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Uso de insectos en la alimentación avícola

Son parte de la dieta natural de las aves de corral

jueves 20 de diciembre de 2018, 08:41h

Algunos autores sugieren que las larvas de insectos pueden sustituir de forma total o parcial otras fuentes de proteínas habitualmente incluidas en los piensos.

Carlos Garcés Narro1, María Dolores Soler Sanchis1 y Achille Schiavone2
1Departamento de Producción Animal. Facultad de Veterinaria. Universidad CEU Cardenal Herrera. Alfara del Patriarca, Valencia (España)
2Dipartimento de Scienze Veterinarie. Università di Torino. Grugliasco, Turín (Italia)

La combinación de las materias primas en piensos compuestos equilibrados en nutrientes es fundamental para la obtención de rendimientos óptimos en la avicultura, ya sean animales destinados a la producción de carne o a la de huevos.

Aunque hay muchas materias primas capaces de suministrar los nutrientes necesarios para la alimentación avícola, en la práctica solamente se utiliza un número relativamente pequeño de estas. Así, por ejemplo, el uso del maíz y la soja están universalmente extendidos como fuentes de energía y proteína respectivamente. A estos ingredientes principales de la dieta se les añaden siempre otras materias primas o componentes, aunque en menores proporciones, que servirán para ajustar tanto los niveles de aminoácidos como los de otros nutrientes esenciales.

Por diversos motivos, en algunas zonas geográficas resulta de interés la utilización de trigo o cebada en sustitución del maíz. El uso de este ingrediente es posible gracias a la existencia de enzimas exógenas que pueden hidrolizar algunos polisacáridos no amiláceos mejorando la digestibilidad de estos componentes y, sobre todo, disminuyendo la viscosidad de la ingesta.

No obstante, el uso masivo de estos ingredientes mayoritarios tiene el inconveniente de la dependencia de estas materias primas, con el consiguiente problema de la variación en los precios debido a la oferta y la demanda.

La soja

El extendidísimo uso de la soja o su harina en la alimentación animal se ha debido, en parte, a las restricciones de utilización de proteínas de origen animal. Sin embargo, uno de los problemas que aparece frecuentemente en la alimentación de los pollos en las primeras fases de su crianza es la moderada digestibilidad de las proteínas procedentes de la soja (proteínas de origen vegetal), unido a la presencia de ciertos principios antinutricionales propios de este tipo de semillas (Ghazi et al., 2002). Así, estos problemas de digestibilidad de los piensos con alto contenido en harina de soja hacen que llegue una cierta cantidad de proteína no digerida al intestino delgado que es un perfecto sustrato para las bacterias proteolíticas, con su consiguiente proliferación. Como consecuencia de ello, se produce un incremento del pH intestinal y una disminución del oxígeno luminal, lo que permite el desarrollo de bacterias anaerobias como Clostridium perfringens tipo A, que se caracteriza por provocar enteritis necrótica (Moran, 2014). La proliferación de clostridios se ha relacionado de forma habitual con la presencia de coccidios, que aparecen como oportunistas, causando daño en la mucosa intestinal (Van Immerseel et al., 2004; Stanley et al., 2014; Wu et al., 2014) y, por consiguiente, originan problemas productivos como retraso en el crecimiento, peor índice de conversión e incluso mortalidad elevada (Williams et al., 2009; Kumar et al., 2014).

Proteínas de origen animal

Hasta la fecha, la restricción en el uso de harinas de carne y sus derivados en gran parte de los países del mundo ha implicado la utilización casi exclusiva de harinas de pescado, hidrolizados de proteínas animales o subproductos lácteos como fuentes de proteínas de origen animal. Sin embargo, las harinas de pescado siempre tienen el inconveniente de contener algunas sustancias que dan olor o sabor a la carne o los huevos, además de los problemas de derivados de la sostenibilidad de una actividad como la pesca. Por otra parte, los hidrolizados de proteínas y los subproductos lácteos tienen precios muy elevados que limitan la posibilidad de su utilización.

Figura 1. Mosca soldado negra.

Así pues, con estas premisas, la investigación en otras fuentes de proteínas de fácil digestión y de precios asequibles es crucial en la alimentación avícola.

Los insectos

Algunos autores sugieren que el uso de larvas de insectos como sustitución total o parcial de las otras fuentes de proteínas habitualmente incluidas en los piensos puede mejorar la digestibilidad de las mismas (Fasakin et al., 2003; Ogunji et al., 2008; Van Huis et al., 2013).

Los insectos son parte de la dieta natural de las aves de corral y los animales que viven en ambientes que les permiten escarbar, consumen una gran variedad de estos invertebrados como saltamontes, grillos, termitas, pulgones, cochinillas, escarabajos, orugas, crisálidas, moscas, pulgas, abejas, avispas y hormigas. Los insectos son ricos en proteínas, con contenidos que varían entre el 40 % y el 75 % (Elwert et al., 2010; Ravindran, 2011). Y no solo eso, en general, la mayoría de los insectos comestibles son una buena fuente de aminoácidos, ácidos grasos, minerales y vitaminas del grupo B (Finke, 2002). En aquellos lugares en los que se utilizan insectos como parte de la dieta de las aves de corral, frecuentemente, estos se recolectan en los alrededores de la propia granja, cubriendo una parte de las necesidades de las aves o siendo, simplemente, un aporte extra de nutrientes. No obstante, todavía no existe una producción de insectos a gran escala que pueda hacer posible un abastecimiento continuado y en cantidades suficientes para la industria tanto intensiva como alternativa y que, por lo tanto, permitiese su uso como un alimento habitual en las granjas de aves.

