albeitar.portalveterinaria.com

Las vacunas pueden ser una de las claves contra la resistencia bacteriana

Son uno de los métodos más eficaces para controlar enfermedades infecciosas

jueves 26 de julio de 2018, 09:03h

En la actualidad la estrategia de medicina preventiva debe dirigirse a la utilización de vacunas para el control de enfermedades infecciosas y minimizar a lo estrictamente imprescindible la utilización de fármacos de modo profiláctico.

La inmunidad puede ser innata o adquirida.
La inmunidad puede ser innata o adquirida.

Lorenzo Fraile
Profesor Agregado UdL

El objetivo fundamental en producción animal es disponer de proteína de alta calidad que, además, sea completamente segura para el consumidor. Para alcanzar este objetivo, se debe disponer de animales con la genética adecuada, alojados en buenas instalaciones, alimentados con piensos adecuados a su especie y edad y que no padezcan ninguna enfermedad en el momento del sacrificio. Es evidente que los animales pueden padecer enfermedades a lo largo de todo su ciclo productivo, las cuales pueden originarse por diversas causas, aunque destacan por su frecuencia e importancia aquellas causadas por bacterias, virus y parásitos. Para disminuir el impacto negativo que puedan producir, se aplican medidas de medicina preventiva. En concreto, la medicina preventiva es la rama de la veterinaria que estudia la prevención de las enfermedades y el mantenimiento de la salud y de las producciones animales al mejor nivel de rentabilidad. El conjunto de medidas que se aplicará puede ser de tipo sanitario o médico (figura 1).

Las medidas médicas intentan controlar las enfermedades mediante acciones sobre los animales cuyo fin es tratarlos frente a la enfermedad que padecen, evitar que esta aparezca o disminuir el impacto negativo que pueda tener sobre ellos (figura 1). Así, se pueden establecer sobre los animales medidas médicas terapéuticas, metafilácticas o profilácticas:

  • Las medidas terapéuticas consisten en curar al animal que está enfermo. En la figura 1 se correspondería con el uso de antimicrobianos o antiparasitarios para curar una enfermedad de etiología bacteriana o parasitaria, respectivamente. Curar al animal enfermo es una obligación ineludible por parte del veterinario.
  • Las medidas metafilácticas consisten en aplicar medidas médicas a toda una población de animales donde solo un porcentaje manifiesta los síntomas de la enfermedad. Esta decisión se toma porque se considera que hay un riesgo muy elevado de que enfermen muchos animales de la población si se alcanza una determinada prevalencia de la enfermedad. En la figura 1 se correspondería con la administración de antimicrobianos o antiparasitarios a toda una población de animales (por ejemplo, una granja), pero solo un porcentaje de ellos padecen la enfermedad. Aquí el punto crítico es decidir a partir de qué porcentaje de animales enfermos se realiza terapéutica o metafilaxia.
  • Las medidas profilácticas tratan de evitar la aparición de una enfermedad en la población. Por tanto, cuando se instauran, no hay presencia de animales enfermos. Tal y como se detalla en la figura 1, se puede basar en suministrar fármacos a los animales o intentar que adquieran inmunidad frente a la enfermedad que se quiera prevenir. La administración de fármacos con fines profilácticos es un tema muy controvertido, sobre todo si se utilizan antimicrobianos, por lo que deben evitarse siempre que sea posible dado que incrementan significativamente la probabilidad de generar resistencias antimicrobianas. Hay estudios científicos que demuestran la asociación entre un mayor consumo de antimicrobianos y una mayor probabilidad de generar resistencias antimicrobianas. En consecuencia, cada vez es más evidente que potenciar la adquisición de una potente inmunidad debe ser el pilar básico sobre el que se asiente la profilaxia de enfermedades bacterianas (y víricas) en las poblaciones animales.

La inmunidad puede ser innata o adquirida. La inmunidad innata no tiene memoria ni está dirigida a patógenos concretos, a diferencia de la adquirida. Esta última (figura 2) se puede obtener de forma natural o artificial. En el primer caso, se puede lograr a través de la transferencia de inmunidad pasiva de la madre al hijo o por el hecho de haber padecido y superado la enfermedad. Por su parte, la inmunidad adquirida de forma artificial puede ser pasiva o activa. La inmunización artificial pasiva implica la administración de anticuerpos, por ejemplo, para evitar la aparición de una enfermedad muy grave, como el tétanos. No obstante, en animales de producción esta aproximación es muy poco frecuente, al contrario que la que persigue la generación de inmunidad artificial activa mediante la administración de vacunas.

