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Estrategias no nutricionales para la reducción del uso de antibióticos

Vacunas, bioseguridad y actitud son las más relevantes

jueves 09 de agosto de 2018, 08:58h

Los informes, recomendaciones y planes de acción más recientes enfatizan en la necesidad de combinar estrategias nutricionales y no nutricionales para la reducción del uso de antibióticos en las granjas.

Estrategias no nutricionales para la reducción del uso de antibióticos

Edgar Garcia Manzanilla
Pig Development Department
Teagasc–Irish Agriculture and Food Development Authority (Irlanda)

Durante las últimas dos décadas la expresión “alternativas a los antibióticos” ha estado asociada sobre todo al uso de estrategias nutricionales para minimizar las perdidas productivas esperables tras la retirada de antibióticos del pienso, inicialmente los antibióticos promotores de crecimiento y posteriormente los profilácticos. Estas alternativas incluyen aditivos, ingredientes y cambios en la composición nutricional del pienso (reducción de la proteína). Es cierto que, hasta cierto punto, el uso de estas alternativas nutricionales ha permitido la reducción del uso de antibióticos. Sin embargo, su efectividad es limitada comparada con la de los antibióticos, sobre todo cuando el manejo de los animales o las instalaciones no son los adecuados. Los antibióticos muchas veces se usan con animales mantenidos en condiciones subóptimas para conseguir niveles de producción mayores a los que se conseguirían sin ellos. En estos casos, las condiciones de producción podrían mejorarse con cambios en el manejo y en las instalaciones. Probablemente el coste sería mayor a corto plazo que el coste asociado al uso de antibióticos, pero sin duda se obtendrían mejores resultados a la larga. En diferentes estudios se ha asociado un mayor uso de antibióticos, bien sea en más tiempo, más fases o más formas, con peores rendimientos productivos (figura 1). Una vez establecidos un buen manejo e instalaciones adecuadas, las estrategias nutricionales seguirán siendo de gran ayuda para la prevención de problemas sin riesgos de crear resistencias como en el caso de los antibióticos. Por ejemplo, el uso de probióticos puede ayudar a mantener una microbiota más estable en la granja evitando problemas esporádicos de disbiosis.

Agostini y col. (2014).

En los últimos tres años ha habido un aumento en la presión para reducir drásticamente el uso de antibióticos en piensos animales. Diferentes organismos europeos (EFSA, EMA, EC) e internacionales (WHO, OIE) han emitido nuevos informes, recomendaciones o planes de acción con este objetivo. Uno de los documentos más completos es el publicado por la EFSA y la EMA en colaboración (RONAFA). Estos documentos analizan las condiciones de producción actuales y listan una serie de recomendaciones encaminadas a reducir el uso de antibióticos. Estas recomendaciones no son más que alternativas no nutricionales al uso de antibióticos y, en general, se presentan como tres grandes grupos:

  • Mejoras en el uso de alternativas especificas, fundamentalmente vacunas.
  • Mejoras del manejo y bioseguridad de los animales.
  • Medidas de cambios de comportamientos y actitudes.

Mejora en el uso de las vacunas

La vacunación como medida para reducir el uso de antibióticos no es nueva. Sin embargo, además del desarrollo de nuevas vacunas, en muchos casos se necesita optimizar su uso en la granja. A menudo faltan controles regulares de la efectividad de las vacunas utilizadas en las granjas y revisiones de los protocolos. Hoy en día, muchas empresas fabricantes de vacunas ofrecen estos servicios de soporte y son una muy buena opción para obtener la máxima efectividad de las vacunas.

Existen numerosos puntos que deben comprobarse regularmente para asegurarse de que se realiza un uso correcto de las vacunas, desde el punto y método de administración hasta la conservación de las vacunas. Es relativamente fácil que las instrucciones de uso cambien al pasar de empleado a empleado si no existe formación más o menos regular. La presencia de instrucciones gráficas y claras en las paredes de la granja o en los espacios comunes puede ayudar a mantener los protocolos de manera correcta. Por otro lado, la vacunación realizada en combinación con otros tratamientos o en momentos de estrés para el animal también puede reducir la efectividad.

Manejo y bioseguridad

A pesar de las mejoras tecnológicas en las granjas, el manejo de los animales evoluciona relativamente despacio debido al alto coste de las reformas y el tiempo relativamente largo de vida de las granjas. Las instalaciones y las prácticas de manejo son en muchos casos las mismas que 15 años atrás. Sin embargo, los animales han incrementado su productividad de manera notable. Por ejemplo, hace 15 años nadie habría pensado en cerdas que produjesen 40 lechones al año. Esto es hoy en día una realidad, pero las parideras en que se crían estos lechones no han cambiado significativamente.