Figura 2. Larvas de la mosca soldado negra.

Dípteros

Entre los insectos, muchas especies de diferentes órdenes pueden tener interés para su utilización en la alimentación animal. Así, los dípteros o moscas descomponedoras son los que presentan perspectivas más prometedoras debido a su plasticidad para desarrollarse sobre diferentes medios orgánicos, sus ciclos de vida y tasas de desarrollo extremadamente rápidas y debido a la posibilidad de dar valor a sustratos de muy bajo o nulo valor comercial (FAO, 2013; Pastor et al., 2015). Así, por ejemplo, se ha visto que ciertas especies podrían ser capaces de convertir residuos orgánicos en biomasa larvaria apta para ser utilizada en alimentación animal. De esta manera, un uso eficiente de los dípteros podría cerrar el ciclo productivo de manera sostenible (Veldkamp et al., 2012). En concreto, la mosca soldado negra, Hermetia illucens (figura 1), tiene especial relevancia porque es capaz de desarrollarse en cualquier tipo de residuo orgánico de origen animal o vegetal, su índice de conversión es mejor que el de otras especies y cada larva puede alcanzar un peso de 0,5-0,8 g (Sheppard et al. 2002; Popa y Green, 2012) (figura 2).

Coleópteros

También las larvas del coleóptero Tenebrio molitor, conocido como gusano de la harina (figura 3), tienen un gran interés en la nutrición de las aves, ya que presentan un rápido crecimiento y son fáciles de producir. Se ha comprobado que cuando se utilizan en la dieta de pollos de carne se consiguen buenos rendimientos productivos sin alterar la composición de la canal en pollos de carne (De Marco et al., 2015; Biasato et al., 2018). En la tabla 1 se expone la composición de dos harinas de insectos comparadas con dos de los principales concentrados proteicos utilizados en avicultura.

Figura 3. Larvas del gusano de la harina.

Ventajas de las larvas de insectos

Por una parte, los cambios debidos a la metamorfosis de las larvas de insectos hacen que la composición nutricional de estas sea variable en función del momento de su recolección. Además, se ha comprobado que existen diferencias de crecimiento según el sustrato utilizado como alimento de los insectos y cómo dicho sustrato puede condicionar la composición corporal de estos animales y, por lo tanto, los nutrientes que pueden aportar a las aves que los consuman. Esta característica permite que se pueda modificar tanto la composición de ácidos grasos de las larvas, como de aminoácidos en función del sustrato elegido y del momento de la recolección (Meneguz et al., 2018). En la tabla 2 se muestra el perfil de aminoácidos de dos tipos de harinas de insectos y en la tabla 3 el perfil de ácidos grasos de las harinas de insectos. En esta última tabla, la variabilidad del perfil de ácidos grasos de la harina de Hermetia illucens se debe a los diferentes sustratos utilizados.

Aunque se suele trabajar con larvas de insectos y, por lo tanto, su cuerpo no tiene todavía tanto contenido en quitina (en las fases adultas de los insectos la proporción de quitina sobre el total del insecto es muy elevada), un reciente trabajo de revisión llevado a cabo por Gasco et al. (2018) indica que este componente, la quitina y sus derivados, tiene un efecto estimulante sobre las células del sistema inmunitario de las aves, por lo que puede ser utilizado en cierta medida como prebiótico. Asimismo, la mencionada revisión de Gasco et al. (2018) indica también el efecto antimicrobiano de algunos péptidos presentes en la harina de insectos.

Otro efecto positivo de las larvas de insectos es su alto contenido en ácido láurico (Spranghers et al., 2017), que también presenta efectos antimicrobianos sobre la microbiota intestinal, sobre todo frente a bacterias grampositivas (Skrivanová et al., 2005). Estos efectos se aprecian, sobre todo, cuando el estado sanitario de los animales no es óptimo (Schiavone et al., 2018).

No obstante, todavía hay muchas restricciones al uso de harinas de invertebrados en la alimentación animal, especialmente por la producción misma de las harinas que, hasta la fecha, no se ha estandarizado y no ha alcanzado ni volúmenes de producción ni precios competitivos. Además, a fecha de hoy, en la Unión Europea solamente está permitido su uso en piscicultura.

Finalmente, es necesario añadir que, con la incorporación de este tipo de ingredientes en la dieta de las aves de corral, sería necesario recalcular y reajustar los aportes de nutrientes, pues pueden tener un efecto directo sobre los tiempos de tránsito por las distintas partes del tracto gastrointestinal, lo que conllevaría una modificación de la cantidad de pienso ingerida y, por lo tanto, de los aportes de nutrientes que ingerirá el ave.

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