La vacunación es uno de los métodos más eficaces para controlar las enfermedades infecciosas tanto en humanos como en animales. No cabe duda de que la erradicación de la viruela humana en el mundo, así como de la peste porcina clásica y la enfermedad de Aujeszky en varios países, no habrían sido posibles sin el empleo sistemático de vacunas.

Métodos de inmunización artificial activa

Los métodos de inmunización artificial activa se basan en la aplicación de antígenos a un individuo para desarrollar una respuesta inmunitaria. Además, la revacunación implica generar una respuesta inmunitaria secundaria mucho más potente que la primaria, tal como se refleja en la figura 3. La desventaja de esta aproximación es que no se confiere una protección inmediata tras la vacunación, ya que se requiere un tiempo para generar una respuesta inmunitaria eficaz. Desafortunadamente, una elevada inmunogenicidad y la ausencia de efectos adversos son incompatibles entre sí. Por esta razón, cualquier vacuna supone un compromiso entre ambas características. Desde el punto de vista antigénico, la vacuna puede contener organismos vivos que presentan capacidad de replicación u organismos no vivos (inactivados) o componentes de estos que no tienen capacidad de replicación.

Una de las características que definen a la inmunidad específica en contraposición a la inmunidad innata es la capacidad de recordar infecciones pasadas. Este fenómeno se conoce como memoria inmunitaria y es el que permite que un individuo inmunizado frente a un agente infeccioso sea resistente a las reinfecciones. Se fundamenta en el desarrollo de una respuesta más rápida y más intensa en encuentros posteriores con el mismo antígeno. Este concepto es básico para el desarrollo de vacunas.

A pesar de que existen muchas posibilidades tecnológicas, las vacunas disponibles con mayor frecuencia en la especie porcina son vacunas inactivadas (víricas y bacterianas), vacunas vivas (sobre todo víricas y alguna bacteriana) y vacunas de subunidades de microorganismos (toxoides o fracciones de un microorganismo que generan una respuesta inmunitaria protectora). Cualquier vacuna está compuesta por un antígeno o una combinación de antígenos y otros componentes, entre los que destacan los adyuvantes, que son sustancias que influyen principalmente en la respuesta a la vacunación y pueden potenciar o modificar la respuesta al inmunógeno (por ejemplo, inducir inmunidad celular frente a un patógeno inactivado). De esta forma, pueden reducir la cantidad de antígeno utilizado o el número de dosis a administrar, y pueden resultar esenciales en la inducción de memoria a largo plazo para los antígenos solubles.

Aplicación práctica de vacunas

Las vacunas existentes para muchas enfermedades evitan la aparición de signos clínicos, pero no previenen la infección. A pesar de esta clara limitación, las vacunas disminuyen la morbilidad y la letalidad de muchas enfermedades, ya que disminuyen la probabilidad de transmisión del patógeno dentro de la población y el impacto sobre la salud a nivel individual, al reducir la carga del patógeno en diversos tejidos. Por tanto, el efecto de la vacunación a nivel poblacional es muy positivo para controlar una enfermedad.

Por otra parte, las vacunas también pueden tener consecuencias negativas, como accidentes o incidentes tras su administración, su coste y, sin duda, la posible interferencia entre la vacunación y las pruebas diagnósticas rutinarias Desafortunadamente, la aplicación de algunas vacunas no permite distinguir, en muchas ocasiones, los animales vacunados de los infectados. Debería ser un objetivo a cumplir por parte de las vacunas el hecho de poder diferenciar la respuesta serológica obtenida tras la vacunación de la infección natural. Esta propiedad se cumple para una minoría de vacunas disponibles (vacunas DIVA), pero no para la inmensa mayoría de las vacunas disponibles en el mercado. Un último aspecto negativo a mencionar sería la diseminación del microorganismo vacunal en la población, si este es atenuado.

En la especie porcina las vacunas comerciales más habituales se administran por vía intramuscular.

