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Factores que favorecen el desarrollo de la resistencia a los antihelmínticos en el ganado ovino

Factores que favorecen el desarrollo de la resistencia a los antihelmínticos en el ganado ovino

Destacan la frecuencia y dosificación de los tratamientos

jueves 11 de octubre de 2018, 08:32h

La resistencia antihelmíntica es la capacidad de un parásito para sobrevivir a una dosis de fármaco que normalmente produciría la muerte de otros parásitos de la misma especie y fase.

Myriam Esteban-Ballesteros1,2, Francisco A. Rojo-Vázquez1,2
y María Martínez-Valladares1,2

1Departamento de Sanidad Animal. Facultad de Veterinaria de la Universidad de León
2Instituto de Ganadería de Montaña (CSIC-Universidad de León)
Imagen cedida por los autores

Los nematodos gastrointestinales (NGI) son los parásitos más frecuentes de los pequeños rumiantes en todo el mundo y suponen un grave problema para la ganadería ovina extensiva y semiextensiva. Una de las herramientas más importantes para combatir las infecciones por estos parásitos es la administración de antihelmínticos, que han sido utilizados con gran éxito en el pasado. Sin embargo, su uso frecuente y la subdosificación al aplicarlo a los animales han favorecido, entre otros factores, la aparición de las resistencias antihelmínticas. Los antihelmínticos más utilizados para el control de las tricostrongilidosis pertenecen a varias familias: lactonas macrocíclicas, bencimidazoles y probencimidazoles, y los imidazotiazoles.

Tras la introducción de un nuevo fármaco antihelmíntico en el mercado, la aparición de la resistencia a ese fármaco puede desarrollarse pocos años después su comercialización. El primer informe del desarrollo de la resistencia se publicó en 1957, cuando la fenotiacina mostró falta de eficacia frente a diferentes cepas de nematodos en ovejas (Drudge y Wyant, 1957). Desde entonces, la incidencia del desarrollo de la resistencia frente a diferentes antihelmínticos ha seguido aumentando a un ritmo constante a nivel mundial, describiéndose casos de resistencia en la mayoría de los países, incluso a todas las familias de fármacos comercializados.

¿Qué es la resistencia antihelmíntica?

La resistencia antihelmíntica se define generalmente como la capacidad de un parásito para sobrevivir a una dosis de fármaco que normalmente produciría la muerte de otros parásitos de la misma especie y fase (Kotze y Prichard, 2016). Es por ello que la resistencia se manifiesta como una reducción en la eficacia de un antihelmíntico en comparación con la eficacia alcanzada cuando el fármaco fue comercializado por primera vez. Se sabe que la resistencia tiene una base genética; es decir, dentro de una población parasitaria existen individuos resistentes por portar genes que les confieren resistencia y otros susceptibles que no los portan.

Según algunos autores, el desarrollo de la resistencia antihelmíntica está influenciado por factores genéticos y biológicos del parásito, y de manejo (Jabbar et al., 2006). Los factores genéticos se relacionan con la frecuencia de las poblaciones resistentes, mientras que los factores biológicos están relacionados con posibles cambios en el mecanismo de acción del parásito en el hospedador, según sea resistente o sensible. Sin embargo, el manejo es uno de los factores más importantes ya que dependen directamente del ganadero y son la base de los programas de control.

Los factores asociados con el manejo de una explotación pueden aumentar la presión de selección para que se desarrolle una resistencia o disminuirla. Se utilizan diferentes estrategias de manejo con el propósito de mantener baja la presión de selección de los parásitos resistentes, reduciendo la necesidad de administrar antihelmínticos y, en consecuencia, retrasar el desarrollo de la resistencia.

El refugio

En los últimos años, el concepto de refugio ha sido identificado como un principio fundamental en la gestión de la resistencia. El refugio se define como las poblaciones de parásitos que no están expuestas al tratamiento antihelmíntico, es decir, los parásitos que se encuentran en animales que estando infectados no se desparasitan y los que se encuentran en el medio ambiente (Kenyon et al., 2009). Por lo tanto, al no verse afectados por la administración del fármaco, no hay presión de selección sobre estas poblaciones de parásitos. Uno de los factores más importantes en el desarrollo de la resistencia es, por lo tanto, la contribución de los parásitos que sobreviven al tratamiento a la siguiente generación.

El refugio constituye un reservorio de genes susceptibles que pueden diluir el efecto de la presencia de parásitos resistentes; la falta de estos refugios susceptibles se ha sugerido como un factor importante en el desarrollo de la resistencia antihelmíntica (Sargison, 2011). Es por ello que a medida que aumenta la abundancia de la población de refugios, la tasa de desarrollo de la resistencia disminuye. Si la proporción de parásitos en el medio ambiente en el momento del tratamiento es elevada, se diluyen las poblaciones resistentes resultantes de la descendencia de los parásitos que sobreviven al tratamiento. Sin embargo, si la población de parásitos en los refugios es pequeña, entonces la descendencia de la población resistente constituirá una mayor proporción en la próxima generación (figura). Por eso, es importante saber cuándo hay que desparasitar a los animales ya que la población de parásitos en el medio ambiente dependerá de las condiciones climáticas. Por ejemplo, el hecho de pasar a los animales después del tratamiento a zonas áridas puede favorecer el desarrollo de resistencias, ya que debido a la desecación del medio se reduce el número de parásitos en el refugio, en este caso en el medio ambiente (Kenyon et al., 2009).

