxia una forma de aplicación que implica el control de variables clínicas en grupos de animales. La misma abarca el tratamiento simultáneo de aves enfermas y sanas en estrecho contacto o con alto riesgo (por ejemplo cuando hay infección por micoplasmas in ovo por existir la enfermedad en los progenitores) con el fin de evitar un brote de enfermedad o reducir el desarrollo de signos clínicos y la mortalidad (EMA, 2006; FAO, 2004).

Los antibióticos de mayor acción contra micoplasmas son los pertenecientes al grupo de los macrólidos (tilosina, tilmicosina y tilvalosina) y al de las pleuromutilinas (tiamulina y valnemulina). Estos antimicoplásmicos, en especial la tilvalosina y la tiamulina, poseen en la actualidad los valores más bajos de CIM (concentraciones inhibitorias mínimas), en la mayoría de las regiones productivas a nivel mundial frente a cepas de Ms. No obstante, la tiamulina presenta el inconveniente de su toxicidad al asociarse con ionóforos lo cual imposibilita su uso en broilers, y su mala palatabilidad lo cual disminuye el consumo de alimento en gallinas ponedoras con la consiguiente disminución en la producción de huevos.

Consideraciones finales

Es importante destacar que estos dos tipos de aves poseen en general medidas de bioseguridad débiles y se localizan comúnmente en zonas de alta producción, y las granjas de postura presentan el agravante de utilizar un sistema de producción de edades múltiples (algunas granjas de broilers también lo poseen) y fundamentalmente mucho más tiempo en granja respecto a los broilers. Estas características productivas aumentan considerablemente la posibilidad de contaminación y permanencia en granja de Ms. Dicho esto, la pregunta es: ¿es indispensable para una buena producción avícola mantener las granjas libres de Ms? Mi opinión es que no necesariamente, puesto que hay numerosas granjas positivas a Ms que no aplican vacunas ni antibióticos y sin embargo la producción es óptima. ¿Y cómo es posible entonces? Simplemente por dos razones, o las cepas presentes son de muy baja virulencia o el manejo, la higiene y la bioseguridad de la granja son muy buenas. Por lo tanto es posible tener micoplasma y no tener micoplasmosis. En mi opinión, tanto el uso de vacunas contra Ms como el uso de antibióticos en forma metafiláctica no son indefectiblemente necesarios. Solo se irán haciendo necesarios cuanto menor sea el aislamiento de la granja, mayor el desafío (por mala bioseguridad), peor el manejo del estrés (bienestar animal), menor control de otros agentes bacterianos y virales (lesión de mucosa respiratoria-inmunosupresión), peor nutrición, etc.

Por lo tanto es fundamental conocer la realidad de cada granja, realizar monitorizaciones serológicas de rutina para establecer el mejor plan vacunal contra otros agentes y determinar la presencia de Ms lo más temprano posible. Si se tienen en cuenta todas estas premisas, será entonces muy posible lograr buenos índices productivos sin necesidad de vacunar ni usar programas metafilácticos o, a lo sumo, solo se requerirán un par de tratamientos en los periodos de mayor estrés como son el inicio de puesta y el pico de postura en las ponedoras o en los primeros días de vida o la cuarta semana de vida en los broilers.

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