En el prospecto de cada vacuna se detalla la dosis a aplicar y la ruta por la que se debe administrar. Las vacunas comerciales más habituales se administran por vía intramuscular en la especie porcina, pero hay vacunas que se pueden administrar por vía oral, intranasal e intradérmica. La administración intramuscular requiere la utilización de agujas limpias y afiladas para causar lesiones mínimas en el punto de inoculación. Merece la pena destacar especialmente la administración intradérmica, que tiene la ventaja de disminuir enormemente las posibilidades de transmisión iatrogénica de enfermedades, al utilizar dispositivos de administración sin aguja. La administración intramuscular y la intradérmica generan una buena inmunidad sistémica pero, dependiendo de la enfermedad, puede ser mucho más interesante generar una buena inmunidad de las mucosas. En estos casos, la vía de administración más idónea es la vía oral o intranasal, para generar una buena inmunidad en la mucosa digestiva y respiratoria, respectivamente. Por último, las vacunas se diseñan para administrarse a una determinada dosis que no debe ajustarse nunca al tamaño del animal, ya que las vacunas no se diseñan para tener en cuenta el peso del individuo como factor corrector. En consecuencia, la cantidad de antígeno presente es la necesaria para desencadenar una buena respuesta inmunitaria, y cualquier reducción puede conllevar la generación de una respuesta inmunitaria insuficiente. Desde un punto de vista práctico, puede ser necesario generar una respuesta inmunitaria adaptativa frente a varios patógenos que pueden infectar al animal en un periodo de tiempo muy corto o porque interesa minimizar el manejo de los animales a la hora de administrar las vacunas. En este caso, es muy recomendable utilizar vacunas diseñadas para contener múltiples antígenos en su composición, ya que si se mezclan varios antígenos en una mezcla no adecuada (antígenos más adyuvante) puede que no se genere una buena respuesta frente a uno o varios antígenos. Históricamente, se ha cuestionado si el uso de vacunas que contienen múltiples antígenos puede generar una respuesta inmunitaria insuficiente o incrementar la probabilidad de generar reacciones adversas. La evidencia científica revela que estas dos sospechas no son ciertas.

Tras la administración de una vacuna, se espera que todos los animales respondan de forma homogénea y que, por tanto, tengan un nivel de protección similar. Hay varias causas por las que un individuo puede no responder del modo en el que se espera a una vacuna. Evidentemente, lo primero que hay que descartar es su incorrecta administración, ya sea porque la vía no es la adecuada, porque el microorganismo vivo modificado no era viable o porque el animal tenía anticuerpos de origen maternal frente a esta enfermedad. Para evitar este último punto como causa de fallo vacunal, es imprescindible revisar el prospecto de cada vacuna. En él se detalla si existe esta interferencia con la inmunidad materna y a partir de qué semana de edad del cerdo esta interferencia ya no es significativa. Si no hubiera información al respecto (hecho muy poco probable) o si se utilizaran autovacunas en una explotación, podría ser muy útil la utilización de seroperfiles para decidir cuál es el momento de vacunación más idóneo en los lechones, como se detalla en la figura 4. Por otra parte, puede existir un fallo vacunal a pesar de que la administración de la vacuna haya sido correcta. En este caso, puede que el animal responda a la vacuna, pero que estuviera previamente infectado, o que el antígeno que se ha introducido con la vacuna no confiera protección cruzada frente al patógeno presente en el campo. Otra causa de fallo vacunal, a pesar de realizar una administración correcta, es que el animal no responda debido a que sufra inmunodepresión por otras causas (coinfecciones o estrés) o que exista una variabilidad biológica en la respuesta a las vacunas en la población.

En resumen, la respuesta inmunitaria en una población siempre sigue una distribución normal. Es decir, hay un porcentaje de animales que generan una respuesta inmunitaria muy pobre y, por tanto, estarán muy poco protegidos frente al patógeno, otros que generan una respuesta inmunitaria muy buena y que estarán extraordinariamente protegidos y, finalmente, la inmensa mayoría de individuos generarán una respuesta inmunitaria adecuada y se encontrarán protegidos.

Conclusiones
En la actualidad la estrategia de medicina preventiva debe dirigirse a la utilización de vacunas para el control de enfermedades infecciosas y minimizar a lo estrictamente imprescindible la utilización de fármacos (sobre todo antimicrobianos) de modo profiláctico. Es evidente que la utilización de antimicrobianos de modo preventivo implica un elevado consumo de estas moléculas y un riesgo muy alto de generación de resistencias antimicrobianas en la población.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)
Compartir en Google Bookmarks Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Albéitar Portal Veterinaria

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.