Frecuencia del tratamiento

La frecuencia de los tratamientos también es un factor muy importante asociado al desarrollo de la resistencia antihelmíntica. Un corto intervalo entre tratamientos puede dar como resultado una presión de selección muy intensa sobre los parásitos. Frecuencias de tratamiento altas favorecen la selección de parásitos resistentes, ya que los que sobreviven al tratamiento son capaces de reproducirse y con el tiempo aparece un aumento en la proporción de parásitos resistentes (Cabaret et al., 2009; Sargison, 2011).

Tratamientos selectivos
Con la finalidad de reducir la presión de selección se ha propuesto como estrategia la aplicación selectiva de antihelmínticos a determinados animales del rebaño. Esta práctica se basa en desparasitar solamente a los animales que tienen mayores cargas parasitarias (con un mayor nivel de huevos en heces o un título de anticuerpos frente a antígenos parasitarios) o bien que presenten algún signo clínico relacionado con la infección (anemia, adelgazamiento, diarrea) (Kenyon et al., 2009). Ya que el 80 % de los parásitos se encuentran solamente en el 20-30 % de los animales del rebaño, es decir, la mayoría de las ovejas poseen cargas parasitarias bajas, el tratamiento selectivo de solo unos pocos animales reduciría la contaminación de los pastos y, por lo tanto, el nivel de infección, a la vez que contribuiría a la dilución de las poblaciones resistentes (Gaba et al., 2010).

Dosificación inadecuada

Otro factor que puede predisponer a la resistencia es la incorrecta dosificación. La dosis a administrar a los animales depende del peso; sin embargo, el cálculo del peso con frecuencia se hace en función del peso promedio del rebaño, lo que da como resultado la administración de dosis incorrectas y subterapéuticas que no son efectivas para el tratamiento y que permiten la supervivencia de parásitos resistentes.

El pastoreo rotacional

Las estrategias integradas de control de parásitos que incluyen tratar y mover a los animales a un nuevo pasto pueden favorecer la aparición de resistencias, ya que la hierba se contaminará solo con parásitos resistentes. Por lo tanto, en caso de sospechar resistencia a los antihelmínticos en un rebaño, ha de evitarse el pastoreo rotacional, ya que puede favorecer el incremento de la proporción de genes resistentes en una población (Melo et al., 2009).

La ausencia de cuarentena

Hay que tener en cuenta que los animales que se adquieren de otras explotaciones pueden albergar también parásitos resistentes. Por ejemplo, el primer informe de resistencia antihelmíntica en España se describió después de la importación de cabras del Reino Unido (Requejo-Fernandez et al., 1997). Si los animales nuevos se introducen en un rebaño sin seguir los procedimientos de cuarentena adecuados y el tratamiento con un antihelmíntico, se está favoreciendo la presencia de poblaciones resistentes en el rebaño. Después de la desparasitación, los animales deben mantenerse en cuarentena durante al menos 48 horas, tiempo suficiente para asegurar que cualquier huevo viable sea eliminado y así evitar la contaminación del pasto. Sin embargo, en los rebaños en los que ya se ha desarrollado la resistencia antihelmíntica, y por lo tanto la proporción de parásitos resistentes es alta, el no tratar a los animales nuevos podría permitir la introducción de poblaciones susceptibles, que diluirían cualquier población resistente y en consecuencia mejoraría la eficacia del antihelmíntico. La utilización de esta estrategia dependerá del conocimiento del nivel de resistencia a determinados fármacos en las granjas de origen de los animales o de la imposición de un periodo de cuarentena mientras se determine el estado de resistencia de los animales introducidos.

Formulaciones de acción prolongada

Otro factor que afecta al desarrollo de la resistencia es el uso de formulaciones de acción prolongada. Estos fármacos retrasan la reinfección de los animales, ya que tienen una acción persistente en el tiempo, bien por tratarse de una característica del fármaco o debido a su vía de administración (Sutherland y Scott, 2009). Sin embargo, a medida que la concentración del fármaco disminuye lentamente en el animal hasta concentraciones subletales para los parásitos, los parásitos resistentes serán capaces de sobrevivir dentro del hospedador, mientras que los parásitos susceptibles habrán sido eliminados en las primeras fases de liberación del fármaco, acelerando así el desarrollo de la resistencia (Sutherland y Scott, 2009).

Bibliografía disponible en este enlace.

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