Con estas nuevas realidades surgen nuevos problemas. Siguiendo con el ejemplo de las cerdas con alta prolificidad, los lechones criados por estas cerdas son en muchos casos de menor tamaño, con más dificultad para desarrollar su sistema inmunitario y con mucha más variabilidad en sus crecimientos. Además, en este ejemplo no solo nos encontraremos con animales más sensibles sino que nos encontraremos con más animales. Esto conduce rápidamente a un problema de dimensionado de la granja. ¿Debemos reducir el número de cerdas? Esta es raramente la opción elegida. ¿Debemos construir nuevos alojamientos para lechones? Esto en muchos casos se hace pero no con la suficiente previsión y el manejo se ve afectado. Entonces aparecen problemas en los animales y el uso preventivo de antibióticos resulta de ayuda.

El uso continuo de antibióticos debería ser la voz de alarma para poner en marcha la revisión de los protocolos en granja. ¿Es el manejo de los animales correcto? ¿Está la granja bien dimensionada? ¿Somos capaces de controlar la transmisión de patógenos entre lotes? ¿Están los animales sometidos en algún caso a excesiva densidad? Existen diferentes metodologías que permiten revisar el manejo y la bioseguridad en las granjas, detectar los problemas y plantear los cambios más efectivos y baratos en cada caso. Un buen ejemplo es el protocolo Biocheck.UGent desarrollado por la universidad de Gante. En este protocolo el granjero completa una encuesta de bioseguridad que le otorga una puntuación. De inmediato puede saber cuál es su estatus de bioseguridad interna y externa absoluto y relativo a otras granjas similares. Tras esta evaluación inicial, se ofrecen al ganadero las opciones de mejora más efectivas y económicamente viables y este puede decidir qué medidas quiere implementar. Este protocolo se ha probado en seis países (Bélgica, Francia, Suecia, Alemania, Dinamarca e Irlanda) con buenos resultados en todos los casos. En Bélgica, donde fue diseñado, consiguió una reducción inicial del uso de antibióticos de más del 25 % sin perjuicio de la productividad, con lo que resultó en un mayor beneficio para el ganadero. Obviamente este proceso es lento y los primeros resultados no se observan hasta después de un par de años.

Una de las conclusiones generales comparando el estatus de bioseguridad de los diferentes países es que los niveles de bioseguridad interna son más bajos de lo esperado (figura 2). Dentro de las mejoras de manejo y bioseguridad que pueden proponerse al ganadero para mejorar la bioseguridad interna existen acciones muy baratas como protocolos de comprobación del todo dentro/todo fuera, protocolos de decisión en aspectos como manejo de animales enfermos o uso de códigos de colores para la zonificación de la granja. Además se pueden instaurar otras medidas para una reducción/racionalización del uso de antibióticos como controles regulares de la calidad del agua y de los protocolos de higiene, diagnósticos in situ de enfermedades o el uso de ganadería de precisión para predecir brotes de patología. Estos últimos resultan más caros y debe estudiarse su coste.

En la figura se observa cómo la bioseguridad interna es en general menor que la externa (Postma y col., 2016).

Comportamientos y actitudes

Un aspecto que hoy en día se considera clave, probablemente el más importante, para reducir el uso de antibióticos es el cambio de actitudes y comportamientos de veterinarios, ganaderos y personal de granja. Esta es un área de las ciencias sociales con el que el personal técnico puede no sentirse cómodo. Sin embargo, se necesita trabajar en estos aspectos de inmediato. Idealmente el ganadero debería considerar el antibiótico no como algo que le ayuda a ganar más dinero sino como una señal de alarma de que algo va mal en la granja. El objetivo debería ser deshacerse del antibiótico lo antes posible.

El primer paso para el cambio de actitudes es siempre disponer de datos sobre el uso de antibióticos, bien sean nacionales, como en el caso de Dinamarca y Holanda, o particulares para compañías, cooperativas u otros grupos de productores. La disponibilidad de datos permite mostrar la magnitud del problema en cada caso y establecer las medidas oportunas.

Pero no basta con que el ganadero sea consciente del problema sino que debe disponer de soluciones. Se necesita trabajar repetidamente en ejemplos de granjas con bajo uso. En muchos casos el ganadero y el personal solo conocen la realidad de su granja. El intercambio de conocimiento es determinante. La creación de grupos de discusión y medios de difusión personalizados son métodos muy útiles. No es raro que protocolos de manejo exactamente iguales resulten en prácticas en granja totalmente dispares. Un gran ejemplo es el uso del todo dentro/todo fuera. No es raro encontrar granjas donde las instalaciones se vacían entre lotes, se aplican las medidas de limpieza y desinfección, pero se devuelven algunos animales a la instalación debido a su menor tamaño. Es probable que la persona que realiza esta operación no sea consciente del riesgo que esto supone. Los conceptos de infección y contagio no son intuitivos y se necesita discutir ejemplos y sus consecuencias para asumirlos totalmente y adoptar medidas efectivas.

Finalmente, este cambio de actitudes no solo incluye a los ganaderos y al personal de granja. El veterinario puede estar acostumbrado a recetar antibióticos como solución a problemas patológicos sin plantearse si existen acciones en otras áreas que podrían ser igualmente útiles. Obviamente, estos comportamientos aparecen de manera involuntaria. La formación continuada es en estos casos necesaria para promover el cambio.

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